Mosaico Mercurio estrena LA CAJA PILCIK de Carlos Be: un thriller para reflexionar sobre la dualidad individual (Artez 151, noviembre de 2009)

El viernes 13 de noviembre de 2009 la compañía Mosaico Mercurio estrena LA CAJA PILCIK de Carlos Be en Serantes Kultur Aretoa dentro del XXX Festival Internacional de Teatro de Santurtzi con dirección de Esther Ríos e interpretación de Óscar de la Fuente, Xavi Fontana, Kiko Gutiérrez, Alfonso Mendiguchía, Chema Moro, Jorge Peña, Almudena Ramos e Isabel Sánchez.

En el marco del XXX Festival Internacional de Teatro de Santurtzi, sobre el que se puede encontrar más información en la página 70 de este número de la Revista Artez, Mosaico Mercurio estrenará el día 13 LA CAJA PILCIK, de Carlos Be, obra ganadora del Premio Teatro Serantes de 2008 y que ha sido publicada por la Editorial Artezblai. El texto está inspirado en el caso del asesino en serie, secuestrador y violador Hubert Pilcik quien aterrorizó a la Checoslovaquia de los años cincuenta, caso que le propició el escenario perfecto para hacer reflexionar al espectador sobre la dualidad que todos llevamos dentro. Sobre este punto de partida, el autor afirma que como la mayoría de mis obras que giran en torno a una realidad concreta, existe una parte histórica muy ambigua, que baraja una versión oficial con varias no oficiales, una segunda parte ficticia y otra tercera, biográfica; todas ellas entreveradas al servicio de la obra y su mensaje, aunque deba advertir que los sucesos más increíbles suelen ser, por lo general, los únicos reales.

Carlos Be también explicaba el por qué de la selección de un tema aterrador, y de la demostración de esa dualidad mencionada anteriormente, así como en GALIMATÍAS quise indagar en los mecanismos textuales que generan felicidad en el público, con LA CAJA PILCIK perseguía algo muy ajeno y a la vez muy propio: el miedo. Tendemos a rechazar lo extraño y no existe nada que consideremos más terrorífico y más alejado de nosotros mismos que nuestros miedos. Pretendemos ignorar que bajo nuestro cotidiano, en lo natural, subyacen todos los miedos. Sólo hay que azuzar el terreno. LA CAJA PILCIK es un teatro que muestra más allá de hasta dónde se quiere ver. La caja de todos los miedos.

En este caso son Mosaico Mercurio quienes llevarán a escena la propuesta, compañía que ya ha trabajado anteriormente con el autor, en NOEL ROAD 25, y tal y como apunta la directora, Esther Ríos, eligieron esta obra por la calidad del texto, que nos sorprendió bastante. Tiene bastantes elementos de la temática de Carlos, como los diálogos vivos, la temática social presente en la obra..., pero no se parece en nada a la obra anterior. Somos una compañía joven que está en contacto con bastantes autores actuales, y la verdad es que esta obra nos sorprendió muchísimo. Gracias a que ya habíamos hecho más cosas con Carlos, tuvimos la oportunidad de leerla y de decirle que queríamos llevarla a escena.

La compañía se ha mantenido fiel al texto, haciendo sólo un cambio con referencia a la propuesta escénica, para acercarlo un poco a nuestros días, como por ejemplo la utilización de una cámara de super8. Una obra que gira en torno a la temática de la pederastia entre otros problemas sociales, con un mensaje que Carlos Be describe como las consecuencias del estrago a todos los niveles, desde el individual al colectivo, y la incapacidad humana para erradicarlo sin acabar antes con la propia especie. Además, el texto acomete muchos otros frentes: el poder y la guerra, la dominación y el sexo, el derecho a vivir de la imaginación y su ejecución… Eso el libro. Como libreto de montaje, el texto se pone al servicio de la compañía. Tengo muchas ganas de asistir a la creación de Mosaico Mercurio. Desde que vi su puesta en escena de NOEL ROAD 25 confío a ciegas en su talento, abierto tanto a la emoción como a la reflexión. Una confianza que se mantiene en ambos lados.

El bosque

La obra centra la acción en la ciudad checa Marianske Lanze durante los años cincuenta pero más simbólica, analógica. Este era un lugar de mucho turismo, con balnearios y también queríamos quitar esa idea que ha tenido mucha gente al leer la obra, que era un sitio de pobreza y no era así. Nosotros hemos hecho una especie de resort de vacaciones, dentro del cual, como en EL JARDÍN DE LOS CEREZOS de Chéjov, todos están pasándolo bien mientras la cotidianeidad pasa, que tienen sus pequeños conflictos, pero con esa normalidad en la que no pasa nada, pero que no deja de ser un lugar de vacaciones vallado, en este caso, por un bosque.

Ese bosque se convierte en uno de los escenarios que representa lo oscuro, el miedo, el terror, lo desconocido. Un bosque que es más una metáfora que una figura en sí misma, contrapuesto al otro espacio principal como es la taberna en la que se reúnen los protagonistas, personajes que parecen abstraídos de la realidad que les rodea, dejando pasar los días con su rutina.

