Artez - El síndrome de Asperger: Las raíces perdidas de Albania

Blanche Neige © J. C. Carbonne

El pasado mes de diciembre, el Ballet Preljocaj varó con su Blanche Neige (Blancanieves) un fin de semana en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria. Los asistentes pudieron disfrutar del saber hacer de una de las compañías de danza contemporánea más singulares del momento, el Ballet Preljocaj, conocido también como Centro Coreográfico Nacional de Provenza-Alpes-Costa Azul, de la Comunidad del País de Aix, de Aix-en-Provence y del Departamento de las Bocas del Ródano.

Tuve la oportunidad de acudir a ver esta obra unos pocos meses antes en París. Me acompañaba Radka Leitmeritz, fotógrafa checa de prestigio internacional que reside en la capital francesa con su pareja artística, René. Recuerdo como si fuera ayer la conversación que mantuvimos a la salida del Théâtre National de Chaillot, de camino al restaurante Au clair de lune, en la falda de Montmartre, donde nos esperaban unos amigos. En la terraza esquinada y bajo un cielo despejado les contagiamos nuestro entusiasmo por la representación y a fecha de hoy todos la han visto ya. Brindamos por Angelin Preljocaj, coreógrafo y director artístico de la compañía, y “por su ballet elegante, moderno y estéticamente único”, acompasado por Gustav Mahler y engalanado de Jean-Paul Gaultier. En aquella temporada aún no sospechaba que el teatro huía desde hacía años del País de las Águilas, y huía en estampida, con las raíces arremangadas apresuradamente por encima de las rodillas, tan lejano ya del eco de aquel hombre que lograra, con su nombre, ensalzar en el mundo entero el talento de su tierra, ahora asolado: el actor Aleksandër Moisiu.

Como Preljocaj, oriundo del Sucy-en-Brie de 1957, Moisiu nacería de padres albaneses en una ciudad distante a sus orígenes, en su caso la Trieste austrohúngara de 1879. El padre del actor era albano y su madre arbëreshë, una comunidad albanoparlante del norte de Italia. Moisiu destacó enseguida como intérprete y no tardaría en trasladarse a Viena, donde le bendeciría el éxito y no le abandonaría hasta su fallecimiento en la Viena fascista del canciller Engelbert Dollfuss de 1935. En vida, Moisiu transitaría por los escenarios del Burgtheater de Viena, el Neus Deutsches Theater de Praga y el Théâtre Allemand de Berlín. Le agasajarían con sus críticas Luigi Pirandello, Anatoli Lunacharski, Franz Kafka o Max Brod, quien diría sobre el actor: “Hamlet fue escrito para Moisiu del mismo modo que Moisiu nació para interpretar el príncipe de Dinamarca”. Moisiu también sería designado sucesor del portador del Anillo de Iffland, reconocimiento que desde principios del siglo XIX se concede en cargo vitalicio al mejor actor en lengua alemana, aunque nunca luciría la joya por no sobrevivir a su antecesor, Albert Bassermann. Y Hollywood también estuvo allí, cómo no. Pero Moisiu, símbolo internacional de la cultura albanesa, no tardaría en convertirse en el icono de una premonición, el exilio del talento nacional. Tras sus pasos, encontramos a personajes escénicos como Preljocaj, John y James Belushi, el director Stan Dragoti o el propio nieto de Moisiu, Gedeon Burkhard, más conocido en España por encarnar desde el año 2000 al comisario Brandtner en la serie de televisión austríaca Kommissar Rex.

© Genti Bejko

Genti Bejko es un joven autor y director albanés de 31 años procedente de la ciudad de Fier, al sur del país, y es todo simpatía y afabilidad. En 2002 se graduó en Dirección en la Academia de Artes de Tirana y actualmente dirige una sitcom semanal televisiva: Apartamento 2XL. Bejko acaba de recibir el Premio a la Mejor Película en el Festival de Cine 48 Horas de Tirana por el falso documental La pareja perfecta, escrita por Koloreto Cukali y dirigida y producida por él mismo. Bejko no tiene pelos en la lengua a la hora de referirse a la mala salud de un sistema teatral enfermo: “La formación en artes escénicas en Albania es una combinación entre el sistema teatral oriental y el occidental. Entre comillas, un cóctel de Konstantin Stanislavski con Bertolt Brecht promovido por los últimos veinte años de transición económica y política que ha vivido el país. Como resultado de una pobre política cultural por parte del gobierno actual y sus predecesores, predominan las producciones con presupuestos bajos o inexistentes, a lo que se suma el hecho de que en la mayoría de las ciudades exista únicamente un solo teatro, y no siempre operativo”. Tirana, relata Bejko, sería la excepción, aunque tampoco sea para lanzar cohetes. “En la capital contamos con escenarios pero no tenemos un apoyo gubernamental real. Solamente existen cuatro instituciones legales: el Teatro Nacional, con dos escenarios, el Teatro Nacional de Ópera y Ballet, que suma otro escenario más, el Teatro Municipal, con dos pequeños escenarios, y la Academia de las Artes, cuyo espacio es utilizado sobre todo por estudiantes o los contratan como platós las televisiones nacionales.”

