Mi segundo encuentro con Enrique Vila-Matas

La sede del Instituto Cervantes en la República Checa se encuentra en la calle Na Rybníčku 536/6 del Distrito 2 de Praga. Los números de la calle, el 536 y el 6, indican lo mismo: el portal del edificio. La primera cifra corresponde a la antigua numeración de la ciudad y la segunda, a la nueva, lo cual confunde con frecuencia a los recién llegados a la capital. Así pues, no resulta extraño que al buscar una dirección los números de los portales salten del 12 al 1034 directamente.

Aún hay más: en la calle Na Rybníčku no existe ningún Instituto Cervantes y, para más inri, tampoco ningún número 6. El portal consecutivo al número 4 de Na Rybníčku es, misteriosamente, el número 8. ¿Qué ha sucedido con el número 6? Las dudas me asaltan. ¿He apuntado bien la dirección? Sí, claro, si la revisé tres veces… Entonces, si ese portal existe, ¿dónde diablos está el Instituto Cervantes de Praga?

La sede se ubica en una calle paralela a Na Rybníčku que en ningún momento se une la una con la otra. En esta calle fantasma sólo existe un portal y, por lo tanto, un sólo número: el 536/6. En resumen, para ir del portal número 4 de Na Rybníčku al número 6, debes abandonar la calle, girar hacia la derecha en la calle Štěpánská y al cabo de unos metros volver a girar a la derecha: Na Rybníčku 6, la calle fantasma.

Sé que es difícil de creer. A mí también me costó asumirlo, y no sólo es. También me costó llegar tarde a la presentación del libro Bartleby a spol de Enrique Vila-Matas, la traducción al checo de Bartleby y compañía, que contaba con la presencia del autor y de la editora, Anežka Charvátová, de Garamond.

Enrique Vila-Matas parecía muy tranquilo. Mucho más que yo, que llegué sudando y me senté en la última fila. Supuse que seguía tomándose su famoso calmante de antes de las charlas. Comenzó su charla con su habitual introducción:

–Señoras y señores, y para terminar, diré… Es que pienso hablar veinte minutos, y he notado que ése es el tiempo que todavía tardan los oradores cuando dicen que van a terminar.

Sabe cómo romper el hielo. Contó que era su primera vez en Praga. Nadie le creyó: cómo es posible, con tanto como ha escrito sobre la ciudad. Como broche a la velada, presenciamos la puesta en escena de un fragmento de la obra en checo. Enrique Vila-Matas comentó que era la primera vez que veía un texto suyo escenificado y no entendía absolutamente nada.

Al término de la presentación, unas cuantas muchachas rubias se adelantaron y subieron a la tarima para que el autor les firmara su ejemplar checo. En cuanto bajaron, me acerqué a Enrique Vila-Matas. No se sorprendió cuando me dirigí a él en español, pero sí se sorprendió cuando le solté:

–Esta vez el libro se lo doy yo.

Naturalmente, después de seis años, no se acordaba en absoluto de mí. Tampoco le refresqué la memoria. Lo que sucedió fue algo imprevisto: los nervios me asaltaron repentinamente y en mi ánimo por vencer la timidez que pugnaba por aspirarme hacia el centro de la tierra sufrí un ataque de verborrea sin igual que mantuvo al pobre hombre aplastado contra el sofá, sin dejarle ni respirar, hasta que concluí mi soliloquio entregándole el libro Noel Road 25: a genius like us al tiempo que le decía:

–Que sepa que ya hay gente que le citamos a usted.*

Enrique Vila-Matas tomó el libro, respiró al fin y miró su reloj. Serían aproximadamente las 8 de la noche. Y me dijo:

–Mi avión sale mañana para Barcelona a las 9 de la mañana.

Recorreríamos a grandes zancadas las calles adoquinadas de Praga, sacaríamos fotos con nuestras cámaras de usar y tirar, veríamos el sol despuntar entre los tejados del barrio industrial de Holešovice y desayunaríamos en el Café Kubista, con su talla de la virgen negra en la esquina de la fachada, antes de despedirnos con un fuerte apretón de manos y una sonrisa que a él le duraría hasta que llegara el aeropuerto y le notificaran que su vuelo sufría un retraso de tres horas sobre la hora prevista y que a mí me duraría el resto de la vida, como la marca sempiterna de la comunión más mágica de aquella noche en Praga.

–Mi avión sale mañana para Barcelona a las 9 de la mañana.

Huí, presa del pánico.

Así terminó mi segundo encuentro con Enrique Vila-Matas.**

* Noel Road 25: a genius like us empieza con la siguiente cita de Bartleby y compañía: "Elizondo sugiere que el dolor convierte nuestra mente en un teatro y viene a decirnos que lo que parece una catástrofe es una danza, una delicada construcción de la sensibilidad, una forma especial de la música o de la matemática, un rito, una iluminación o una cura, y desde luego un misterio que solamente puede ser esclarecido con la ayuda del diccionario de sensaciones. Todo esto puede aplicarse a la aparición del mal en la literatura contemporánea, pues la enfermedad no es catástrofe sino danza de la que podrían estar ya surgiendo nuevas construcciones de la sensibilidad".

** Por si alguien siente curiosidad, éste fue el primero.

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