Diario de Origami: Mis cenizas serán las palabras esparcidas en los libros

Praga, 30 de abril de 2010

En el umbral del estreno me requieren que cuente de qué va la obra. Y yo qué digo ahora. Bastante he tenido con resolver las diferencias entre el director y el autor. Mientras me debato en busca de la respuesta, desde el escenario los actores, bajo las pieles de sus personajes caleidoscópicos, me sonríen con condescendencia. Sus dientes brillan como pétalos blancos.

Origami es la historia de un beso. Un beso entre dos niños de siete años. Desde su origen y las causas que lo motivaron hasta el reencuentro y el recuerdo súbito que todo lo vuelca. Origami es, salvando las distancias que no son pocas, es como Hamlet pero con un final distinto. En Origami, Hamlet no muere al final. Tampoco su madre. Ni Ofelia. Sobreviven. Lo logran. A pesar de todo. Sólo muere Laertes. Exterminado. Como Hamlet pero con un final distinto, salvando las distancias, repito. Pero qué más dan las interpretaciones. Sigue leyendo en Artez

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