Petr Zelenka: 'Escribir es comunicarse con Dios'

Petr Zelenka (a la derecha) con el director Martin Glaser - Fotografía de Jihočeské Divadlo


Una nueva noche de enero se cierra a mi alrededor mientras me adentro por las estrechas callejuelas nevadas del desaparecido barrio de Josefov, al norte de la Ciudad Vieja de Praga. Cruzo el umbral iluminado de la Casa Blů y reconozco de inmediato a Petr Zelenka sentado de soslayo en un rincón cerca de la entrada. Quienes pertenecemos a la misma calaña, en este caso la de los escritores, identificamos enseguida el latido que palpita bajo una piel en apariencia anodina, generalmente aséptica e inofensiva, pocas veces deseable y poblada de más o menos vello y con más o menos canas pero, eso sí, siempre más pálida de lo habitual y tan parecida al papel que acostumbra a tocar que no podemos ocultar los embates que la pluma de nuestra escritura produce al arremeter contra ella, desde dentro, en su pugna por emerger al mundo real: he aquí el latido que delata a los escritores.
El síndrome de Asperger regresa a Praga para celebrar sus dos años. En su recorrido ha dinamitado fronteras para descubrir que un territorio único más allá de las naciones es posible, el territorio de los teatros, y por tres veces se ha demorado con fruición en geografías humanas, auténticas revelaciones de la escena contemporánea centroeuropea e iberoamericana: ellos han sido Hubsi Kramar, Patrik Krebs y Luis Cano. Este mes de febrero en el síndrome contamos con el mejor de los regalos de cumpleaños: Petr Zelenka, quien podría considerarse, después del magnánimo Václav Havel, el autor contemporáneo checo más conocido internacionalmente y, sin lugar a dudas, el más premiado y estrenado de su generación. Por si fuera poco, Zelenka dirige sus propias obras y no sólo en teatro, también en cine. Su última película, Karamazovi (Los Karamázov), inspirada en el montaje homónimo que realizó Dejvické Divadlo de la obra de Fiódor Dostoyevski, recibió en 2009 los galardones a la Mejor Película y Mejor Dirección de la Academia de Cine checa.
La camarera nos sirve las bebidas. La Casa Blů es uno de los lugares favoritos de Zelenka. Aquí se reúne con sus amigos pero también le gusta venir solo para escribir. En la barra sirven los archiconocidos body-shots, aunque en realidad sean muy pocos los clientes que se atrevan a pedir uno. No resisto la tentación de caer en el tópico y le entro a Zelenka al trapo con mi primera pregunta: ¿qué prefiere, el papel o la cámara? Zelenka responde: “No me considero una persona demasiado visual así que, definitivamente, prefiero el papel a la cámara. Mis padres han sido también guionistas y siempre me habían dicho que escribiera, que no dirigiera, porque ellos consideraban que dirigir no era una ocupación creativa. Al empezar a dirigir, películas o teatro, llegué a sentirme mal por ellos. Y llevaban razón. Dirigir es dar órdenes y cooperar con otra gente. Escribir es comunicarse con Dios.”
Su última obra estrenada en Chequia es Očištění (Purgación), dirigida por Martin Glaser en Jihočeské Divadlo. La obra nació de un encargo realizado por Narodowy Stary Teatr de Cracovia en 2007. En Polonia rodaría también Karamazovi. Por lo visto, allí se le quiere mucho, lo cual no quita que sea también profeta en su tierra, donde se le representa sin pausa. En Praga, Teremin lleva seis años en el repertorio de Dejvické Divadlo, con el maravilloso Ivan Trojan a la cabeza del reparto, actor que también protagonizaría en 2001 y en ese mismo teatro el bautismo de fuego de Zelenka como autor y director teatral con la exitosa Příběhy obyčejného šílenství (Locuras cotidianas), obra que recibiría el premio más importante de la literatura teatral checa contemporánea, el Alfréd Radok, y permanecería en total nueve años en cartel.
Zelenka prefiere hablar de personajes antes que de temas o, dándole la vuelta a la pregunta, declara que sus temas favoritos son los intérpretes, “intérpretes en cualquiera de sus acepciones”, especifica, “gente que interprete la realidad: periodistas, gente que observa a otra gente, personas que no juzgan sino que tratan de entender y aprehender. Gente misteriosa. Por eso intento asociarme más a personajes que a temas. Pero si tengo que hablar de temas, mis preferidos serían: 'El mundo es un lugar extraño', 'la gente es bizarra', 'el amor tiene tantas formas y tantas caras'. Ahora mismo estoy con un guión sobre un loro que perteneció a Édouard Daladier, el primer ministro francés que firmó el Tratado de Múnich en 1938, el tratado que arrancó la II Guerra Mundial, aunque este sea un hecho que Francia no quiera admitir. El loro, ya con 95 años, es traído a Chequia y se le recibe como a una leyenda viviente, la memoria viviente de su maestro. Los checos organizan una rueda de prensa con él y se produce un gran revuelo porque el loro todavía repite frases de su maestro Daladier y no es que hable precisamente bien de los checos. Un periodista sensacionalista que persigue el escándalo secuestra el loro y comienza a organizar conferencias de prensas secretas con el loro sin darse cuenta de que, poco a poco, está enamorándose de él...”
Los seguidores de Zelenka disfrutan y aplauden sus textos directos, intelectualmente honestos, cargados de un sentido del humor muy particular y una capacidad innata para el absurdo. Radmila Hrdinová, una de las críticas más nobles del panorama teatral checo, escribe sobre Zelenka: “La virtud del texto de Zelenka es su economía y sus líneas formuladas aforísticamente que insinúan más que dar masticado”. Richard Erml lo compara con un cineasta de reconocido prestigio internacional en los siguientes términos: “La hipersensibilidad con que Zelenka examina y hace uso cómico de las anomalías humanas es una reminiscencia de la obsesividad autoirónica de Woody Allen”.
Retomemos. Nos habíamos quedado en la historia del loro con un rosario de cafés esparcido sobre la mesa y lo imposible a punto de quedar preso en la palma abierta del escritor. “Siempre parto de una situación concreta. Debe contener cierto carácter paradójico y un personaje que me despierte interés. Está bien si la situación es original y única y la paradoja, por sí misma, un tanto divertida. No creo en la originalidad de los personajes ni de las historias y argumentos, pero sí creo, en lo que a mí respecta, que todavía puede haber algunas situaciones 'nuevas', no descritas. También necesito sentirme un poco cabreado, sentir la provocación, la rebelión, tener la noción de que a alguna gente puede que no le guste lo que escriba pero a otros seguro que sí. Un poco de desazón siempre aguza y ayuda a encauzar mejor la mente.

