En contraste el teatro: Elfriede Jelinek y Hermann Nitsch

Como un animal enfermizo. Como tenía que estar casi todo el tiempo sentada trabajando, desde muy jovencita comencé a caminar por mi cuarto y a golpearme contra la pared. Mi madre tuvo miedo y que un día aterricé en la consulta del doctor Asperger, psiquiatra infantil muy célebre que ha dado su nombre a una forma de autismo que afecta a seres geniales pero socialmente inadaptados. Por supuesto que yo no era una niña genial, pero presentaba trastornos serios.

Elfriede Jelinek

Elfriede Jelinek - Teatro
Su padre la llevaba al desfile del primero de mayo. La niña de trenzas con cintas rojas apretaba con fuerza la mano de su progenitor; esa mano robusta, enorme y protectora que al día siguiente perdería toda templanza y la conduciría con resignación al colegio católico donde estudiaba. De la misma mano, la niña asistiría a pases de documentales bélicos «que mostraban los campos en su liberación, con montañas de cadáveres, amontonamientos gigantescos de seres humanos semimuertos de hambre, totalmente destruidos...», recuerda Elfriede Jelinek en una entrevista publicada en los cuadernos del Ciclo Autor del Teatro Pradillo.

Del físico de la prosista, como gusta que le llamen, destaca su rostro duro, árido en expresiones, que contrasta con la profundidad de su obra, transgresora, que impactó por primera vez como un meteorito contra muchos de nosotros con LA PIANISTA, película interpretada por la magistral Isabelle Huppert y dirigida por su compatriota Michael Haneke, también director teatral, cuyos montajes, por cierto, se han estrenado en Austria, Alemania, Francia y, parece ser que en un futuro cercano, España, en concreto en la villa de Madrid, bajo el auspicio del Teatro Real.

«Un escritor nunca debe comprometerse con los poderosos, con los gobernantes. Debe criticarles, ése es su deber», escribe Elfriede Jelinek.

En la temporada 2007-08, disfrutamos en Barcelona de su obra LO QUE OCURRIÓ DESPUÉS DE QUE NORA ABANDONARA A SU MARIDO O LOS PILARES DE LAS SOCIEDADES, en el Teatre Nacional de Catalunya, dirigida por Carme Portaceli y encabezada en el reparto por Manel Barceló y Lluïsa Castell. En la misma temporada, el festival Escena Contemporánea presentaba en Madrid un ciclo que incluía los montajes de varias de sus obras: CLARA S., por la Compañía Siglo XXI, LA MUERTE Y LA DONCELLA IV: JACKIE, por el Burgtheater y LA MUERTE Y LA DONCELLA V: LA PARED, por el Teatro de la Esquirla. No sólo escribe teatro aunque debo confesar que su novela DESEO aún persiste, indolente, en las estanterías más altas del despacho en Barcelona, con el punto de lectura varado en las primeras páginas. Elfriede Jelinek define su literatura como provinciana y en su estilo se refleja «su admiración al Grupo de Viena, su experimentación con el lenguaje y los juegos de palabras; por ello mismo Jelinek dice que es una escritora local, ya que esos juegos se convierten en muy difícilmente traducibles», detalla Vicente León en la introducción del cuaderno del Ciclo Autor.

Como Thomas Bernhard, Elfriede Jelinek desentierra las raíces nazis que otros intentan mantener olvidadas bajo tierra. Jörg Haider, líder del Partido de la Libertad desde 1986 y fundador en el año 2005 de la Unión por el Futuro de Austria, ambos de ultraderecha, arremetía hace una década contra la prosista formulando a su electorado la siguiente pregunta: «¿Ustedes prefieren Jelinek o el arte y la cultura?». Este político falleció recientemente en un accidente de tráfico, el año pasado, de hecho. Tal siniestro aireó su homosexualidad encubierta, así como la relación íntima que mantenía con la mano derecha de la Unión, Stefan Petzner, un escándalo teñido o, mejor dicho, saturado, de la hipocresía que delata Elfriede Jelinek a lo largo de su obra.

Elfriede Jelinek vive actualmente entre Viena y Múnich. La escritura es una de las artes que lo tiene más difícil para cruzar fronteras pero en cuanto consigue superarlas, sus alas se extienden con energía renovada y la frontera se reduce a un simple alambre donde el ave se posa, de vez en cuando, para descansar unos instantes antes de continuar el vuelo. Del alambre que se balancea al norte de Austria, a las puertas de mi estimada Chequia, pende una acogedora casita para pájaros que ofrece cobijo y alimento. Siempre que visito el Museum Humanum, siento unas ganas locas de escribir.

