Artez - El síndrome de Asperger: Los acontecimientos húngaros (y III)


Los húngaros son los únicos seres felices del mundo, créeme.
Lluïsa Cunillé y Paco Zarzoso, Húngaros

En Mozdulatművészeti Stúdió (Estudio de Arte y Movimiento) se desarrolla la mayor parte de las actividades de la Fundación Orkesztika, institución que cuenta con el apoyo de organismos húngaros tales como el Ministerio de Educación y Cultura o Nemzeti Kulturális Alap (Fundación de Cultura Nacional). A finales del siglo pasado, la Fundación Orkesztika se vuelca en promocionar la danza en Budapest. Las primeras representaciones comienzan en la antigua sede, en el Estudio Teatro Józsefvárosi Pódium. En 2004, nos relata Andrea Tariska, cambian de distrito y se instalan en el actual Stúdió.

«Nuestro programa estrella son las Noches Sorpresa», continúa Tariska. «Noches Sorpresa ofrece a los artistas jóvenes de Budapest una oportunidad única: medir su trabajo ante el público. No necesariamente debe tratarse de un trabajo o de un espectáculo terminado, cerrado. Noches Sorpresa se plantea como un laboratorio donde poner a prueba las ideas de los creadores ante el público. El Stúdió abre sus puertas a cualquier emprendedor que inicie su carrera artística, que quiera experimentar con nuevas formas de expresión, que desee explorar un tema inédito dentro de su trayectoria profesional... Cuando llega el momento adecuado, incluimos el proyecto en las Noches Sorpresa para que el espectador se implique en el proyecto y aporte con su participación una nueva perspectiva al creador. Los asistentes como público a las Noches Sorpresa saben que el nivel de las producciones no está garantizado, de ahí su nombre. En cualquier caso, los artistas sorprenden, aunque puede que no siempre para bien. Es un riesgo que nuestro público debe estar dispuesto a correr.»

La Fundación Orkesztika brinda a toda aquella persona interesada la posibilidad de formarse, crear, trabajar, investigar y expresarse individualmente en cualquier vertiente de la danza. «Asimismo, proveemos de un espacio para la docencia a cualquiera con ganas de indagar en nuevas vertientes de movimiento, y a las compañías les proporcionamos un espacio gratuito para sus ensayos. También disponemos de una biblioteca audiovisual abierta a todo el mundo, todos los días de la semana.»

Además, el Stúdió suele estrenar las últimas creaciones de coreógrafos y directores reconocidos dentro de la escena húngara. Las obras que se representaron este pasado mes de enero confirman el espíritu heterogéneo de su sala, entre las cuales encontramos Eső, teatro de texto para todas las edades dirigido por Edina Szántai; Las niñas buenas van al cielo, un espectáculo de danza de Modern Tánc-Játék Stúdió con coreografía de Violeta Holb; o el trabajo sobre la proximidad y la vulnerabilidad de la compañía Magyar Mozdulatművészeti Társulat titulado FiveHim (ÖŐT), con autoría de Mandy Ildikosonbre.


Gábor Lénárt me recuerda que debemos correr al doblete de Eugène Ionesco y no estoy acabando de darle la mano a Andrea Tariska en el Stúdió que ya se la estoy dando a Anna Lengyel en el Teatro Örkény, donde tan fantásticamente, tan húngaramente, bien nos recibió hace un par de días. Pero antes de continuar con el Teatro Örkény, me gustaría abrir un inciso en esta carrera entre teatros húngaros, y no sólo entre teatros húngaros, también entre teatros europeos, y presentar a quien no la conozca una compañía que fascina a Lengyel: el Teatro Krétakör.

[…] Un simple círculo dibujado con tiza en el suelo. Representa un área reducida, circunscrita, designada en el espacio, que podemos señalar y decir: «Mira ahí, algo está sucediendo en el interior del círculo. Hemos condensado parte de nuestra existencia aquí».

Árpád Schilling

Árpád Schilling (1974) es el fundador del Teatro Krétakör. «En húngaro, krétakör significa círculo de tiza», explica Lengyel, y algo estalla en mi espuria cabeza como un silencioso fuego artificial en la oscuridad del escenario. Me acuerdo del viaje a Turquía, de la playa secreta de Onur y del teatro karagöz, que significa ojo negro en turco, otro símbolo teatral de circularidad, es decir, de la forma-escenario que permite más perspectivas, el horizonte más amplio, aquél capaz de trascender los límites, de alcanzar la esencia del rito, de arder.