Me considero uno de esos escritores que deberían ser rebeldes con la sociedad, de los que debieran criticar su gobierno, los políticos, las empresas, etcétera, pero esto se convierte en un problema cuando, por ejemplo, el Teatro Nacional te pide que le escribas una obra. Inmediatamente aparecen los sentimientos encontrados. Es un honor, sí, claro, pero el Nacional debería ser mi enemigo, ¿verdad? Es el sistema puro y duro, lo financian desde el Ministerio de Cultura, con lo cual, tengo la mente dividida, y para colmo puede que el director del Nacional haya sido mi compañero de escuela. A todo esto se suma que mi generación ha caído de cabeza en una trampa donde decíamos constantemente que no caeríamos, porque fuimos nosotros quienes hicimos la Revolución del Terciopelo y quienes construimos el Nuevo Orden de nuestro País, lo cual es una sandez, pero aún existen muchos artistas de mi generación que se lo creen y no pueden dejar de culpabilizarse a sí mismos por la vida tan miserable que viven.”
Quiero preguntarle acerca de la literatura teatral en Chequia, su salud. “En Chequia hay muy pocos escritores jóvenes o nuevos. El teatro para nosotros es algo como de museo. No es frecuente que alguien quiera cambiar el mundo escribiendo para la escena. No hay cursos de escritura teatral profesional: no se imparte en la Academia de Cine, ni siquiera en la Academia de Teatro, con lo cual está todo dicho. Sin embargo, la interpretación es algo muy popular. Si Dejvické Divadlo no me hubiera encargado una obra hace diez años, jamás se me habría pasado por la cabeza escribir teatro. No tenía ni idea que pudiera ser tan divertido, además que los textos viajan con tanta facilidad, traen tantas alegrías de vuelta, tan buena onda. Sí hay un par de escritores nuevos interesantes, David Drábek e Iva Klestilová, aunque la mayoría pertenecen a la generación de los sesenta.” ¿Y sus escritores favoritos? “Creo que Patrick Marber, a pesar de ser una estrella, es muy grande. Mi dramaturgo británico favorito es Michael Frayn. Su Copenhague es mi obra de cabecera. Y Tom Stoppard también es mi héroe.”
La noche ha entrado en la Casa Blů y nos apremia a recogernos en las respectivas casas. Antes de acostarme, paso a limpio las anotaciones de la entrevista, si lo dejo para mañana no me entiendo la letra. Subrayo la frase que se convertirá en el título del reportaje: “Escribir es comunicarse con Dios.” Después me fijo en la mano, más pálida de lo habitual, y algo palpita en su interior.
Obra teatral y fílmica de Petr Zelenka (*dirigida por el propio autor): Co všechno chcete vědět o sexu a bojíte se to prožít (Todo lo que quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a probar, cine), Nedělejte nic, pokud k tomu nemáte vážný důvod (No haga nada hasta que no tenga una buena razón, cine), Mnága - Happy end (Mnága - Final feliz, cine*), Knoflíkáři (Botoneros, cine*), Samotáři (Solitarios, cine*), Příběhy obyčejného šílenství (Locuras cotidianas, teatro* y cine*), Rok d'ábla (El año del diablo, cine*), Odchody vlakov (Salidas de trenes, teatro*), Teremin (teatro*), Očištění (Purgación, teatro*), Karamazovi (Los Karamázov, cine*), Herci (Actores, teatro*).

Carlos Be, Artez 166/2011

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