Bejko me confiesa su desazón mientras, a nuestro alrededor, las raíces que persisten a la vista se lamen sus heridas con pudor. “Vivimos en un mundo en el que la televisión arrasa a diario con el cine y el teatro. La gente se encierra frente a un monitor o un ordenador como tortugas robóticas. A cada día que pasa, nuestra condición como creadores se agrava.” Bejko comenta que en el ámbito de la producción, si las comedias padecen serios recortes presupuestarios, existe una falta de apoyo total al género dramático, lo que conlleva que muy pocas puestas en escena lleguen a buen puerto, siendo la mayoría de ellas de autores extranjeros. “Existen muy pocos autores albaneses y su calidad dista mucho de la de otros escritores europeos o internacionales.” Asimismo, el director deja entrever su malestar por la cerrazón de las obras y producciones originariamente albanesas, que deberían mostrarse más predispuestas a un público extranjero potencial, lo cual aumentaría, incuestionablemente, el atractivo de las propuestas. “En Albania nos enfrentamos continuamente a la presión de los medios de comunicación que promueven la basura y los seudo reality shows en una suerte de crimen en el cual los políticos, inconscientemente, trabajan en contra de los verdaderos valores del arte. Hay que permitir que estas duras palabras dejen de resonar como débiles en los oídos sordos de los responsables porque el motivo de que nuestro país se conozca para bien en el resto del mundo se lo debemos a artistas de la talla de Alexander Moisiu, los también actores Bekim Fehmiu y Tinka Kurti, la soprano Inva Mula, y más. El único camino para sanar este mundo y darle paz verdadera a la gente pasa por las puertas de la cultura. Estimulados por este pensamiento, mucha gente de teatro no ha dejado de viajar alrededor del mundo. El teatro no es propiedad de quien se lo inventó y no precisa prescripción como un medicamento. El teatro rebasa las leyes y las fronteras y alcanza cada corazón humano.” Suscribo tus palabras, Genti Bejko.

Mi interlocutor se distiende y le pido que me hable un poco acerca de su trabajo. “Aparte del teatro antiguo y las leyendas y los mitos, me siento muy atraído por Martin McDonagh, para mí el mejor dramaturgo irlandés en la actualidad. Ahí están también William Shakespeare, ¿cómo no?, y David Mamet, Tennessee Williams, Woody Allen y muchos más autores americanos, demasiados para mencionarlos aquí, pero la lección maestra sobre interpretación, la manera en que creo que un personaje debe actuarse radica en Antón Chéjov, quizás porque mi primer personaje importante fuera el doctor Astrov de El tío Vania. Chéjov es el autor que mejor muestra al actor el camino a seguir por su personaje a través del escenario, le acompaña en su auge y en su caída y recorre junto a él el laberinto del drama y la comedia hasta convertir este disfrute en algo esencial en el día a día. Pero simplemente se trata de mi opinión. En las obras que he dirigido siempre he partido de la máxima de brindarle al público lo que necesite. Intento prescindir de análisis más largos y exhaustivos que necesarios y trabajar con la obra directamente desde el escenario. El escenario es mágico y todo se rige por la interpretación. Hay que actuar, no sólo hablar de ello. Todo es sobre la experimentación. Creo que es importante no limitarse a producir un espectáculo sino crear algo que le aporte al público y le lleve a comprender, apreciar y disfrutar lo que recibe”.

“En mis obras”, puesto que Bejko también escribe, “intento mostrar, a partir de referencias clásicas, el cotidiano actual de nuestro país, siempre con la comedia y la tragedia juntas, de la mano, con diálogos y acontecimientos creíbles, puestas en escena dinámicas y escenografías ligeras. En Esperando a Ulises la acción se ubica en la Isla del Gigante pero la acción que que subyace en realidad bajo la indumentaria clásica son las fuerzas extranjeras que irrumpen incesantemente en nuestro viejo y pobre país con el propósito de modernizarlo. En la obra Hércules, un líder heroico ha abandonado a sus seguidores y familiares, quienes sufren el gobierno de un vulgar ladrón. ¡Hamlet, sigue el guión! no trata sobre el personaje de Hamlet sino sobre 'el sueño de una noche de verano' de unos actores amateurs que después del éxito de Píramo y Tisbe quieren montar Hamlet y el periplo que viven al enfrentarse a todo el despliegue de obstáculos muy reales con los que se topan habitualmente las producciones albanesas. Y por si fuera poco”, sonríe Bejko, “súmale que es muy difícil hacer reír a la gente en Albania. El humor albanés es muy particular, una mezcla de todas las culturas modernas europeas y americanas resultado del enorme flujo migratorio de estos últimos veinte años. El público aún se muestra muy reacia ante términos o situaciones 'sucios' pero no tanto ante el humor xenófobo u ofensivo. Sé que suena contradictorio. En mi opinión somos el público perfecto para una comedia negra que transcurre en forma de comedia muy blanca. ¿Es posible concebir algo semejante? Nosotros lo intentamos cada día.”

Muchas gracias, Genti Bejko.

Carlos Be, Artez 165/2011

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