Diario de Origami: Siete días y siete noches de teatro

Praga, 26 de marzo de 2010

Cumpleaños de Vilma. Sobre el escenario, el jardín se conforma lentamente. Al compás de una coreografía sinuosa, los actores viajan por imágenes precisas y él, el manipulador, se convierte en la marioneta. La cabeza de Aldo entre las fauces de las manos de Klaudie... Klaudie y sus flores lentas, Klaudie y sus nenúfares carnívoros.

Por la noche, concierto de The end of colours en Carpe Diem. Nos reunimos gran parte del equipo, nuestra primera salida conjunta. Pavel, desde el escenario, ruge con Light my fire. Genial.

Praga, 27 de marzo de 2010

Día Mundial de las Artes Escénicas. Buenas noticias desde Madrid: Un minuto de teatro ha sido un éxito de público. En Praga, pasamos toda la mañana atrapados en un atasco de tráfico. Una media maratón corta la ciudad en dos y ningún policía sabe indicarnos cómo llegar al otro lado. “Si he de serles sincero, no lo sé”, responde el único policía que no huye de nosotros al bajar la ventanilla. En fin, Absurdistán que no falla. Como dicen los propios checos, en un alarde de ese particular sentido del humor que tanto les caracteriza: “¡Bienvenido a Praga!”. 

Almuerzo en Konírna. Este restaurante de Malá Strana se convierte en un terrible cepo para turistas. Poseen tres cartas con platos idénticos pero precios distintos. La carta más cara es para los visitantes más desorientados. La segunda, para extranjeros que vayan de listillos. Y la tercera, la más barata, se reserva para los checos. Eso sí, su cocina compensa tanto obstáculo. De cualquier modo, en esta ciudad no hay nada como ir acompañado por un checo. La ciudad se descubre. Sigue leyendo en Artezblai


Fotografía: Othello (Richard Kročil y cuerpo de baile del Teatro Nacional Checo) © Pavel Hejn

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