Belgrado, genius loci teatral

© Atelje 212

Tras la última función de Origami en Letní scéna, de Praga a Belgrado en un santiamén. El mundo no para de crecer y sus teatros alumbran las pupilas de los soñadores. Tengo una cita secreta con la siempre encantadora Ana Vehauc en Srpska kafana, la Taberna Serbia. Reconozco la calle enseguida, Svetogorska. Hace muchos años de mi última visita a Belgrado y la verdad es que la ciudad ha cambiado mucho pero sigo acordándome de aquella persona, pues al fin y al cabo somos las personas las que hacemos los países y no los países a las personas de la misma manera que somos las personas quienes hacemos el teatro aunque, a diferencia de lo que ocurre con los países, en el teatro no existen fronteras, por mal que les pese a algunos. Decía que sigo acordándome de aquella persona que caminaba sola por Svetogorska y de su locura llena de cordura, una cordura en la locura que me reveló, en un inesperado fogonazo de lucidez, lo que hay más allá de uno mismo. Más allá de uno mismo siempre hay más de uno mismo: lo propio, aunque insospechado.

Aquella persona era un hombre que rondaría los cincuenta años y sí, sin eufemismos, estaba loco. Era un loco. Y, además de loco, era sordomudo. Se sabía que era sordomudo nada más verle pues se comunicaba por lenguaje de signos, una ostentosa coreografía silenciosa que enredaba el aire, y se sabía que era un loco porque hablaba solo. Afortunadamente para él, su interlocutor invisible le entendía a la perfección porque su interlocutor, inexistente para todos los demás, existente sólo para él, también comprendía y hablaba el lenguaje de signos. Y es que la locura no tiene límites, por ello abarca incluso la cordura.

Ana Vehauc me recibe poniéndose en pie y corriendo hacia mí. Nadie diría que esta mujer tan afable y dicharachera es puro enigma serbio. Su misterio es interior, se oculta en sus perfiles. Nos sentamos en la mesa y enciende un cigarrillo. “Bienvenido a Belgrado”, sonríe. Me pregunta si he estado alguna vez en Srpska kafana. Respondo que no, que conocía la calle, pero no la taberna. “En Srpska kafana se reúnen los actores después del teatro, es su lugar favorito de encuentro, y no sólo los actores. Aquí también se dan cita bohemios de todo tipo. Comprobarás enseguida que el menú es un menú típico serbio, muy normal, cepavpici, sarma, teleca corba, pero exquisito. No te preocupes, pediré yo, te encantará. No resulta muy glamuroso pero el genius loci del teatro está aquí, vive aquí, nos acompaña, ¿lo notas?” Sí, es verdad, se nota.

Después de ponernos al corriente de las vidas, Ana me cuenta que muy cerca del restaurante, de hecho dos puertas más allá, está el teatro Atelje 212 (Atelier 212): “En el escenario de Atelje 212 se entreveran las figuras más emblemáticas del teatro yugoslavo y serbio de después de la guerra. Después vamos, ahora a comer”.

© Atelje 212

Atelje 212 tiene más de medio siglo de historia. Se inauguró el 12 de noviembre de 1956 con Fausto de Johann Wolfgang von Goethe, dirigida por Mira Trailovic. La representación tuvo lugar en la primera sede del teatro, una pequeña sala del Edificio Borba, que acogía las oficinas del periódico oficial de la Liga de Comunistas de Yugoslavia durante la República Federal Socialista (1942-1992). Las doscientas doce sillas dispuestas enfrente del escenario regalaron el nombre a un nuevo teatro para la capital serbia. En la actualidad el teatro se encuentra en un nuevo edificio diseñado por Bojan Stupica y el techo móvil del teatro permite en verano realizar funciones al aire libre sin necesidad de cambiar de escenario.

El núcleo fundacional del teatro lo formaron actores, directores, escritores y músicos que sentían la necesidad de importar a Yugoslavia las nuevas tendencias dramáticas que estaba imponiéndose en el resto de la Europa a mediados del siglo XX. Los antecedentes inmediatos a la apertura de Atelje 212 nos remontan al verano de aquel mismo año, 1956. En el taller del pintor Mica Popovic, sobre un destartalado escenario improvisado, se estrenó Esperando a Godot de Samuel Beckett ante cuarenta espectadores. El evento fue totalmente clandestino: la obra de Samuel Beckett estaba prohibida en todos los países bajo el régimen comunista. Tras la presentación de Fausto, el director de Esperando a Godot, Vasilije Popovic, llevó la obra al Edificio Borba y, con el tiempo, aquel escenario se convertiría en su hogar. A pesar de la censura, la obra consiguió un enorme éxito y facilitaría la entrada a Yugoslavia de las primeras obras de muchos autores del modernismo y el vanguardismo como Arthur Adamov, Albert Camus, T. S. Eliot, William Faulkner, Jean Genet, Eugène Ionesco, Alfred Jarry, James Joyce, Arthur Kopit, Harold Pinter, Tadeusz Rózewicz, Jean-Paul Sartre, Murray Schisgal y Roger Vitrac. Asimismo, en Atelje 212 también se descubrieron autores nacionales como Brana Crncevic, Dusan Kovacevic, Milena Markovic, Aleksandar Popovic o Biljana Srbljanovic, cuyas obras se caracterizarían por la sátira social sin concesiones, motivo que perdura en el repertorio actual del teatro que sigue apostando por obras que traten cuestiones relevantes tanto de la época actual como de la sociedad en que vivimos. En esta temporada 2009-10 tomaron el escenario creaciones de Tena Stivicic, Maja Pelevic, Jordan Cvetanovic, Aleksandar Radivojevic, Milica Piletic, Milan Markovic y Dusan Spasojevic, por citar tan sólo a la parrilla de autores nacionales.