Este edificio, aunque parezca, en principio, que guarda poca relación con las artes escénicas, posee una de las virtudes que convierten en imprescindibles los verdaderos museos: inspira. Si algo tiene el Museum Humanum es que inspira. E inspira porque encierra una luz y un enigma que atrae al espectador, en este caso al visitante, público en cualquier caso, y que le requiere ser resuelto. Peter Coreth, su propietario, habla de un ciclo de imágenes de animales, imágenes de deidades e imágenes de hombres que enfatizan la evolución de los procesos antropomórficos en los diversos lenguajes y formas de cada cultura, es decir, «las expresiones polifacéticas de la orientación humana». Peter Coreth invita al público que acude a esta antigua casa en forma de U en el pueblecito de Fratres, en el límite de la frontera austrocheca, a especular sobre el significado de los artefactos presentes en las arcadas de su nave principal. El anfitrión conversa con afabilidad sobre las figuras arquetípicas en el arte: «En las escuelas, el arte se enseña por periodos, estilos, siempre dentro de una cultura específica. Por el contrario, existe un razonamiento, conocido como mitológico, que establece correspondencias verticales: comparan un animal con una constelación, un planeta con un color, con una nota musical. Grosso modo, una representación esquemática de esta teoría podría ser una hélice que comprendiera el universo conocido. El tiempo y el espacio son circulares, las estaciones giran, los planetas orbitan y todos los fenómenos que suceden son seriales, limitados y cíclicos. Así mismo, cada plano de existencia se refleja en el nivel superior e inferior. San Pablo hablaba de “tanto arriba como abajo”, mientras que Johann Wolfgang von Goethe prefería el “tanto adentro como afuera”. Los puentes entre un punto y otro no se caracterizan por conexiones obvias, sino que los describe una tradición inculcada en la conciencia humana, algo que nos informa sobre nuestros sueños individuales y colectivos, es decir, todo aquello conocido como mito, y que participa de la Teoría de las Correspondencias por los filósofos herméticos».

El pueblecito de Fratres queda atrás. El vehículo cruza las instalaciones vacías de la aduana en dirección a Mariz, Chequia. Mariz queda a mano izquierda según se entra en el país, más allá de un prado que medio siglo atrás fuera rastreado incesantemente, cada noche, por los haces de los reflectores comunistas del Telón de Acero. Mariz fue abandonado y así permaneció hasta la Revolución del Terciopelo, cuando artistas de las más variadas disciplinas entraron en el pueblo y lo recolonizaron. En este grupúsculo de artistas, cabe decir, no abundan los teatreros. Quizás seamos, dentro de los artistas, los que más nos debamos a un lugar, aunque personalmente prefiera prescindir del término lugar y hablar de estaciones. Qué son las estaciones sino teatros, al fin y al cabo, de la vida. Un baño rápido en el estanque popularmente conocido como Estanque de Juan y el graznido de los cisnes me recuerda que debo regresar cuanto antes a España.

La cita ineludible es en Madrid, dos estrenos más que deseados que no pienso perderme por nada del mundo. En el ínterin, aprovecho para recorrer los escenarios de la capital y, por un fabuloso cúmulo de causalidades, acabo en el Teatro Pradillo con varios cuadernos del Ciclo Autor en las manos, entre ellos el dedicado a Elfriede Jelinek, una de las jóvenes pacientes del doctor Hans Asperger.

No quiero marchar de Austria sin citar antes tres lugares más, lugares, estaciones o teatros que me llamaron la atención durante la estancia en el país. El primero de ellos es Madre Coraje, un proyecto teatral con sede en tres ciudades, Johannesburgo, Viena y Pretoria. El objetivo de los artistas surafricanos y austriacos involucrados en tal propuesta es la reinterpretación y la aplicación actual en la sociedad de la obra homónima de Bertolt Brecht. Mpumelelo Paul Grootboom, autor y director surafricano, capitanea esta iniciativa que reúne a artistas de los dos hemisferios del planeta.

