Artez - El síndrome de Asperger: Días estambulitas (y II)

En el ámbito teatral y durante los últimos años, la administración pública turca refiere un crecimiento muy importante tanto en su oferta como en la demanda. Su Teatro Estatal Turco acaba de cumplir sesenta años y mantiene impolutas sus directrices: difundir la lengua turca y hacer uso de ésta de la mejor manera posible, desarrollar e indagar para consolidar un teatro propio, así como favorecer la entrada de teatro extranjero con la intención de espolear la cultura general de la población, apoyar el desarrollo artístico y promover el amor por la belleza y la patria. Esta red estatal cuenta con cuarenta y tres escenarios repartidos en trece ciudades de la geografía turca por las que giran sus producciones. Por supuesto, se trata de la estructura teatral más compleja e imponente del país. Entre los autores internacionales de su repertorio más actual, encontramos autores tales como Bertolt Brecht, Martin Crimp, Friedrich Dürrenmatt, Dario Fo y Franca Rame, Patrick Süskind…

Pero regresemos por unos instantes al alma del teatro nacional y permitámonos indagar en sus precedentes a vuela pluma. Los teatrólogos coinciden en las cuatro raíces que sostienen el árbol genealógico del teatro turco: el teatro tradicional folklórico, la tradición teatral de corte, la tradición teatral del oeste y la tradición teatral popular. Ya por el siglo XII existe constancia por escrito de lo molestos que podían llegar a ser algunos comediantes para los políticos de la época, en particular los artífices del teatro popular, actores, cuentacuentos y manipuladores de títeres de sombra o de muñecos, que se envalentonaban ante la audiencia con monólogos o diálogos cargados de juegos de palabras, dobles sentidos, malentendidos, improvisaciones y ocurrencias, todo ello con un evidente contenido crítico. En la obra LA ALEXIADA (c. 1148), su autora Anna Comnena, hija de Alejo I Comneno, relata el periodo de reinado de su padre como emperador del imperio bizantino. En un pasaje revelador describe con despecho cómo los actores del imperio seljúcida ridiculizaban a su padre: «Nunca antes el emperador había sufrido por su mal tan intensamente… y el sufrimiento del emperador se concentra en sus pies, y su preocupación por sus pies se ha convertido en objeto de burla. Primero quisieron hacerse pasar por el emperador, después lo han representado yaciendo en un diván y montan una obra sobre ello. Estos juegos pueriles despiertan las risas de los bárbaros».

En Turquía nace el Karagöz, el títere de sombra por excelencia. Sus siluetas fabricadas con piel de animal y exquisitamente coloreadas se manipulan a través de unas varillas horizontales y se apoyan levemente sobre la pantalla que proyectará las imágenes a los ojos del espectador. Algunas fuentes citan el origen del Karagöz, que significa “ojo negro”, en el siglo XIV, otras en el XVI. De lo que no cabe duda es sobre su origen mestizo. El Karagöz surge de la unión del teatro de marionetas de Asia Central con el teatro de sombras egipcio, que a su vez procede de Java, como se ha deducido a posteriori al estudiar las similitudes entre los teatros de sombras turco e indonesio. Sus dramaturgias se basan en la vida cotidiana de unos personajes estereotipados que se clasifican en tres categorías distintas. La primera de ellas pertenece a los dos personajes que encabezan el reparto y dirigen la trama principal: el protagonista Karagöz y su antagonista Hacivat. La segunda categoría reúne a los personajes femeninos, como las esposas de Karagöz y Hacivat, y a sus hijos, los sirvientes… Finalmente, en la tercera categoría aparecen los taklit, personajes planos y cómicos en extremo con una importancia variable en la narración, siempre funcionales, y cuyos caracteres vienen determinados por su profesión, su etnia o algún rasgo distintivo no precisamente políticamente correcto: los taklit son enanos, tartamudos, jorobados, discapacitados psíquicos, adictos al opio o el conocido como “el tonto del pueblo”. Por un proceder semejante, el taklit de procedencia albana siempre será ignorante y vanidoso, en tanto que el judío actuará con malicia, cobardía y egoísmo.

