«Un hombre es un hombre en tanto en cuanto es libre», Eleuterio Sánchez

A través del ventanuco, el juez militar le mostró una lista con una cuarentena de militares para que el quinqui eligiera quién quería que le defendiera. Siguiendo los consejos de última hora que un carcelero compasivo le había dado camino del locutorio, El Lute espetó al juez que quería un abogado de carrera para su defensa.

-¡Déjese de tonterías y elija ya a uno! -le gritó el juez.

El Lute no sabía leer. Era analfabeto, tenía 22 años, firmaba con el dedo. Pidió al juez que le leyera la lista. El hombre empezó a enumerar y apareció el nombre de Juan, Juan Carvajal. El suegro de Eleuterio se llamaba Juan, Juan Cubero, "un buen hombre, un pedazo de pan, inculto, pero buena gente", recuerda ahora el legendario ex convicto. El nombre de Juan le inspiró confianza. Y dijo: "Ése".

Juan Carvajal resultó ser un teniente chusquero sin formación jurídica alguna que se atrancaba con los nervios cuando tenía que tomar la palabra ante el tribunal, que se cuadraba ante el fiscal, recuerda a sus 66 años Eleuterio Sánchez, alias El Lute. Fue su defensor en el juicio en que fue condenado a muerte por la ley de bandidaje y terrorismo (en vez de por el código penal) y ante un tribunal militar (en vez de uno civil). Ésta es la nueva batalla de El Lute. Que se declare la nulidad radical de aquel proceso. "Vamos a hacer un proceso al franquismo", declara mientras apura un café en un bar en los alrededores de la catedral de Sevilla. El Lute camina de nuevo.
Un completo reportaje de Joseba Elola sobre Eleuterio Sánchez publicado hoy domingo 18 de enero de 2009 en El País.

Y al lado mismo, un reportaje sobre Enrique Ruano. Hablan su hermana Margot Ruano y su amigo José María Mohedano:
"Llamaron a casa a las seis. 'Su hijo se ha suicidado. Se ha tirado desde un 7º piso', le dijeron a mi padre. Nunca nos dejaron ver el cadáver", recuerda Margot. "Hasta que murió Franco, la censura tampoco nos permitió publicar una esquela". Mohedano se emociona aún al recordar aquella noche. "Acababa de salir de la cárcel y fui corriendo a casa de Enrique. La desesperación y la impotencia que había allí eran demoledoras. Sus padres no entendían nada. Y entonces llamó Manuel Fraga [ministro de Información] para callar a aquella familia rota amenazándoles con detener a su otra hija, Margot, también metida en política...".

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