Luis Cano, el destino que aguarda (actualizado)

Luis Cano - Fotografía de Luis Belotti
Actualización (12 de junio de 2013): La Revista Llegás entrevista a Luis Cano. Os dejo con este interesante documento.

Más abajo, encontraréis la entrevista que realicé al autor y director teatral en octubre de 2010 para Artez.



* * * 

–No podés matar a tu padre.
–Yo estudié artes, no leyes.

Comedia de un hijo

Esta cita de Luis Cano abre mi cuaderno más reciente. Hay que ser muy cuidadoso con la primera página de una nueva etapa. Hay que amar la hoja que antecede al futuro.


La primera vez que supe acerca de Cano fue gracias al blog de Carlos Ianni. El director de CELCIT había colgado una entrevista al autor realizada por el diario Página/12. De aquella entrevista celebré en particular la siguiente declaración: “Cada vez que escucho que alguien dice que una obra mía es hermética siento que baja una persiana, que se está negando a tener otro tipo de experiencia”.i Sus respuestas resonaban con una fuerza inusual en aquel medio. No tardé en hacerme con algunos de sus textos y las expectativas no sólo se confirmaron sino que se vieron superadas con creces. Las palabras de Cano paren bajo la mirada de uno, harto preñadas de teatro, desvirgadas sobre el papel por un puño tenso que se amarra a la verdad como si en ello le fuera la vida y a algo más que late entre líneas, algo sobrecogedor que aún no acierto a concretar con otro término que no sea bondad: una bondad intrínseca. No se trata de sabiduría, que también abunda en su obra, sino de aquello que el escritor se deja en el papel al escribir, su sacrificio, algo de una pureza tal que por su excepcionalidad elude incluso los preceptos del tiempo.

–Me decepcionaste. Es culpa tuya que te haya pegado. Te voy a dar tiempo para que te portes mejor. Así la próxima vez que nos veamos... ¿Sí?, ¿sí?

Mecanismos del cortejo

Cano nace en Sáenz Peña, Argentina, en 1966. Se forma como actor y su entrée oficial en la autoría dramática llega con El aullido en 1993. En la actualidad cuenta con una profusa bibliografía que rebasa el medio centenar de textos, merecedores de numerosos galardones: entre otros, el Premio Internacional Jorge Luis Borges, el Premio Nacional de la Secretaría de Cultura de la Nación, el Premio Nuevas Obras de Autores de MERCOSUR y el Premio Municipal del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En España, por desgracia, sólo se han publicado un par de textos suyos: El aullido (Editorial Media Vaca, 1997) y Un canario (en Teatro americano actual, Editorial Casa de América, 2001) y sus montajes siguen inéditos en la piel de toro.

Cano es un artista teatral completo: un divadelník, dirían los teatreros bohemios. No sólo escribe sino que también se prodiga como director y docente, además de producir y traducir. Durante tres años participó en la creación del posgrado de dramaturgia del Departamento de Artes Dramáticas del Instituto Universitario Nacional del Arte y a fecha de hoy imparte, en este mismo centro, el último curso de dirección teatral de la licenciatura de Dirección Escénica. Como autor y director, en cada una de sus creaciones articula una filigrana compositiva que encuentra su caja de resonancia en los cuerpos aislados de los lectores o espectadores. En ningún caso su teatro supone una experiencia baladí, por ello el vuelo que alcanza sobre las tablas no es siempre plato del gusto de todos. Con motivo de Coquetos carnavales, su último espectáculo estrenado en el año 2009, el crítico e investigador teatral Federico Irazábal escribe: “La palabra de Cano al mismo tiempo que surge estalla, implosiona. Se derrumba sobre sí y sobre la estructura que la contiene, el lenguaje, con un objetivo claro: dejar en evidencia el soporte ideológico que la soporta luego de aniquilarle el ropaje de simple objeto comunicacional”. A la hora de opinar sobre las obras, el autor decide mantenerse en un modesto segundo plano: “Mis obras son erróneas porque mi relación con el teatro es equívoca. No soy un artista que sabe lo que hace ni lo que quiere. Tuve suerte. Tuve la suerte de que otros tomaran mis errores como propuestas. Mucha gente en Buenos Aires piensa que soy hermético, y es una suerte porque están disculpando mi torpeza, haciéndola pasar por estética.”

–Las paredes cubiertas con cartones de cajas de huevos atenuando los gritos. Disparos. Descerrajar un tiro. Despachar. Eliminación del cuerpo material. Escoria. Exterminar. Extinguir. Extirpar. Fosas comunes. Aniquilar. Bandera de sangre. Bautismo de fuego. Borrar. Comando especial. Comida de pescado. Cumplimiento del deber. Degollar. Fusilamiento en masa. Grupo de tareas. Incineración. Inmersión. Quema de libros prohibidos. Lanzamiento al mar. Liquidar. Pacto de sangre. Parrillar. Pasar por las armas. Proceso de reorganización nacional. Rociar. Sofocar. Solución definitiva. Tomar medidas. Tratamiento especial. Tributo de sangre. Argentina-Gol.

