En contraste Austria


Acudí a la farmacia de mi barrio para comprar un enjuague bucal especial. Me había roto un diente y tenía las encías sangrando, pero porque era viernes no me quedaba otra que esperarme para ir al dentista. Me di cuenta de que el enjuague era muy caro. El farmacéutico me replicó que los austriacos no se preocupan de la higiene oral y añadió que «en Austria decimos que lo que no te mata, te hace más fuerte». Le dije «Sólo quiero prevenir una posible infección». «Pero, lo sabes», me dijo, «la naturaleza tiene su propia manera de prevenir estas cosas. Fíjate en lo que les pasó a los judíos en los guetos de Polonia durante la II Guerra Mundial. Y sobrevivieron».

TÓTEM Y TABORI / GÉNESIS Y SEGUNDO ADVENIMIENTO DEL TEATRO JUDÍO DE AUSTRIA / UN DEMOTEATRO, Warren Rosenzweig


Angelika Loidolt me recibe en las puertas del Burgtheater, el ancestral Teatro de la Corte almenado por las presencias de Apolo y sus hijas Talía y Melpómene, musas de la comedia y la tragedia.

Este teatro, después de la Comédie-Française, es el segundo en antigüedad de la Nueva Europa. Los hipnóticos frescos de los hermanos Klimt, Gustav y Ernst, no tienen parangón. En el muro que acompaña la escalinata de la izquierda, un bufón sigue nuestros pasos con inquietante atención. «Pertenece a una compañía ambulante, está actuando en un festival de Rothenburg ob der Tauber, en Baviera», cuenta Angelika Loidolt. «¿Es de Gustav Klimt?», pregunto. «De su hermano.»

»Ahora mismo tenemos en cartelera DAS LEBEN EIN TRAUM, LA VIDA ES SUEÑO, de Calderón de la Barca. Esa estatua, la de ahí enfrente, es Sebastián de Prado, un actor español de la corte de Felipe IV. Ahí al lado Richard Burbage, de la compañía de William Shakespeare. Burbage interpretó Hamlet, Otelo, el rey Lear...» El Burgtheater es puro teatro. Una planta carnívora que se retuerce en el ojo de la cámara negra austriaca.

En esta temporada, se ofrecen espectáculos tales como EL DRAGÓN DORADO de Roland Schimmelpfennig con dirección del propio autor, MUELLE OESTE de Bernard-Marie Koltès o QUIÉN TEME A VIRGINIA WOOLF de Edward Albee. Su programación gira en torno del teatro de texto, sin centrarse en ningún país ni generación concretos. Es cierto que promueven, obviamente, el teatro austriaco clásico y contemporáneo por encima del resto, pero sin descuidar las visiones internacionales. Además, el Burgtheater lleva a cabo un programa denominado Werkstattttage que permite a los jóvenes autores trabajar codo a codo con artistas y directores con tal de probar sus obras en un escenario profesional.

Durante la conversación con Angelika Loidolt, que transcurre en inglés, se me escapa un «Ano». Angelika Loidolt me mira sin comprender. Rectifico rápidamente, le explico que «Ano» en checo significa «Sí» y que a veces me embarullo con los idiomas. «¿Hablas checo?» «Ano!», respondo ahora, con una amplia sonrisa. «Tuvimos un director en el Burgtheater, Achim Benning, de 1976 a 1986, que amaba la literatura eslava. Impulsó muy especialmente las obras de Vaclav Havel –dramaturgo y primer presidente de la República Checa tras la Revolución del Terciopelo en 1989–. Su predecesor en el cargo directivo, Gerhard Klingenberg programó por primera vez a Claus Peymann, que estrenó LA PARTIDA DE CAZA de Thomas Bernhard. El propio Peymann asumiría la dirección del teatro años más tarde y programaría a Elfriede Jelinek, George Tabori, Peter Handke, etcétera. Como comprobarás, para nosotros los directores del Burgtheater son eminencias que respetamos y admiramos con profusión. Siento que el señor Matthias Hartmann –el director actual– no se encuentre en la ciudad en estos momentos...» «No pasa nada», digo, «creo que este recibimiento no podría haber sido mejor» y pienso en el bufón de Ernst Klimt.

Warren Rosenzweig me espera en el mismo lugar donde, horas antes, me despedía de Hubsi Kramar. Su mirada intensa y la perilla recortada con esmero me persuaden de que no me equivoco al acercarme a él y estrecharle la mano. Juntos emprendemos el camino hacia su teatro: el Teatro Judío de Austria.

Warren Rosenzweig no tiene pelos en la lengua. Este dramaturgo, director, productor, miembro de Dramatists Guild of America y fundador en 1999 del Teatro Judío no se lo piensa dos veces antes de arremeter contra el teatro público. De hecho, si existen dos frases que describan su proyecto, el Teatro Judío, la primera sería «Un escenario internacional por una diáspora intercultural» y la segunda «No subvencionado por la ciudad de Viena». «El Teatro Judío de Austria», dice Warren Rosenzweig, «es la primera compañía de teatro judío en Austria, creada en 1938, una iniciativa única en Europa. Nuestra dramaturgia comienza con el análisis y la interpretación de preguntas del tipo “¿Qué es judío?”, “¿Es importante definir judío, y si lo es, por qué y para quién?”, “¿Qué es la alteridad?”, “¿Qué conexiones se establecen entre la historia austriaca y judía?”, “¿Por qué indagamos en la experiencia judía sobre el escenario? ¿Y cómo?”».

