Sobre

Los treinta y dos automandamientos de Daniel Veronese

Escribir para el teatro es el título del segundo libro publicado dentro de la Colección Laboratorio Teatral por la XV Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos. En él se reúnen los textos de varios autores -Sergio Blanco, Enzo Cormann, Ignacio García-May, Luis Miguel González Cruz, Guillermo Heras, Alejandro Jornet, Lucía Laragione, Juan Mayorga, Luis Mario Moncada, Alfonso Plou, Daniel Veronese y Michel Vinaver- que elucubran sobre qué es para ellos escribir para el teatro.

El consejo editorial de esta colección, que en su primer número incluyó la dramaturgia de un servidor Amèn, lo constituyen Guillermo Heras, Juan Antonio Ríos Carratalá, Juan Luis Mira y Fernando Gómez Grande, a quien quiero agradecerle muy especialmente su enorme generosidad.

Daniel Veronese nos presenta en su intervención una sumamente interesante relación de treinta y dos automandamientos, de los que me permito incluir en esta entrada los ocho primeros.

1. Practicar a toda hora la manipulación con total independencia de la razón. Confiar en el desarrollo del instinto periférico.

2. Sustituir actores vivos por objetos. Un cambio íntimo y privado con el fin de lograr una dimensión que no tenga referencialidad en nuestra vida cotidiana.

3. Descubrir el universo que le es propio a cada creación. ¿Alguno de nosotros recuerda exactamente cuándo y cómo comenzamos a ser invadidos por el amor? ¿A quién amamos por primera vez? ¿Y cuándo empezamos a sentir que vamos a morir, alguien lo recuerda?

4. Precisar CUÁL ES ESA IMAGEN PRIMARIA QUE APARECE REITERADAMENTE EN NUESTROS OBJETOS CREADOS para poder respondernos con sinceridad: ¿Cuáles imágenes son y serán siempre las emergentes de nuestra mitología íntima? ¿Cuáles serán siempre las negadas, las repelidas, las que nunca estarán?

5. Conjugar lo sublime y lo horroroso. Conciliar escénicamente los opuestos para plasmar la contradicción en la imagen. Lo bello como el comienzo de lo espantoso que todavía podemos soportar. Rilke decía.

6. Incomodar. Modificar el estado emocional del espectador. Sabotear las expectativas del espectador.

7. Trabajar un teatro que centrifugue lo retórico. Que la imagen sea real y al mismo tiempo sugestiva.

8. Crear sectores de emoción indisciplinada que se velen y se develen en un furioso oleaje.

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