Artez - El síndrome de Asperger: Hubsi Kramar y el teatro en llamas

Una planta carnívora de pétalos negros que engulle a sus artistas con la dulzura del terciopelo. Así es el teatro vienés.

El estómago de un caníbal suspendido en el espacio vacío.

Desde Heldenplatz se vislumbran los tejados turquesa del Burgtheater. Los acontecimientos que sucedieron el 15 de marzo de 1938 inspiraron a Thomas Bernhard su obra más controvertida: Adolf Hitler proclamaba la anexión de Austria a Alemania. Medio siglo después, se estrenaba, con gran revuelo, LA PLAZA DE LOS HÉROES de Bernhard en el Burgtheater. Tanto Bernhard como su director, Claus Peymann, recibieron amenazas de muerte. Varias personalidades solicitaron la expulsión de los artistas del país.

Al año, Bernhard se fue. El 12 de febrero de 1989. Para siempre. En su última voluntad, reclamaba el derecho a lo que llamaba «emigración literaria póstuma»: que sus obras jamás fueran publicadas ni representadas en el país que lo despechó en vida. Su hermanastro, Peter Fabjan, administrador de la Fundación Internacional Thomas Bernhard, ha infringido los designios del autor en contadas ocasiones.

En la década de los noventa, la piel de Austria se cubrió de ampollas.

Peymann abandonó la dirección del Burgtheater y en el año 2000 asumió el mando del Berliner Ensemble. Aceptó el cargo con la condición de mantener su independencia como creador. No le preocupaba de dónde procedieran las subvenciones. «¿Creen que Mozart se volvió más católico porque recibiera dinero de un obispo? El arte europeo siempre fue subvencionado», recojo de unas declaraciones suyas en prensa. En los noventa, moría Werner Schwab; Gottfrield Helnwein emprendería el camino de la renuncia a su nacionalidad austriaca en pos de la irlandesa y Hermann Nitsch alcanzaría la cumbre de su carrera con la acción número cien de su Teatro de Orgías y Misterios, un reto que nunca más ha conseguido igualar.

«La ciudad de la música/ se quedó afónica», se escribe en GÜNTER, UN DESTRIPADOR EN VIENA de María Velasco.

Hubert “Hubsi” Kramar aparece bordeando la estatua del Archiduque Carlos de Austria en Heldenplatz. Nos saludamos efusivamente. A principios de este año, Kramar estrenaba PENSIÓN F: LA SÁTIRA MEDIÁTICA DEFINITIVA en 3raum, su teatro, bajo fuertes medidas de seguridad. Le habían sellado las cerraduras del teatro con pegamento y arrancado los carteles de la obra. Inicialmente, la obra de teatro debía titularse PENSIÓN FRITZL: UN CULEBRÓN EN EL SÓTANO, pero la presión ejercida por diversos estamentos obligó a sus artífices a modificar el nombre. La dramaturgia la firma un tal Hermann Fritzl y la interpretación corre a cargo de más de dos docenas de actores alentados por un maestro de ceremonias sin parangón, el propio director, Kramar. La trama de PENSIÓN F parte de los macabros hechos que sacudieron hace un año a la prensa internacional: el caso de Josef Fritzl, el monstruo de Amstetten, que mantuvo a su hija retenida en el sótano de su casa durante veinticuatro años. En contra de lo esperado, la obra no reproduce la tragedia vivida en el subsuelo sino que se sirve de esta figura para arremeter mordazmente contra los medios de comunicación que exprimieron la noticia con tal de conseguir las más elevadas cuotas de audiencia y aprovecha, en extensión, para criticar la sociedad austriaca. Antes el estreno, además de los actos vandálicos comentados anteriormente, el propio Kramar recibió anónimos con amenazas de muerte. Los pétalos negros de la planta carnívora relampaguean en la sombra. El latido de su estómago es una sonrisa de muerte.

El café, le suplico, que sea en el Landtmann. Kramar accede.

El martes 23 de febrero, los periodistas colmaban la platea del teatro del número 11 de Beatrixgasse. Se estrenaba PENSIÓN F. La repercusión mediática creada superó todas las expectativas. La mayoría de los medios asistentes pertenecían a corresponsalías internacionales: la BBC, Al Jazeera, la televisión estatal rusa... El teatro no daba crédito a lo que se estaba viviendo en el patio de butacas. Al comienzo de la obra, Kramar, sobre el escenario, se dirige al público. Les comunica que en breve serían conducidos al sótano del teatro y, una vez allí, encerrados indefinidamente. «Y entonces veremos qué hacen», añade. Podemos imaginarnos el pasmo generalizado.

En el transcurso de la obra, el personaje interpretado por Kramar reclama en varias ocasiones luz para los verdaderos protagonistas de la historia y se ilumina la platea entera mientras ametralla al público con alabanzas tales como «nuestros representantes mediáticos son gente muy sensible» o «los más inteligentes se encuentran aquí entre nosotros».

