Tennessee Williams en la Fuente del Negrito

De su paso por Barcelona, Tennessee Williams recuerda las vistas de las habitaciones del Hotel Cosmos a la Plaza del Teatro y las Ramblas, y la estatua que se erige en el cruce de la calle Bruc con la avenida Diagonal. En sus memorias relata la risa que se le escapó al contemplar aquella escultura de bronce. Leyó la placa a sus pies pero debió olvidar el nombre del escultor porque no lo cita en ninguna parte. "Eduard Alentorn, Tennessee."

Esta semana me cuesta mucho esfuerzo salir de casa, en parte por el calor que asciende en oleadas como una arcada por las calles desiertas del barrio de Gracia, en parte por el pánico que me produce el exterior después de estar escribiendo tras tantas horas. La realidad se presenta inconmensurable. Ayer por la tarde me quedé de pie en el portal del edificio, sin decidirme a salir, resguardado en la sombra, y por un tris que no doy media vuelta y regreso a casa pero me digo: "Afuera, a caminar un rato, que necesitas peinar las ideas un poco". Peinar las ideas, locas como quiriquis en danza sobre la testa.

Garlupeo una melodía improvisada para el poema Un, dos, tres, ¿quién corta la cuerda? y las sombras se aplanan derretidas por el calor acumulado durante el día. Urge una fuente. Me agacho para beber del caño de la Fuente del Negrito. Tiene otros nombres, como Tennessee, como yo. La Fuente de los Niños o la Fuente de la Palangana.

La gente de Gracia cuenta que la fuente homenajea a un músico negro que durante la fiesta mayor del barrio se colocaba en aquel cruce y con un piano de manubrio tocaba polcas y habaneras. Yo conozco otra versión, la de un matrimonio burgués que acogió a un niño negro como criado y la hija de la familia intentaba limpiarle la cara frotando con una esponja. Nunca lo consiguió.

Aquella niña todavía no conocía lo que era la moral. De eso se rió Tennessee, supongo. "La infancia es la edad feliz, inocente y desalmada", dijo James Matthew Barrie. Tennessee se reía, cómplice en secreto de la niña. Los niños no conocen la moral y los artistas tampoco: los artistas procuran olvidar que un día la conocieron. "¿Qué es ser escritor?", se preguntó Tennessee. "Yo diría que es ser libre", se respondió a sí mismo. "¿Qué es ser escritor?", me pregunto yo. "No saber si eres niño o artista."

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