El bosque tiene mucho que ver y afecta a todos los personajes, todos los elementos de la naturaleza están pero queriendo decir más cosas, y en este caso es una analogía de un mundo totalmente desconocido al que no se accede por miedo, un miedo que puede estar legislado, y en cierta medida de esa manera se acepta y no se cuestiona, y otros se arriesgarán a salir de ese límite del bosque. Dentro de la simbología del bosque se encuentra además de lo desconocido, un mundo, que precisamente por ser desconocido, es perturbador y querer traspasar la frontera es querer ser valiente, algo que le pasará a algunos de los personajes de la pieza. Al igual que a algunos personajes sólo los podremos ver en el bosque, sólo existen ahí, dando diversos puntos de vista, como el de la oscuridad. El bosque es esa parte que nos quiere decir que todos tenemos dos caras, cuanto menos se ve esa cara oculta, en este caso el bosque, peores son las consecuencias.

El caso se resuelve porque un segundo policía no sabe nada, no está condicionado ni por medios ni por leyes ni por prejuicios, mientras que el primer inspector está condicionado por órdenes y por mil cosas y no puede actuar contra Pilcik, sólo es cuando el caso entra en manos del Inspector Znamenacek cuando tiene la opción de resolverse, porque no tiene ningún horizonte limitado por el bosque.

Dos caras que están muy presentes en la obra, algo que condiciona la estructura del texto y también la labor de los actores. Nada es blanco o negro, sino que en un mismo lugar están las dos facetas. Lo que se cuestiona es cómo eso afecta a la libertad individual, cómo afecta también desde el punto de vista social a todos los personajes, cómo les obliga a llevar una determinada vida.

LA CAJA PILCIK es un thriller, por lo que habrá que esperar hasta el final para saber el desenlace de la historia, el desenlace de los personajes que aparecen en escena, unos protagonistas que irá conociendo el espectador poco a poco sin llegar a conocerlos plenamente hasta el desenlace. Para que eso sea así, el trabajo actoral ha sido muy exhaustivo, metiéndose de lleno en los personajes, mostrando la naturalidad que transcurre, algo que se antoja más complicado de lo que parece, pero jugando también con esa dualidad, con el misterio y con el miedo y el terror que genera la obra, su argumento, su trama y su conclusión, que puede dejar un sabor agridulce.

La caja, tan presente en la obra en esencia como en el título, cuenta con momentos centrales en el texto, una caja que alberga miedo, misterio, terror y algún que otro secreto más. A la hora de llevar los momentos centrales de la caja a escena, la directora afirma que yo entiendo, aunque esto también es mi decisión al trabajar con Carlos, que todo lo que narran los personajes al espectador, es algo que no se hace, precisamente porque me parece más interesante y se completan más los significados. Jugar con signo y significante, y cómo Carlos utiliza ese texto, a nosotros nos ayuda y nos apoya el jugar desde el punto de vista creativo y visual, que los actores completen a través de la puesta en escena y de contrastes la imagen que se está lanzando a través de la palabra, porque lo que no se puede hacer, o por lo menos yo no puedo, es, desde el punto de vista de la realización en tres dimensiones, llegar a lugares tan lejanos dentro de la percepción del espectador escuchando esas palabras. Por eso nosotros optamos por la decisión de completar lo que a ti se te está ocurriendo con la puesta en escena, pero no hacerlo directamente porque no tendría sentido, ya te lo están diciendo, y la imagen que tú tienes en la cabeza es mucho más perversa que la que yo puedo estar haciendo delante de ti.

Es un texto que es difícil de llevar a escena, no sólo por el texto en sí, sino por los personajes, que están por estar, no son escenas clásicas protagonista-antagonista. Son personajes que parece que están charlando, y uno de ellos al final se desvela como el asesino. Todo esto te crea unas dificultades que te ayudan a pasar por encima de ellas.

Realidad y ficción

Otro de los aspectos que se encuentra dentro de la obra es la diferencia y la simbiosis de la realidad y la ficción. Pilcik hace todo lo que hace por el peor de los fundamentalismos que es creer que es bueno para todos, y en ese sentido, ese idealismo, no se cuestiona el ver desde la realidad las consecuencias. Él está en el terreno de las ideas, lo que ese personaje llama su verdad. Por ello hay una gran diferencia entre los personajes que quieren conocer la verdad, que quieren entrar en el bosque y entre los que no lo hacen, viven en una realidad dentro de la cual se encuentran esas dos caras, la ficción y la realidad, todos engañan y todos se engañan a sí mismos. La única manera de salir de esa dualidad es crear un triángulo, que es salir hacia arriba y ese es el mundo de las ideas, de lo místico, el bosque, y por eso el bosque es mágico.

La escenografía y la iluminación se convierten en elementos claves para llevar a escena la obra, convirtiéndose en parte integrante de la trama, ayudando a crear la atmósfera necesaria y a contar la historia.

Una obra en la que el espectador se planteará si las leyes que conoce, si lo que creía reconocer como el bien y el mal son realmente ciertas o hay también diferentes tonalidades de grises. Pero es una pieza sin pretensión de crear moralismos, sino la única idea de hacer pensar y reflexionar al público. Lo que necesito es que el espectador salga hablando de los personajes, de lo que ha visto. Eso quiere decir que ha estado en la historia y se la ha creído.

Eider Suso (Artez 151, noviembre de 2009)

Fotografías © Mosaico Mercurio

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