Artez - El síndrome de Asperger: Nieva en la Ciudad de los Horizontes (I)

Este mes de febrero se inaugura en Artez Revista de las Artes Escénicas una nueva sección de opinión: El síndrome de Asperger. Para mí es un honor ingresar en el elenco de colaboradores habituales de esta publicación especializada que cuenta con personajes de la talla de Jaume Colomer, Jorge Dubatti, Virginia Imaz, Josu Montero, Ricard Salvat, Alfonso Sastre y Javier Villán.

«Nieva en la Ciudad de los Horizontes (I)» es el título del primer artículo de El síndrome de Asperger.

Espero vuestras opiniones. Que os guste.

Nieva en la Ciudad de los Horizontes (I)

Recorro las calles adoquinadas de la oscura Praga con los puños hundidos en los bolsillos del abrigo, aterido de frío y, sin embargo, sin prisa por llegar a ninguna parte. Camino sin dirección y no me doy cuenta hasta que aparece ante mí la boca de la calle Janska, un callejón sin salida en la ladera sur del Castillo. Retrocedo sobre mis pasos e intento orientarme. Y comienza a nevar.

¿Alguna vez has tenido la sensación de vivir algo único?

En Praga, la Ciudad de los Seiscientos Sesenta y Seis Nombres –y entre todos ellos, mi favorito: la Ciudad de los Horizontes–, ese algo único se da con llamativa frecuencia. Quiero decir que, paradójicamente, lo algo único no es un hecho aislado. Puede acontecer más de una vez y dos, tres, cuatro o incluso más, sobre todo si frecuentas los teatros checos. En cualquier caso, demasiadas veces para tratarse de una coincidencia. En invierno, la nieve guarda en su interior la luz del día y anochece más tarde. No daré con una mejor definición de teatro en mi vida.

Acabo de asistir a una representación que no olvidaré jamás: un TÍO VANIA en el Teatro Na zabradli. En checo, por supuesto, sin entender ni una sola palabra y, al mismo tiempo, entendiéndolas todas. Dos horas y cincuenta minutos en el paraíso de una sala abarrotada, mesmerizado por lo que deviene en la hacienda de los Serebriakov: juegan a fútbol, bailan countries, engullen bananas mientras toman el sol en hamacas y, en un apoteósico final, Sonia se deja el alma al grito de “¡Viviremos!”, coreada por el resto del reparto y el público, al son de la canción BEYOND THE BLUE HORIZON... y oscuro.

Nunca he visto un Chéjov tan precioso. A la salida dan ganas de abrazar al director pero no es posible. Petr Lebl se colgó sobre el escenario diez años atrás. Tenía 34 años. Lo encontraron entre las bambalinas al día siguiente, en el transcurso de la función de LAS PRESIDENTAS de Werner Schwab de aquella noche. No hay que olvidar que, bajo la nieve, persisten los adoquines de Praga –conocidos por los checos por el nombre de cabezas de gato–, que son negros.

Una década después, el TÍO VANIA de Petr Lebl sigue representándose a sala llena. Su dramaturga, Ivana Slamova, ocupa actualmente el cargo de directora artística del Teatro Na zabradli. «Nuestro teatro», explica, «programa tanto obras checas como extranjeras que traten temas de actualidad, no comerciales y, con frecuencia, para un público exigente.» Esta temporada, la compañía residente alterna en su repertorio obras de Henrik Ibsen o Ingmar Bergman con creaciones de autores checos contemporáneos. También se evidencias las injerencias alemanas y rusas: cicatrices presentes tras la dominación. En la orilla opuesta del Vltava y frente al monumento realizado por el artista David Cerny en conmemoración a la liberación de Checoslovaquia por las tropas soviéticas en 1945 –la carcasa de un tanque pintada de rosa ironía–, programan BAILE DE MÁSCARAS en el Teatro Svandovo. Mijaíl Lérmontov, dramaturgo ruso del siglo XIX, jamás vio su obra estrenada por la censura. El montaje del director Radovan Lipus flirtea con los elementos fuego y hielo. Los actores brindan y estrellan los vasos contra el suelo: los añicos salen disparados en todas direcciones y al cabo de unos minutos, bajo el calor de los focos, se funden. Candelabros encendidos atraviesan sin descanso los cortinajes de los bastidores con tal desprendimiento que el público se mantiene tenso, esperando que en cualquier momento se incendie el teatro para echar a correr hacia la salida de emergencia, previsoramente localizada. El pánico se acentúa aún más si cabe cuando un gigantesco aro en llamas desciende del techo y Arbenin, el esquizofrénico protagonista, almidonado en un impoluto frac, expectora su elegía al amor a través de un marco de fuego, protegido tan solo por el sudor que impregna su cuerpo como una segunda piel durante toda la obra. El esfuerzo se premia y el aplauso es merecido.