Tampoco hay que pasar por alto que Linz es la capital europea cultural del año 2009. Esta ciudad a doscientos kilómetros al oeste de Viena comenzó una carrera de fondo hace dos años y ha programado, entre otros muchas actividades, la Academia de lo Imposible, un proyecto pedagógico afiliado a la organización Hunger auf Kunst und Kultur que ofrece un contenido formativo único, por ejemplo: la oportunidad para niños entre siete y doce años de improvisar con el cuerpo orquestados por Wim Vandekeybus, Ulrike Reinbott y Greet Van Poeck, o las demostraciones y las sombras del maestro titiritero balines I Wayan Wija o el curso de introducción al Kutiyattam, teatro sánscrito,  por parte del indio Gopal Venu...

Hermann Nitsch - Teatro


Y para terminar, Hermann Nitsch. El accionista vienés Hermann Nitsch concibió el Teatro de Orgías y Misterios en 1957 y alcanzó el punto álgido de su carrera con la OBRA DE LOS SEIS DÍAS, una representación que sucedió en 1998, si no me equivoco, en el castillo de Prinzendorf, «una invitación a intensas experiencias intoxicadas de éxtasis». De su obra magna, Hermann Nitsch cuenta que se trata de «una dramaturgia orientada de manera psicoanalítica que permite a lo dionisiaco emerger con fuerza de nuestro interior. Las áreas suprimidas y los impulsos internos, toda la naturaleza del ser humano se manifestará. Las acciones con la carne, la sangre y la matanza de animales sondearán las áreas colectivas de nuestras mentes inconscientes y los cinco sentidos serán activados y sensibilizados. La intoxicación, el comer y le beber son partes integradas en la obra». Algunas cifras: casi mil seiscientas páginas de guión y partituras, ciento ochenta músicos y cien actores que ensayaron durante los veintiún días previos a la llegada del millar de participantes al castillo de Prinzendorf. Parte del material empleado en el montaje: una tonelada de tomates, una tonelada de uva, diez mil rosas, mil litros de sangre y tres toros que serían sacrificados en el transcurso de la obra.

La primera acción de Hermann Nitsch se presentó en 1962, contaba el artista con veinticuatro años, y la última tuvo lugar el pasado mes de mayo, la número ciento veintiséis. Hermann Nitsch ha cargado desde siempre contra las tradiciones establecidas del arte y sigue trabajando sobre la violencia controlada. En Wroclaw, Polonia, este mismo año, mientras Rodrigo García es obligado a declarar ante la policía por la acusación de tortura de un bogavante en escena durante la obra ACCIDENS: MATAR PARA COMER –parece ser que la gente no está preparada para «que de esa acción se puedan interpretar muchas otras cosas», comenta el director en La Ratonera de mayo en una entrevista con Roberto Corte, en 1960 Hermann Nitsch desollaba y mutilaba un cordero antes de sacrificarlo con el ánimo de «satirizar y cuestionar la ética moral de la religión y el sacrificio atávicos». Y digo mientras, prescindiendo del medio siglo de diferencia, porque a veces el tiempo no corre y a los artistas sólo nos queda cortarnos las venas al viento.

El deseo del exceso, de la percepción orgiástica, excesiva, nos conduce a un estado donde el dolor y el placer extremos se compenetran, inseparables. El estado de la muerte y la vida se revela en nosotros al mismo tiempo. No existe diferencia entre la vida y la muerte. La muerte y la vida sólo se muestran como condiciones separadas ante la percepción humana de la vida cotidiana. El exceso de la experiencia mística, el exceso fundamental nos hace virar y nos acerca a la verdad del ser infinito. El nacimiento, la procreación, la muerte, la muerte en la cruz y la resurrección son experimentadas simultáneamente. Cargamos con el miedo del deseo del asesino y del miedo mortal de la víctima. Somos los asesinos y los asesinados. En el bendito, rabioso dolor del intenso vivir nos identificamos con las fuerzas transformadoras de la existencia, que a su vez nos guían hacia la construcción y la destrucción para volver a construir de nuevo. Caemos en el abismo de la oscuridad y en el abismo de la luz. Al mismo tiempo sufrimos mundos de muerte, de crueldad, y corremos a través de mundos de inconmensurable, cegadora, blanca, divinas sensaciones luminosas. Carne cruda, llorada en los excesos dionisiacos, sangrienta, húmeda carne contrapuesta al sabor afrutado de la mañana de la resurrección. El abismo dual de la luz y la oscuridad está siendo.

Hermann Nitsch

Tanto arriba como abajo. Tanto adentro como afuera. Sin fronteras. El teatro.

Reportaje publicado en el número 148 de la revista española de artes escénicas Artez.

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