Para Soñadora de causas perdidas

Soñadora,

el mismo día en que pensaste en la compañía y te decidiste a escribirnos, nosotros -los actores y yo- nos dirigíamos hacia el Teatro de las Aguas para ensayar. Era miércoles y el sol rabiaba. Al día siguiente se vería por primera vez una obra de Carlos Be en la capital: sería ACHICORIAS. Estábamos nerviosos y excitados, y comentábamos qué tipo de gente vendría a vernos y enseguida nos pusimos de acuerdo en que con la sola presencia entre el público de una mujer como tú podíamos sentirnos satisfechos. ¿Sería en ese preciso instante -recuerdo que Ester caminaba en el medio, entre Fran y yo, y girábamos la esquina de la calle Embajadores hacia Cascorro-, sería entonces, decía, que por tú pensar en nosotros, pensamos en ti? ¿O que por pensar nosotros en ti, pensaras tú en nosotros? Tal vez sucediera al unísono. Por qué no. Quién sabe. ¿Por qué me acuerdo tan bien de ese preciso instante?

He tardado en responderte porque, como la vez anterior, me has dejado mudo. No tengo nada que decir. Aplaudo con los ojos cerrados, en silencio, tus palabras.

A mí tampoco me gusta la palabra "adiós". De hecho, ya no podemos despedirnos de ti. Desde que nos las enviaste, tus palabras nos animan y nos ayudan a enfrentarnos a las fauces de cada función. Las hemos recordado estos tres días de funciones en Madrid y queremos brindarte parte de nuestra alegría porque te pertenece: ACHICORIAS ha gustado y seguirá en la capital.

Hasta siempre, Soñadora de causas perdidas,

Carlos

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