La gente acude al teatro por dos motivos, ocio o hambre, y, excepto en los teatros dirigidos al turista, el precio de la entrada, asequible, juega a favor de la presencia de público. Además, la oferta es amplia. De todas maneras, tras la ficción, existe una maquinaria teatral que mantener y los bretes que padece son similares en todos los países. «El año pasado», relata Ivana, «se negoció con el ayuntamiento de Praga el tema de la financiación de los teatros. En ese periodo, el ayuntamiento recortaba los presupuestos para los teatros de la ciudad, lo cual podría haber conducido al cierre de varias salas si los artistas no llegan a protestar. Los funcionarios municipales tuvieron que retirar su decisión, por lo menos temporalmente.»

Kamila Cerna es redactora de la revista de teatro y de la editorial de textos contemporáneos más importantes de Chequia y, como Ivana, manifiesta su preocupación al respecto. Aún así, su mirada clara y su gesto afable transmiten esa templanza que sólo habita en las vocaciones y que proviene de muy adentro, de allí donde no hay política. Kamila Cerna trabaja en el Instituto del Teatro de Chequia. La misión principal del organismo consiste en brindar al público checo y extranjero un servicio completo de información en las áreas de teatro, ballet, danza, teatro de títeres y otras disciplinas de las artes escénicas. Asimismo, gestionan la librería especializada Prospero, ubicada en el número 17 de la calle Celetna, muy cerca de la Casa de los Reyes, donde Franz Kafka vivió entre 1896 y 1907. Al lado de la librería se encuentra el Teatro Celetna y en su cafetería me cito con Martina Cerna, fundadora del proyecto Transteatral, organización que impulsa conferencias, workshops y la publicación de obras de dramaturgos contemporáneos. Martina también forma parte del elenco de Dilia, una agencia con más de medio siglo de historia que gestiona los derechos de autor y colabora en la difusión de sus obras. Recientemente han traducido y realizado una lectura dramatizada en checo de PERRO MUERTO EN TINTORERÍA: LOS FUERTES de Angélica Liddell, dirigida por el aguerrido Miroslav Bambusek. La traducción corre a cargo de Petr Gojda bajo el tutelaje de Anezka Charvatova.