Para el año que viene Estambul se convertirá en la Capital Europea de la Agencia Cultural y organizará un primer encuentro de iniciativas artísticas internacionales. Dentro de su extensa programación cultural, tendrá cabida la próxima edición del Festival Internacional de Títeres de Estambul, cuyo fundador, Cengiz Özek, dirige también –me arriesgaría a asegurar– la compañía de Karagöz más viajada del mundo. El objetivo de este encuentro pionero se aglutina alrededor de la siguiente guía: establecer una plataforma para iniciativas artísticas que abarque tanto creadores de países europeos como no europeos. La pregunta a la que se enfrentarán los participantes será «¿alternativos a qué?». Por el momento, la Capital Europea de 2010 ha confirmado la celebración de una feria, varias mesas redondas y la ejecución de diversos proyectos escénicos, entre los que destacaría el Festival de Teatro Universitario de Turquía, una competición de ballet internacional, el atractivo İstanpoli y el Nuevo Teatro de Nuevo Texto, coordinado por Yeşim Özsoy Gülan y que comprenderá diversas actividades en torno a la dramaturgia y su futuro.


Aparte, y como en cualquier otro lugar del mundo, existen teatros que se mantienen fieles a su línea de vanguardia sin necesidad de celebraciones extraordinarias. Tiyatro Oyunevi, con un repertorio que abarca obras de Georg Büchner, Federico García Lorca o Jean Genet, representa una fenomenal BEKLERKEN… (ESPERANDO…) por las diferentes poblaciones costeras incluidas en la gira de Black/North Seas. Su exhibición se realiza siempre en exteriores próximos al mar: un muelle, una dársena, la playa. El director Mahir Günşiray ha reunido a cinco intérpretes, todos ellos actores, cantantes y músicos, y juntos recrean una historia gestada por Birgül Oğuz en turco, inglés y curdo. La obra pretende cuestionar la situación de inseguridad que padecen los inmigrantes y abre paralelismos entre las situaciones identitarias de los ciudadanos no europeos y aquéllos que se encuentran en trámites de europeización.

Al regresar al hotel, el recepcionista me muestra el periódico local del día. Con su dedo índice, percute insistentemente sobre el ceño fruncido de un Elia Kazan en blanco y negro. «¿No está escribiendo sobre teatro turco?», me pregunta el recepcionista en inglés. Asiento. «Yo también soy de Kayseri», dice y me tiende el indescifrable periódico. Le doy las gracias sin comprender. En la habitación, tiro el periódico encima de la cama, cae doblado al lado de los libros desordenados. Al día siguiente, leyendo las noticias online de la prensa española, compruebo que Maruja Torres ha redactado un extenso artículo sobre el cofundador del Actors Studio, nacido el 7 de septiembre de 1909 en Kayseri, a ochocientos kilómetros de la capital en la Turquía asiática. Escribe Maruja Torres que «los suyos fueron víctimas de los pogromos turcos contra los ciudadanos de origen griego, y buscaron un nuevo comienzo en Estados Unidos». La vida nos hace girar en una rueda, una rueda muchas veces de gran diámetro, demasiado para que echemos la vista atrás y recordemos de dónde procedemos. Elia Kazan recibió un óscar honorífico por su trayectoria cinematográfica, ignorando unos su colaboración en la caza de brujas de los años 50 mediante la delación de sus compañeros comunistas del Group Theatre de Nueva York ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas, ignorando el homenajeado qué océano había cruzado huyendo de parejo acoso. Cuenta Maruja Torres que «Nick Nolte y Ed Harris permanecieron en sus asientos, sin moverse, cuando el público se puso en pie y ovacionó a un Kazan que parecía disfrutar tanto del éxito como del rechazo».