Los primeros directores de Atelje 212 fueron Rados Novakovic, Bojan Stupica -también docente, de reputación legendaria- y Mira Trailovic. Por su parte, los actores otorgaron a Atelje 212 un estilo de interpretación característico y particular que llegó a denominarse como “ateljeovski”.

La dirección del teatro crearía en 1967 el festival teatral Bitef que este año alcanzará su 45 edición. Por su programación han pasado artistas de talla de Eugenio Barba, Samuel Beckett, Ingmar Bergman, Peter Brook, Merce Cunningham, Rodrigo García, Jerzy Grotowski, Tadeusz Kantor, el Living Theatre, Robert Wilson, mi venerado Jan Fabre o los catalanes Núria Espert y La fura dels baus. Siempre atento a las últimas tendencias, en las décadas de los sesenta y los setenta el Bitef ofrecería a sus espectadores algunos de sus experimentos muy osados que perseguían la destrucción de todas las formas dramáticas, junto con grandes logros clásicos y muestras de teatro tradicional oriental. En los ochenta y noventa predominarían los montajes posmodernos de teatro y danza, a pesar de las condiciones político-económicas de crisis y embargo, lo cual les valdría el Premio Especial del Premio Europa per il teatro 1999. En la edición de 2009 llevaron a Serbia, entre otros espectáculos, el Tío Vaina del Deutsches Theater de Berlín, Isabella's Room y The deer house de Jan Lauwers & Need Company, Frankenstein-Project de los húngaros Kornel Mundruczo e Yvette Biro, Tristi Tropici de Virgilio Sieni o Las tres hermanas del Teatro de Moscú OKOLO - La casa de Stanislavsky.

Ana se pone de nuevo en pie y llega Gordana Goncic, dramaturga de Atelje 21, que se sienta con nosotros y nos acompaña en los postres antes de ir a ver la función de hoy. Goncic me dice que existen tantas historias que contar acerca de Atelje 212 que jamás llegaríamos nunca al teatro. Justo ahora acaba de publicarse el segundo libro de memorias del actor Milan Mihailovic titulado Uspomenar. El libro relata la vida contenida entre las paredes de este teatro, en cuyo buffet se han reunido y se reúnen escritores muy respetados en el país: Dragoslav Mihailovioc Mihiz, Danilo Kis, Borislav Pekic, Dragoslav Mihajlovic, Bogdan Tirnanic o Dusan Otasevic. “El buffet de Atelje 212 fue una gran escuela de la vida y el arte y algunas de las decisiones más relevantes sobre el futuro del teatro se tomaron aquí”, afirma Goncic.

© Atelje 212

Goncic no escatima elogios al hablar de su teatro. “Esta temporada pasada se tituló Revolución y se llevaron a cabo nueve estrenos. El actual director del teatro, Kokan Mladenovic, presentó el acontecimiento teatral más importante de esta temporada en Belgrado y Serbia, el montaje de Hair. Hair ya se había montado anteriormente en Atelje 212, en el año 1969, justo después de los estrenos en Broadway y Londres, y fue la primera producción de la obra de James Rado y Gerome Ragni en esta parte de Europa. Los dos autores asistieron al estreno y salieron muy entusiasmados. Cuarenta años después, Hair vuelve a Atelje 212 despertando gran interés por parte del público. En cerca de cuatro meses han visto la obra más de 15.000 espectadores y el montaje ha inaugurado los dos festivales más importantes del país: Sterijino pozorje en Novi Sad, la segunda ciudad más importante de Serbia, capital de la provincia septentrional de Voivodina, y City teatar en Budva, en Montenegro. Este nuevo Hair se emplaza en el presente, en el año 2010, y su dirección busca una colisión frontal con la realidad en la que vivimos y no sólo en el ámbito de Serbia, sino en el mundial. Esta pieza quiere ser el receptáculo que acoja el grito de una nueva generación. El Let the sunshine del final de la obra es una sublimación de nuestras posturas y un grito formal de esta nueva generación teatral, pero también para la generación de toda la gente del mundo.”

Es hora de ir al teatro. El mes que viene seguimos en Serbia.

Carlos Be, Artez 160/2010

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