El otoño de Poughkeepsie de Carmen Martín Gaite

En la primera página de uno de los cuadernos de Carmen Martín Gaite aparece un título, El otoño de Poughkeepsie, que da paso a la narración de un accidentado viaje a Estados Unidos realizado por la autora pocos meses después de la muerte de su hija.

¿Y crees, pobre de ti, que avanzar es seguir con la pluma en la mano?

En las páginas del Cuaderno de todo, tal como denominaba a sus cuadernos de notas, numerado como el 35, cuenta cómo se gestó Caperucita en Manhattan en el apartamento de Juan Carlos Eguillor en la calle 51 de Nueva York, entre la segunda y la tercera avenida, «donde Juan Carlos se ponía a dibujar, de espaldas, en el pupitre inclinado, y hablaba conmigo», así como su llegada a la Universidad de Vassar, a un pabellón perdido en medio del bosque frecuentado durante el día por un misterioso grupo de psiquiatras, y la habitación que colinda con la suya y que tanto la desasosiega, una habitación vacía, «limpia de papeles y de recuerdos, vacía, completamente vacía».

Siempre puede haber algo peor, y lo peor de todo es perder la cabeza, no vivir cada tramo de la vida, hasta los más espantosos, con la mente serena y la mirada alerta, procurando apreciar lo que se tiene, lo poco o mucho que nos queda.

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