Por la noche salgo con Onur, el recepcionista, por Taksim. Me ha prometido llevarme al mejor de los teatros de la ciudad y lo ha dicho con una media sonrisa que me crea bastante incertidumbre. Caminamos desde la ciudad vieja y nos detenemos en el puente Gálata a cenar un exquisito bocadillo de pescado. A medida que se acerca Taksim, las calles se animan y el trajín de gente joven no dista al de otras noches en Roma, Madrid o Atenas. De repente, giramos a la derecha y enfilamos una calle en principio anodina. Onur supera un escalón de cemento y entra en un bar que se abre en la fachada de un bloque de pisos a mano izquierda. Le sigo. Nos sentamos en una mesa del fondo. Ningún escenario a la vista, sólo un confortable bar fuera del circuito turístico habitual y con estambuleños que beben con sus mujeres tranquilamente. Tras la primera ronda, pregunto a Onur por los servicios y me indica una escalera que desciende. Los cuartos de baños comparten piso con la bodega y una mujer, con el pie apoyado en un bidón de metal, se arregla la costura de las medias por detrás. Se asusta al verme –he bajado las escaleras a oscuras, no encontraba el interruptor de la luz– y su flequillo se ladea sobre su frente de manera extraña. Al regresar a la mesa, Onur sonríe con la mitad de la sonrisa que faltaba. Se ha dado cuenta de que ya he descubierto la ubicación del escenario. Nos encontramos en él. La ficción de una representación nos rodea. Algunos de ellos son hombres; otros, mujeres. Sin drama ni comedia, simplemente la máxima aproximación a la realidad de la que un teatro es capaz. Como la vida misma sin ser la misma vida.

«El mejor de los teatros», repito las palabras de Onur. Onur se ríe y brindamos en alto. Ningún lugareño nos observa. Prima la discreción. Abandonamos el bar y Onur me coge de la mano y me dice «Sígueme».

Si aquella noche cometí el mayor de mis aciertos en Estambul, al día siguiente cometería el peor de los errores. Después de un servicio completo en los Cağaloğlu Hamam, acudo a la cita con Metin Zako
ğlu. Metin Zakoğlu exclama: «Si la gente no va al teatro, yo me encargo de llegar a dónde esté la gente y actuar para ellos». Hasta aquí, bien. «En lugar de interpretar en condiciones de hacinamiento, como sucede en la totalidad de teatros de este país, ser capaz de ofrecer una obra en cualquier lugar es, en mi opinión, dar un ejemplo al mundo…». Sin querer vuelco mi ayran y el camarero acude con la bayeta. El ayran se escabulle por las hendeduras de la madera. «Quiero promover el teatro en la comodidad del propio hogar, el concepto del teatro en casa…», prosigue.

Además, Metin Zakoğlu posee un teatro privado, el Zakoğlu Tiyatrosu, desde 1994. En éste lleva quince años representando DIARIO DE UN LOCO de Nikolái Gógol. «Gané el Premio al Joven Talento del Festival de Teatro de Ankara en 1995 por mi interpretación épica (sic) de esta obra» –ya no queda ayran que volcar–, y comenta que hay momentos que nunca olvidará: «Una noche en particular, el público asistente parecía completamente desorientado, como si hubieran aterrizado de otro planeta, e interrumpí la representación para preguntarles directamente: “¿Quién es el autor de DIARIO DE UN LOCO?”. Nadie respondía y les dije: “¡Gógol, Gógol!” y escuché una voz desde los últimos asientos que repetía mi respuesta: “Ah, Google…”». Metin Zakoğlu alardea de mantener sus propios espectáculos largo tiempo en cartel. EXPERIENCIAS ESPACIALES EN TEATRO resiste en su repertorio desde 2001 y ya cuenta con miles de espectadores. Otras de sus meritorias obras responden a los títulos de ¿TODOS ESTAFAN?, ¡MI ESPOSA SE EXHIBE!, ¡AMOR POR CHAT!, TÚ QUÉDATE CON EL AMOR QUE YO ME QUEDO CON LA TABLA DE PLANCHAR… Con resignación, evidencio mi primera impresión. «El más importante de mis trabajos en otros espacios ha sido TEATRO EN EL HOSPITAL. La obra fue interpretada en un hospital real, el público eran pacientes de verdad, junto con sus familiares. Fue una actuación gratuita. Era una oportunidad para animar a los pacientes que llevaban mucho tiempo allí y no tenían la posibilidad de ver nada más allá de las paredes de sus habitaciones de hospital. Fue darles la posibilidad durante noventa minutos de ver el lado mágico del mundo artístico.»

Me despido amablemente y corro. Estambul es una ciudad para descubrir corriendo y también una sonrisa completa. Se acabaron los teatros a caballo entre dos continentes. Mis últimos días en Estambul, en la playa secreta de Onur.

Carlos Be, Artez 151/2009
Fotografías: PETER PAN © Akebi Group | Cengiz Özek © Cengiz Özek 

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