Otra de las frases de Schilling registrada para la posteridad es la siguiente:

En el teatro no puedes comportarte como en el día a día. El teatro no imita la naturaleza ni recrea la realidad, sino que busca la verdad tras las apariencias. El teatro sólo puede ser físico, por lo que cada ademán debe ser el reflejo de un movimiento.

Lengyel prosigue: «Schilling se compromete al cien por cien en sus montajes. Sus primeros montajes arden en ideas, energía, humor y cierta sensualidad por el juego. Su escena es íntima y audaz, y en ella plantea cuestiones que actualmente siguen sin respuesta: ¿Por qué hacemos teatro?, ¿para quién?, ¿con qué lenguaje? Schilling puede trabajar a partir de improvisaciones, como en la obra Teatro Godot; a partir de material literario diverso, como en Los padres terribles de Jean Cocteau; o en colaboración con autores como István Tasnádi. Su método de trabajo implica dos semanas iniciales de trabajo intensivo apartados del mundo, lejos de todo, lejos de la ciudad, de la familia y de cualquier otro factor que pueda entorpecer el proceso creativo, preferiblemente en una pequeña casa en mitad de la nada. Es allí donde se gestará el corazón de la producción a través de incontables improvisaciones con sus actores».

Árpád Schilling fundó el Teatro Krétakör en 1995. Con su primera dirección, Bodas de sangre de Federico García Lorca, recibiría el Premio a la Mejor Dirección del Festival Internacional de Teatro Kazincbarcika. A continuación, abordaría montajes como Baal de Bertolt Brecht, Liliom de Ferenc Molnár o NEXXT-El show de Frau Pollo de Plástico de István Tasnádi, obra sobre la manipulación de los medios de comunicación con la que participaría en el Festival de Avignon y que despertaría la ira de la crítica de su país, donde se le llegó a decir que regresara «a la bodega de la que ha salido».

Persiste la polémica en W-Workers Circus. Los actores conviven en el interior de una jaula metálica, comen cemento húmedo y permanecen la mayoría del tiempo desnudos. Esta puesta en escena basada en el inagotable Woyzeck de Georg Büchner y condimentada con la poesía de József Attila provocaría un silencio general de la crítica de Budapest y su inmediato reconocimiento unánime en el extranjero, donde se le bautizaría como joven genio de la escena. Lo del silencio de los críticos húngaros es literal. Ningún crítico húngaro tuvo el coraje de publicar su opinión durante los tres meses posteriores al estreno. Nadie es profeta en su tierra. Más adelante, el montaje participaría en un festival nacional de teatro húngaro y recibiría la mención de Mejor Obra Alternativa de la Temporada, que la compañía rehusaría por no comulgar con la etiqueta de alternativos. Cómo puedes ser alternativo si has traspasado fronteras.

Con los años, el Teatro Krétakör se erige como compañía reconocida internacionalmente y Schilling acepta invitaciones para dirigir producciones en teatros de la talla del Berliner Schaubühne, el Piccolo Teatro de Milán o el Burgtheater en Viena. Su montaje de La gaviota de Antón Chéjov le ha concedido su último éxito. Por él, el mismo festival nacional que quiso entregarles el premio a la Mejor Obra Alternativa, les otorgó en esta ocasión el galardón de Mejor Producción de la Temporada... que aceptaron.


Faltan cinco minutos para que empiece el doblete de Eugène Ionesco en el Teatro Örkény. Entramos en la sala y Lénárt localiza las butacas. Leo en un folleto de información el repertorio actual del Teatro Örkény, de lo más variado: el apasionado Juego de gatas de István Örkény (¿cómo no?), La resistible ascensión de Arturo Ui de Bertolt Brecht, El príncipe de Homburg de Heinrich von Kleist , Platonov de Antón Chéjov, El gordo de András Dömötör... La oscuridad se impone y se conjuran ante nosotros sendas versiones sesenteras de La lección y La cantante calva dirigidas por el infalible Tamás Ascher y con unos intérpretes fabulosos: András Dömötör, László Gálffi, Zsuzsa Járó, Éva Kerekes, Mari Kiss y Pál Mácsai.

A la salida del teatro me despido de
Gábor Lénárt y de Budapest. Sin tristeza. Sé que nos volveremos a ver pronto. Al día siguiente parto con el Jaroslav Hašek hacia la loca Praga. Este invierno la capital checa se encuentra tan solo a dos centímetros de batir su propio récord de altura de nieve en las calles. Suerte que regreso provisto de unos cuantos boleros y unos recuerdos excepcionales, unos recuerdos húngaros.

Carlos Be, Artez 154/2010

Fotografías: W-Workers Circus © Teatro Krétakör | Eszter Racz y Mozdulatművészeti Stúdió © Gábor Dusa | La cantante calva © Teatro Örkény

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