Recuerda Kramar que «el día del estreno había tanta prensa que el público habitual no pudo asistir. Después de la función, los periodistas y los equipos de televisión tuvieron que entrevistarse entre ellos».

El tráfico incesante de la avenida conocida como Dr. Karl Lueger Ring y a nuestra derecha, el imponente Burgtheater. En el Café Landtmann, Kramar pide dos Maria Theresia al camarero.

«El nombre completo del teatro es 3raum-Anatomietheater. Antes de que lo convirtiéramos en teatro, contenía el departamento anatómico de un instituto médico veterinario. Tengo que decir que para mí es muy importante que las estancias donde trabajo contengan sensaciones inusuales, que rezumen historias, que presenten una arquitectura singular. En el teatro utilizamos tres salas muy distintas entre sí. El edificio fue construido cerca de 1870 y posee una atmósfera especial, cruel al tiempo que poética, lo cual refleja a la perfección lo que quiero transmitir con el teatro: la incidencia de la poesía en la condición cruel de la sociedad.»

»Ante todo», prosigue Kramar, «3raum es un lugar en llamas, que arde. Arde de deseos, de anhelos por conseguir un mundo en paz lleno de humor e inteligencia. Un lugar donde el teatro se defina fundamentalmente como comunicación».

Como teatro, 3raum mantiene una colaboración constante con todo tipo de víctimas de la sociedad: gente en asilos, sin hogar, mujeres maltratadas... En PENSIÓN F colaboraron personas que han sufrido abusos. «Nuestra principal preocupación es aprender de la historia más reciente, cómo se ha llegado a determinadas situaciones. Me refiero al fascismo nazi, a Hitler, a Franco, al Holocausto. La abominación bajo formas diferentes, cuál es la razón de su existencia... Cada cual desarrolla sus experiencias, dentro del contexto teatral, en múltiples direcciones, procurando siempre mantener una cierto viso dadaísta.»

Kramar escribe, dirige y produce sus propias obras, siempre sátiras políticas sobre cuestiones de actualidad, aunque a menudo dirige obras de autores vivos «serios» y, con menor frecuencia, disfruta engalanándose con obras de «grandes artistas cuya inteligencia y capacidad para la crítica social les ha permitido trascender en el tiempo». El año pasado montó EL ABANICO DE LADY WINDERMERE de Oscar Wilde y a finales de agosto se embarcará en una nueva producción, EL MARIDO IDEAL, «una obra de rugiente actualidad sobre las transacciones financieras, la política y las mentiras y el amor». Otro de sus autores favoritos es Fiódor Dostoyevski. Kramar también cita un montaje del año pasado, GOTT (DIO) KURT de Alberto Moravia, que nunca se había representado antes en un teatro alemán o austriaco, o una EVITA de Copi. Además, 3raum proporciona a muchos artistas la oportunidad de exhibir sus obras. El intercambio con producciones externas es constante y en ningún momento la dirección de teatro interfiere en su realización artística. «Respetamos totalmente su libertad y su mensaje, siempre y cuando no sea de carácter racista, fascista, etcétera. En Viena tenemos un gobierno socialista y gracias a ello se me permite trabajar libremente. El resto de los partidos pretenden cesarme continuamente. En la escena artística contemporánea me llaman el enfant terrible del arte teatral austriaco, lo cual no deja de extrañarme: ¡a mis sesenta y un años de edad! La prensa sensacionalista, que posee mucha fuerza en el país, nos considera unos provocadores y yo digo que el único escándalo que cometemos es ser estrictamente antifascistas, lo cual conlleva que mucha gente con mentalidad de derechas nos odie. Y son muchos en Austria.»

Kramar ama a sus actores y la gente que trabaja con él, «muchos de ellos artistas que nunca han pisado una escuela de arte o interpretación. Sus personalidades se han formado en la escuela de la vida y lo sobrellevan con mucho humor y con la voluntad de aprender y contribuir a una sociedad mejor, un aspecto muy utópico, lo reconozco, pero ésta es nuestra elección, lo tomas o lo dejas. Hago teatro desde hace más de cuarenta años, he fundado seis compañías de teatro, he escrito cerca de treinta obras y dirigido más de un centenar de producciones teatrales, además de participar como actor en películas, telemovies. Y además realizo un montón más de actividades en otros campos de la existencia.»

Nos despedimos en la puerta del Café Landtmann hasta la noche, cuando acudiré de nuevo a su teatro. En esta ocasión, a una función de LA PUERTA, un relato de Frank Kafka, dirigido por Arturas Valudskis e interpretado por Martin Bermoser, Gerda Gratzer y Markus Kofler. Tengo muchas ganas de volver al teatro anatómico.

Kramar se despide con estas palabras que nunca olvidaré: «Carlos, el arte es una vía para encontrar la libertad, una vía que se abre en muchas direcciones. Es como el amor de verdad cuando lo estás viviendo. Es fuego. ¿Para qué más podríamos vivir?»

Carlos Be, Artez 146/2009
Fotografías © 3raum-Anatomietheater (PENSIÓN F de Hermann Fritzl)

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