LA CAJA PILCIK, una historia de terror y estragos (I de III)

Al final de la escena 15 del primer acto de LA CAJA PILCIK, Jan Hlava exige a viva voz un brindis colectivo.

–¡Por nosotros, los hijos del general Pika!

Interpretado por Óscar de la Fuente, Jan Hlava es un siluetista recién llegado a Marianske Lazne. Su irrupción en la taberna Lucullus no es fortuita pero eso es otra historia.

Jan Hlava está obsesionado con el perfil del general Heliodor Pika en el instante de su ahorcamiento. La ejecución del militar le persigue y le atormenta como una pesadilla a contraluz. Cómo iba a saber yo, meses después de la publicación de LA CAJA PILCIK, que daría con la imagen que torturaba a Jan Hlava. Aquel perfil imaginado de repente tan real.

La descubrí a principios de este año en la revista checa Reflex, en un reportaje sobre el régimen comunista. Se hablaba de Karel Vas, el presidente del Senado del Tribunal Superior Militar que abordó el proceso más importante de su carrera, el juicio de Pika, para quien propuso la pena de muerte. Corría el año 1949. El tribunal aceptó la propuesta de Vas y el reo fue ejecutado. Su ahorcamiento conllevó la instauración de la pena de muerte durante el régimen comunista en la antigua Checoslovaquia. Aquella misma década perderían la vida cerca de un centenar de presos políticos. Tras la Revolución del Terciopelo, Vas fue acusado del asesinato de Pika pero el caso se detuvo por haber prescrito. En una entrevista le preguntaron a Vas si se arrepentía de algo en su vida. «He cometido un montón de estupideces por no saber. No le hice daño nadie a propósito. Pero nunca permití que se cometieran negocios sucios en mi entorno», respondió Vas, más conocido como el juez ahorcador.

Y esta es la imagen de pesadilla de Jan Hlava.



Vuelve a demostrarse que, como siempre, la realidad supera la ficción y, a veces, como esta, por desgracia.

Fotografía © Reflex

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