Artez - El síndrome de Asperger: Teatro con el corazón en la mano: Eslovaquia (II)


«Resulta tan insólito ver amanecer el sol en invierno», dice la abuelita que viaja a mi lado en el autobús, «que una piensa que Dios anoche, antes de acostarse, se dejó encendida la lámpara de la mesita». Su hijo, que se sienta detrás de nosotros junto a su esposa embarazada, mucho más joven que él aunque igual de oronda, asoma la cabeza entre los dos asientos e interrumpe a su madre para imponer, por enésima vez, su opinión. Comenta con la vista fija en el paisaje que ya se funde la nieve en los campos moravos y es una lástima, ojalá perdurara un mes más, como los abriles siberianos no hay nada, con su sol en lo alto y la nieve cubriéndolo todo. Su mujer no le escucha, entregada a unos aceitosos bramboráky de Brno que devora con fruición, y a mí me gustaría que llegáramos en breve a Bratislava, ya son muchas horas de viaje.

En pocos kilómetros cambiaremos de país y el autobús cruzará una de las fronteras europeas más recientes. «Lo que antes era el nombre de un país», dice la abuelita, «ahora es el de una frontera: la frontera checo-eslovaca.» Su hijo, con la cabeza encajada entre los dos asientos, permanece en silencio.

Bratislava, por segunda vez este invierno.

Por compromisos profesionales en Praga, tuve que declinar la invitación de Divadlo Meteorit para el primero de marzo. Róbert Csontos, su director, me había invitado a Sueño de una noche de verano. Es a mediados de este mes cuando al fin nos conocemos. Csontos me deleitará este mediodía con una buena charla en torno a un opíparo almuerzo en un restaurante de ambiente íntimo del centro de Bratislava, muy cerca de su teatro. Divadlo Meteorit es un teatro joven. Irrumpió en la escena eslovaca dos años atrás, con el firme propósito de convertirse en la sede permanente de una compañía permeable al trabajo in sito de escenógrafos, vestuaristas, artistas visuales, coreógrafos y músicos contemporáneos de todo el mundo.

«Resulta muy excitante unir las culturas de varias naciones en un único espectáculo», sostiene Csontos. «Abrimos el teatro en 2008. Antes de pensar en inaugurar nada estábamos en pleno proceso de montaje de Las bacantes de Eurípides. El montaje iba a ser una creación colectiva entre artistas procedentes de Chequia, Eslovaquia, Estados Unidos y Hungría, pero al comenzar a ensayar aún no tenía ni idea de dónde estrenaríamos. Iba buscando el lugar adecuado en Bratislava y tuve la suerte de dar con un espacio industrial genial, y además muy céntrico. Pero ese espacio estaba completamente vacío y, de repente, me encontré de pleno en una aventura sólo apta para locos: en los dos meses en los que se suponía que debía preparar Las bacantes, me sentí en la necesidad de crear, asimismo, un teatro. Colocar el escenario, equiparlo con todo el equipo necesario, instalar un auditorio, las butacas, luz, el sonido, todo... Pero estábamos conquistando el tiempo. Lo último que hicimos fue tapizar el teatro y logramos estrenar e inaugurar un nuevo teatro al alimón. Considero esos dos meses como los más intensos de mi vida.»


La aventura persiste en la actualidad: «Me gustaría que Divadlo Meteorit se convirtiera en un lugar de encuentro donde durante todo el año se citaran artistas únicos para inspirarse entre sí y crear.»

Csontos ha sido siempre una persona con arrojo. A la edad de catorce años decidió ser actor de cine y escribió a un director de Hungría contándole sus propósitos. Tardó un año en recibir respuesta pero la espera valió la pena. Csontos aún conserva esa carta. El director húngaro recibió la solicitud de Csontos en una época en que se encontraba dándole vueltas a una nueva película que le planteaba un único inconveniente: no daba con el chico adecuado para el papel protagonista. Y, providencialmente, llegó la carta de Csontos. Al cabo de dos años, el rodaje finalizó con Csontos encabezando el elenco y la película se convertiría en una pieza muy conocida de la cinematografía húngara.

El repertorio de Divadlo Meteorit comprende obras clásicas y modernas siempre dirigidas hacia un público del siglo XXI. «Me encanta montar obras de Shakespeare pero también el teatro contemporáneo. Cuando leo una obra, para mí es suficiente si una frase me llama la atención. Entonces comienzo a fantasear, es decir, a trabajar con ella. Sólo puedo montar las obras que me fascinan, obras que hablen al público. Me siento muy afortunado porque nunca he tenido que montar una obra que no me gustara.»

