«Lo que queda después de sufrir malos tratos»

Valentín es un niño que ve cómo su madre muere a manos de su padre. La única forma que encuentra para sentirse cerca de ella es travestirse y convertirse en Achicoria, un personaje que se pinta hematomas en el cuerpo porque cree que a los hombres les excita.

Las secuelas de la violencia machista son irreversibles, y no recaen sólo sobre la víctima. Las físicas se pueden contabilizar. Ayer lo hizo un estudio de la Sociedad Española de Medicina. El perfil de una maltratada que acude a la consulta del médico de familia es el de una mujer de 50 años, de clase media y a la que se le diagnostica ansiedad. Pero las psíquicas suelen permanecer ocultas. ACHICORIAS, una obra teatral que puede verse estos días en el Teatro de Las Aguas, reflexiona sobre ellas.

Según palabras del propio autor, Carlos Be, «ACHICORIAS trata sobre el maltrato, sobre mujeres que viven en los rincones de la vida donde han ido a parar por los golpes de los hombres; son flores que crecen en los descampados, en los arcenes, al lado de los caminos; son mujeres que crecen en los márgenes de la vida».

Dos actores, Ester Aira y Fran Arráez, dan vida a seis personajes que cuentan tres historias: la de una stripper que se desnuda con los ojos cerrados para no sentirse desamparada, la del niño travesti y la de Clara, una presentadora que lo pierde todo (hasta su seguridad) a manos de su violador. Aira explica que lo que busca la historia de Clara es que se vea el antes y el después (huyendo del morbo), que las secuelas que quedan pueden ser irreversibles.

METRO
19 de noviembre de 2008

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