Las obras libres (actualizado)

Siempre he comparado los textos teatrales con los hijos. Como éstos, nacen, crecen y, llegado el día, en el mejor de los casos, se emancipan y se van de casa. Como padre y madre, tampoco puede evitarse el gesto instintivo de mirar por la ventana al atardecer para ver si alguno de los hijos regresa por el camino. Y en ocasiones el timbre te sorprende y corres hacia la puerta y ahí está tu hijo, sonriéndote en la entrada, con los ojos brillantes, y no puedes evitar pensar cuánto has cambiado, hijo mío, y el abrazo deseado que te funde. Felicidad.

Permitidme que cite algunos de los reencuentros más recientes. Joe y Ken, de Noel Road 25: a genius like us, que tras su partida, en el año 2001, no regresaron a casa hasta el 2005 como Ludovic Tattevin y Fran Arráez. Fue muy especial verlos por primera vez en carne y hueso, tan bellos. El año pasado volvieron como Bernardo Augusto y Alejandro Rodríguez, otra experiencia inolvidable. Y este verano, fueron Jorge Peña y Xavi Fontana quienes aparecieron en el umbral. Podéis haceros una idea de la maravillosa experiencia que supone escribir un texto teatral.

Con Achicorias ocurrió otro tanto. Sus mujeres heridas por las palabras marcharon de casa dando tumbos de dolor y me sobrecogió abrir la puerta y descubrir a Ester Aira y Fran Arráez con todas ellas abrazadas en las miradas de ambos. Y la última vez que sonó el timbre en la casa fue ayer y al abrir encontré a Athenea Mata como Clara Canetti, la protagonista del segundo monólogo de la obra, en esta pequeña partitura de dolor, una secuencia de terrible pulsión que Athenea aborda con coraje y auténtico talento. Athenea, muchas gracias por traerme de vuelta a Clara.

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