Llegamos al final de la calle Celetna y cruzamos por delante del Café Cubista en dirección al Teatro Nacional. Los pescantes de las fachadas que antaño sostenían los mástiles de las banderas socialistas, ahora soportan los anuncios de comida rápida con pizarras a sus pies escritas en inglés y el teatro corre a la zaga del país: con la llegada de los alemanes se clausuraron todos los teatros, con la llegada de los soviéticos sólo podían representarse obras del género “edificante”. Pero nada de esto detuvo a la gente: la supervivencia del pueblo checo ha estribado siempre en su capacidad de adaptación. En los barracones del campo de concentración de Terezin se consolidó un grupo de teatro que escenificaba obras de cabaret que ellos mismos creaban. Lisa Peschel acaba de rescatar de la memoria de los supervivientes los textos y canciones en checo y alemán. A la actriz Vlasta Charmostova, por firmar la Carta 77, se le retiró la posibilidad de actuar públicamente y su apartamento acabó convirtiéndose en un teatro improvisado de disidentes para disidentes. El dramaturgo Vaclav Havel sufrió tres encarcelaciones y permaneció, en total, cerca de cinco años entre rejas por “actividad subversiva y relaciones con países extranjeros”. Quién iba a decirle a Vaclav Havel, él que llamaba a su propio país Absurdistan, que acabaría convirtiéndose, tras encabezar la Revolución del Terciopelo en 1989, en su líder político. En el periodo de transición, una fracción mayor de las inquietudes del teatro se vuelca hacia los temas sociales y aparecen compañía como Placer sin riesgo, constituida principalmente por prostitutas que reclaman visibilidad y seguridad a través del teatro, o como el festival Enrejados, que se celebra simultáneamente en tres hospitales psiquiátricos y pretende romper, según las palabras de su mentor el poeta Robert Kozler, con los tabús producidos por el desconocimiento hacia los enfermos psíquicos.

La sede de la Nueva Escena del Teatro Nacional, o Laterna Magika, es de ardua descripción. Por dentro y por fuera. Este peculiar edificio, cuya cartelera está enfocada claramente hacia el turismo, logró picarme la curiosidad con un espectáculo de título prometedor: EL CIRCO DE LAS MARAVILLAS. Terminó que convencerme que Jan Svankmajer firmara, junto con dos realizadores más, la dirección. No puedo describir lo que presencié en aquella vetusta sala de butacas de piel verde. Nunca una obra me había dejado tan atónito. Y no fui el único. Los intérpretes tuvieron que pedir el aplauso. Mi acompañante captó mi expresión de estupefacción y me dijo: «No sabes si te ha gustado o no». Sólo pude asentir. Sin reacción ni criterio. Sencillamente pasmado. No rebasó mis expectativas: EL CIRCO DE LAS MARAVILLAS creó algo inesperado en mí y sólo por eso, valió la pena. Aún le estoy dando vueltas.

Humor, inventiva y riesgo, ¿cómo consiguen los checos conjugar todo esto? Quizás demos con un buen paradigma si penetramos en el Teatro Jara Cimrman, al pie de la falda de Zizkov. Jara Cimrman fue un dramaturgo que nació en la segunda mitad del siglo XIX y se desconoce la fecha y el lugar exactos de su muerte: se sabe que fue visto por última vez en 1914 cerca de Liptakov, al norte de Bohemia. En 2005, la figura de Cimrman resultó elegida en el programa El checo más grande, un concurso de la televisión pública checa que repetía la fórmula de Los cien bretones más grandes de la BBC. Cimrman sumó la mayor cantidad de votos de los espectadores y se convirtió por decisión popular en la personalidad más destacada de la historia del país, por delante de Carlos IV, Tomas Masaryk o Jan Hus. Pero el conflicto estaba servido: Jara Cimrman no existía en realidad. Era un escritor ficticio cuya vida de mentira fue armada con tal retahíla de disparates que todo el mundo se creyó que era real. Entre algunos de sus hitos más destacados descubrimos, por ejemplo, que él inventó el yogur. También propuso a Estados Unidos la construcción del Canal de Panamá e incluso les ofreció escribir un libreto de una ópera con el mismo título: CANAL DE PANAMÁ. En su faceta como pedagogo, reformó el sistema educativo gallego –sí, has leído bien– y fundó en la capital austriaca una academia de criminología, música y ballet. La televisión pública decidió no concederle el galardón de El checo más grande por «no existir en realidad». El artífice de esta farsa no fue un genio, sino dos: Jiri Sebanek y Zdenek Sverak. Por cierto, sus obras –las de Jara Cimrman– se representan, naturalmente, en el teatro con su nombre. Porque las obras sí que existen en realidad. Absurdistan.

Continuará.

Carlos Be, Artez n. 142/2009

Fotografía: Magdalena Sidonova en TÍO VANIA © Teatro Na Zabradli

¿Quieres compartirlo?

2 Comentarios