Los murmullos

Al leer a Cano uno tiene la sensación de encontrarse frente a un umbral ignoto. Muchas puertas conducen hacia el destino del teatro y Luis Cano, de repente, nos abre desde dentro. Si decidimos avanzar, el suelo cede y su mirada se convierte en la nuestra, una mirada propia insólita que al principio cuesta reconocer como propia. Su intención, “dejar en el espectador la inquietud necesaria para el pensamiento crítico”, logran verbalizar las investigadoras teatrales Azucena Joffe y María de los Ángeles Sanz.ii Daniel Veronese le considera su “hermano 'de tinta'”iii e Irazábal retoma la palabra: “Él transita por senderos linderos con el abismo y nos obliga a mirarlo. Es poeta y maneja el lenguaje. Es director y maneja los tiempos y el espacio. Es actor y maneja las emociones que simula. Es dramaturgo y maneja el mundo que construye”.iv Pretender contenerle, siquiera en una de sus múltiples facetas, resulta en vano: Cano se revela inabarcable incluso en sus fracciones.

“Sé que todavía no conseguí escribir como soy”, declara el autor. “La mayoría de las veces me parece que no pude lograr mis obras. Otras sí, las menos, y se trata de una comprobación muy personal: haber logrado estar un poco ahí, presente en esos textos. Yo sólo quiero poder vincularme de manera directa, inmediata. Pienso que hay obras que me esperan –para escribirlas cuando tenga tiempo–. Escribir es avanzar para lograr ver lo que antes no podía.” Pasmo, vértigo y admiración ante acotaciones escénicas del calibre de: “Medias tramadas sobre el slip”,v o: “Teresa 1, vestido negro con esqueleto pintado, se arranca pelo” mientras recita “No me gusta esta forma en mi cabeza. Adentro está tan desordenado”.vi Durante mucho tiempo Cano sometió sus obras a una evolución constante, nuevas versiones, procedimiento que se ha visto modificado en estos últimos años. “Ya no siento la necesidad de reescribir cuando la obra logró convertirse en foto vieja”. En contra de lo que cabría esperar, su dramática no está exenta de humor. También son frecuentes los personajes que adquieren conciencia teatral, como el propio autor que se personifica en escena en múltiples ocasiones.

–Nada cierto en lo que digo, pero cada cosa que digo se vuelve cierta en escena.

Pieza para técnico de sala

En Coquetos carnavales, Cano persigue, de nuevo, una experiencia distinta para el espectador, independiente del tiempo en que vivimos, alejada de las percepciones regidas por los medios de comunicación. “Me interesa vincularme con el público de hoy, pero quiero hacerlo sin por eso tener que admitir cuáles son los cánones de comunicación validados. En algún momento el tratamiento paródico fue poner en duda la palabra del poderoso, y hoy la parodia es un discurso legitimado, de los más difundidos. Coquetos pone en escena algo festivo, lúdico, ritual, y no un discurso, o un sentido explícito [...] Para mí, el desafío, hoy, es captar al espectador, pero en los términos de la obra, no de acuerdo al sentido común de una época con la que no estoy de acuerdo”.vii Jean Genet refería que la dificultad era la cortesía del autor con su público. “Alguna vez estuve después de la función con amigos que fueron a ver mi obra, y me acuerdo cómo nos quedamos callados y sonrientes. Me acuerdo la mirada brillante de mis amigos”, relata Cano. ¿Acaso han reconocido, tal como solicita el autor desde su fuero interno, esa “belleza que nos rompa la calma”?

“Mi escritura es un animal agazapado”, concluye Cano. “La imagen del animal intenta mejorar lo que mi escritura no logra ser. Ese animal agazapado me dicta. Todavía no pude verlo de cuerpo entero. Mucho menos correr y moverse. Solamente lo conozco entreviéndolo escondido. La imagen del animal me viene bien porque soy simple. La gente que no me conoce no sabe lo simple que soy. Soy alguien corriente metido a hacer algo complejo. El teatro es complejo. Yo a veces me visto de teatro para disimular mi sencillez. Mi barrio natal es Sáenz Peña. Es también mi territorio mítico, donde viven muchos de mis personajes. En Sáenz Peña –no sé si el verdadero o el inventado– yo tomaba agua de la zanja. El animal de mi escritura se avergüenza de salir y mostrar cómo le gusta tomar agua de la zanja. Desde Sáenz Peña el teatro era un lugar elegante. Había que comprarse traje para ir a ver a una obra. Espero hacer que el animal agazapado algún día pise la escena, a pesar de la ropa que lleve.”

i Berlanga, Ángel (2009). Un fantasma en el teatro: Luis Cano, el díscolo de la nueva dramaturgia. Página/12, 23 de agosto.
ii Joffe, Azucena; Sanz, María de los Ángeles (2009). Mecanismos del cortejo (2009), de Luis Cano: Un teatro desde y para la reflexión. Afuera. Estudios de crítica teatral (6).
iii Trastoy, Beatriz; Zayas de Lima, Perla (2006). Lenguajes escénicos (274, nota). Buenos Aires: Prometeo Libros.
iv Irazábal, Federico (2004). Luis Cano: De poeta y de loco... Cuadernos de Picadero (2).
v Cano, Luis (2005). Deriva. En L. Cano, Efectos de escritorio (140). Buenos Aires: Aurelia Rivera Grupo Editorial.
vi Cano, Luis. Partes del libro familiar (dialogía) (2007). En R. Aramburú, L. Cano, A. Gatto, S. López, A. Muñoz, H. Roca, Teatro/7 (44). Buenos Aires: Editorial INTeatro.
vii Berlanga, Ángel. Op. cit.

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