A menudo Csontos se plantea la necesidad de aportar algo nuevo al arte dramático, aunque opina «que no es necesario perseguir con agresividad ese algo nuevo, lo importante es vivir y experimentar a través de la sensibilidad. En el escenario debemos existir, no interpretar. Por ese motivo no me gusta el término actor. Cada ser humano puede despertar ese algo nuevo en nuestro interior, esos nuevos colores. Creo en los sentimientos humanos y creo que los colores de uno mismo, de nuestra alma, de nuestra psique son un espacio sin fin. Siempre procuro que mis colegas –actores– no teman dar con nuevos colores en su interior. Sé que mucha gente dice lo mismo, pero con frecuencia sucede que la gente alega: “Sí, sí, estamos buscando, nos estamos dando cuenta de ello...”, pero, ¿es cierto?, ¿es real? Si fuéramos capaces de reflexionar sobre ello y convencernos de su plausibilidad, seguro que podríamos empezar a ver las cosas de otra manera. Es un proceso muy sencillo pero al mismo tiempo muy difícil y que requiere tiempo. Y desde que nacemos, el tiempo corre. Existir con un compañero sobre un escenario es como un bello y intimísimo acto de amor. A alguna gente les basta el sexo con calidad, como cuando los actores existen uno al lado del otro, pero yo creo en el amor verdadero. Para conseguirlo necesitamos mucho tiempo, tiempo para nosotros, para conocer a nuestro compañero y el espacio. En la escena debemos crear un mundo que exista, en el cual existan esos personajes que el autor fabuló y donde todo tiene su razón de ser. Si los actores están conectados entre sí y en esa situación concreta existe y se mantiene una energía alta y persiguen sus objetivos, el público no se inquieta ante un lenguaje que, aunque no entienda, puede sentir. En ocasiones puede ocurrir incluso que la gente no se dé cuenta de que no entienden el lenguaje de la obra; sin embargo, lo sienten todo. Pero claro, también debemos contar con un público sin prejuicios».

»En cierta ocasión nos invitaron a actuar en una pequeña ciudad eslovaca, en un pequeño teatro. Antes de la actuación, a escasos minutos de empezar, vino el director del teatro y nos contó que su público era gente muy básica y que aquella velada sería un gran error y un escándalo porque no entenderían nada. Esto me produjo una gran desazón a escasos minutos de empezar. Tengo que decir que aquel día es hoy uno de mis recuerdos más queridos. La gente de aquella pequeña ciudad se mantuvo atenta durante toda la representación y al final recibimos una ovación con el público de pie. Nunca podemos subestimar al público porque si algo es de verdad, se transmite.»

La despedida con Csontos es precipitada, he perdido la noción del tiempo y Elena Fla
šková me había concertado una cita con Peter Pavlac, autor y dramaturgo del Teatro Nacional Eslovaco (SDN). Llego media hora tarde. Pavlac me espera pacientemente en el vestíbulo del nuevo edificio del complejo teatral, inaugurado en 2007, con su impresionante fachada que asemeja un hemiciclo romano.

Pavlac, nacido en 1976, estudió también en la VŠMU, dirección y dramaturgia. Autor de varios textos teatrales propios y adaptaciones, también destaca en otros géneros como escritor: por su libro de relatos cortos Hra na smiech (Obra sobre la risa) sería premiado en 2001 por la Fundación Literaria Eslovaca. Escriben quienes le estudian que su escritura bebe de las fuentes del postestructuralismo, del budismo, del teatro del absurdo y del existencialismo, y que en todas sus obras destaca la música como elemento relevante. Al preguntarle sobre qué destacaría del SDN, Pavlac no se anda por las ramas.

«En el SDN contamos con una escuela interpretativa muy particular que se basa en dos tradiciones e influencias: por un lado, el este, la tradición de Konstantín Stanislavki, y por el otro, el oeste, la de Brecht. Eslovaquia se encuentra en una suerte de frontera, con lo cual nuestros actores son capaces de recurrir a ambos estilos en casos muy especiales.»

Pavlac hace una pausa y prosigue con otra cuestión: «Existe un dicho acerca de la imagen conservadora del SND que no estoy seguro que se pueda traducir literalmente... Se dice que cuando comienzas a trabajar en el SND, la única forma de irte es con las piernas por delante, lo que significa que una vez entras aquí, permanecerás en el puesto hasta el fin de tus días... Bastante cruel, pero real... Por supuesto, actualmente estamos poniendo mucho empeño en cambiar esta imagen.»

El mes que viene, seguimos conversando con Pavlac en el vestíbulo del Nacional.

Carlos Be, Artez 156/2010

Fotografías: Róbert Csontos | Las bacantes de Eurípides (Divadlo Meteorit) © Anett Kállai Tóth

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