»La compañía del Teatro Judío crea, desarrolla y promueve el montaje de nuevos trabajos sobre temas relevantes que nos guíen por una experiencia intercultural y contemporánea, principalmente dentro del contexto europeo. Comprendemos un amplio rango de formatos diferentes, desde la producción de obras de teatro, principalmente de nueva creación, teatro ambiental, interdisciplinario, experimentación multimedia, workshops y más. Nos dirigimos a una gran diversidad de grupos de interés y reintroducimos en Viena el concepto de “teatro como comunidad”, nada de mero entretenimiento, tampoco el arte por el arte ni la cultura permitida por el gobierno, somos una plataforma para la concienciación, la crítica social, un punto de encuentro de interacción pública y discusión. El entorno social y cultural vienés destaca únicamente por su arte para la obediencia civil y el panorama teatral se encuentra fuertemente controlado por un gobierno constituido por los Señores feudales del Buen Gusto y el Arte Permisible que centraliza los recursos para establecerse en el sistema, así como el trabajo, las facilidades y el equipamiento. Radicalmente independiente, el Teatro Judío de Austria se percibe por algunas autoridades políticas como un renegado y una amenaza menor para el status quo. Durante años, la compañía ha criticado la indiscutible regulación, más virtual que nada, por parte del gobierno de la libertad de expresión y la diversidad cultural de la escena y ha impulsado eventos que, en el mejor de los casos, son considerados impredecibles y, en el peor, tabú. La compañía no recibe ninguna ayuda del Departamento de Cultura y nunca ha logrado convencer a ninguno de sus comités y consejeros para que nuestro trabajo se considere dentro del marco de arte “legitimado”. Por ello, el Teatro Judío produce y se sustenta sin ningún tipo de subsidio municipal, sin el cual cualquier actividad teatral profesional en Viena se considera imposible. Desde enero de este año, la compañía ha añadido una segunda frase a la primera que nos define: “No subvencionado por la ciudad de Viena”.»

Sobre las tablas, el Teatro Judío siente especial predilección por la nueva dramaturgia de autores internacionales cuyos textos se vean influenciados por la experiencia judía contemporánea. En marzo de 2007, presentaron en Viena el primer festival internacional de teatro judío internacional bajo el título de Tikun Olam, que significa “sanar el mundo”. En ese mismo periodo, la compañía concibió y acogió el I Congreso Internacional de Teatro Judío que se inauguró bajo los honorables auspicios del presidente federal austriaco, el Dr. Heinz Fischer. Profesionales del mundo del teatro de al menos diecisiete países de todo el mundo acudieron a Viena para participar en el festival y el congreso. La compañía también produjo en noviembre de 2001 un festival de performances en solitario denominada Ohne Begleitung, “Sin acompañamiento”, que también incluía solos procedentes del extranjero. Y este año celebran su décimo aniversario con la producción independiente y bienal del programa Gedainkst, que arranca este septiembre en Viena.

El logotipo de Hunger auf Kunst und Kultur no pasa desapercibido. Una silueta humana, muy al estilo de Keith Haring, esgrime unos cubiertos. Me dirijo a Monika Wagner creyendo que se trata de un festival teatral abierto a otros espacios –cada loco con su tema– y me comenta que Hunger auf Kunst und Kultur no es ni un festival ni un teatro, «es una iniciativa sociocultural para gente que quiere participar en la vida cultural pero que no tiene bastante dinero». La silueta de “Apetito por el arte y la cultura”, si Monika Wagner me permite la traducción libre, se divisa actualmente en más de ciento veinte locales que se han sumado a la lucha contra la pobreza y la exclusión: museos, festivales, teatros, cine, etcétera. Hunger auf Kunst und Kultur fue creada en 2003 por la Schauspielhaus en cooperación con la Armutskonferenz. Su misión es la de procurar que la gente que vive en situaciones económicas precarias, personas que requieren asistencia individual, que reciben pensiones mínimas, parados o refugiados, que toda esta gente acceda a «su derecho de disfrutar del arte y la cultura». El Kulturpass, su tarjeta identificativa, permite a los beneficiarios obtener entradas gratis para espectáculos, conciertos, exposiciones... Un modelo de gestión que se está instaurando con éxito en otros países como Alemania y Luxemburgo.

WUK es uno de los centros que se ha sumado a la iniciativa de Hunger auf Kunst und Kultur. Este espacio cultural abierto estimula la interacción del arte, la política y los asuntos sociales a través de la experimentación y el potencial creativo de sus participantes. Como miembro de Trans Europe Halles, una red de enclaves culturales situados en lugares no convencionales de toda Europa –en España sólo cuentan, de momento, con el Ateneu Popular Nou Barris de Barcelona–, organizan presentaciones de teatro, arte visual y media art, fotografía, pero también acontecimientos políticos y mediaciones artísticas interdisciplinarias.

Peter Coreth espera en la cafetería del Palacio Belvedere. Este insigne personaje que posee el don de la ubicuidad, pues tanto puede encontrársele en Viena, como en Praga o en el pequeño pueblo conocido como Fratres, muy cerca de la frontera austrocheca, en cuya casa número 11 se encuentra su colección particular de arte, el Museum Humanum, un compendio de piezas únicas que incluye, para mi asombro, la mejor representación artística jamás vista de un teatro. No intentaré describirlo, hay que verlo. Sólo decir que se trata de un escenario a escala de origen indonesio con títeres Wan-Yang en plena actuación. Un teatro de sombras que es, al mismo tiempo, un libro abierto.

El próximo mes seguiremos desde Fratres, Austria.

Carlos Be, Artez 147/2009

Fotografías © Burgtheater (QUIÉN TEME A VIRGINIA WOOLF de Edward Albee y LA VIDA ES SUEÑO de Calderón de la Barca)

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