Artez - El síndrome de Asperger: Bajo el estigma de la libertad

V kůži Alfreda Schwartze

Alto, me sorprendo a mí mismo en la barra de la cafetería del teatro Ypsilonka apartando un cenicero para poder escribir en el cuaderno. Por un instante la atención se centra en ese minúsculo elemento excluido de las cafeterías españolas y siento cierta nostalgia, nostalgia no de mi década como fumador, sino de la enésima libertad arrebatada por un sistema que, sencillamente, eso: arrebata. Siento nostalgia y también desazón. Estamos a jueves 19 de mayo y la prensa checa, exceptuando una pequeña nota que pretende quitarle hierro al asunto, aún no se ha hecho eco del movimiento que hace vibrar el kilómetro cero de España y evidencia este mundo artificial en el que vivimos al servicio de unos pocos cuya voluntad ha logrado convertir la experiencia de la libertad en un estigma.

Últimamente, en mis visitas más recientes a España, he recibido con frecuencia parabienes por el hecho de estar trabajando y creando en una región tan próspera del territorio teatral, un territorio a mi entender que no entiende de fronteras ni de nacionalismos, como es Chequia. Es verdad que la mayoría de los comentarios de la gente obedece al tópico de que todo lo lejano es mejor, pero en el caso de Praga, y siento traicionar aquí mis predilecciones por las minorías, debo acatar la veracidad del tópico. Trabajar y crear en Praga como profesional teatral es un privilegio. Pero prescindamos por un momento de la palabrería e intentemos analizar qué es lo que sucede en Chequia que difiere de España.

Sherlock Holmes: Pes

Antes de entrar en materia, o quizás entrando ya, lo dejo a vuestro juicio, permitidme que os anuncie que ayer, miércoles 18 de mayo, se inauguró en Praga la XVIII edición del festival Zlom Vaz, expresión cuya traducción, más literal que teatral, sería “Pártete el cuello” o “Desnúcate”, frente a una traducción más teatral que literal como es “¡Mucha mierda!”. La particularidad de este festival radica en sus participantes. Durante cuatro días, Zlom Vaz aglutina espectáculos de las cuatro facultades de artes escénicas que existen en Chequia y Eslovaquia: DAMU (en Praga), JAMU (en Brno), VŠMU (en Bratislava) y AU (en Banská Bystrice). Esta mañana he asistido a un par de funciones en Řetízek, un reducido estudio en las instalaciones de DAMU con apenas 32 localidades que suele deparar sorpresas muy agradables y hoy, por partida doble. Ambas propuestas tenían en común una escenografía maravillosa y unos elaborados títeres creados por Karel Czech. La primera de ellas, titulada Sherlock Holmes: Pes (Sherlock Holmes: El perro), es una creación colectiva tierna y cómica basada en El perro de los Baskerville de Arthur Conan Doyle. Sus actores, ventrílocuos y manipuladores de títeres son Adam Kubišta, como Sherlock Holmes, Mikuláš Čížek, como Dr. Watson, Andrea Ballayová y Adriana Máčiková. La segunda propuesta, V kůži Alfreda Schwartze (En la piel de Alfred Schwartz) presenta en registro tragicómico la conflictiva relación entre un títere prestidigitador y sus dos manipuladores, condimentado con la irrupción de un conejo de chistera dado a los cócteles Carrot y de tendencias zoofílicas -quiere acostarse con su interlocutor humano-. La dirección de este genial montaje corre a cargo de los también actores Petr Vydarený y Josef Jelínek, acompañados en escena por Antonín Týmal, Filip Šebšajevič y Petr Besta.

Zlom Vaz es tan solo uno de los trece festivales de teatro que se inauguran durante este mes de mayo en Chequia. Profundicemos en las cifras. Chequia es un país con diez millones de habitantes. Un millón se concentra en el núcleo urbano de Praga (capital de la república así como de la región de Bohemia) y otro millón se reparte entre Brno (capital de la región de Moravia) y Ostrava (capital de la región de Moravia-Silesia). Los trece festivales de mayo no son más que una pequeña fracción del total de doscientos veinticinco festivales de artes escénicas que se celebran a lo largo del año en el país, la mitad de ellos en la capital. Es decir: más de un centenar de festivales, sin contar las programaciones regulares de los teatros, se hallan a tiro de piedra para una décima parte de la población del país.

V kůži Alfreda Schwartze

Sigamos con el botón de muestra, mantengámonos en el mayo checo y permitidme que enumere los festivales de este mes: (1) el susodicho Zlom Vaz, (2 y 3) el Tanec Praha y el Tanec Brno, festivales de danza; (4) el Korrespondance, a caballo entre las dos ciudades anteriores y que este año reúne espectáculos procedentes de Chequia, Eslovaquia, Francia, Alemania y el Reino Unido; (5) el Mundo Teatral en Brno, con Peter Brook, el Teatr Polski Wroclaw y Vladimir Moravek, entre otros; (6) el Další břehy, festival de teatro, cine, música y poesía de la localidad de Opava; (7) el Setkání/Stretnutie, en la ciudad natal de Tom Stoppard, Zlín; (8) el Divadelní Flora, en Olomouc; (9) el festival infantil y juvenil Dítě v Dlouhé en el teatro praguense del mismo nombre; y para terminar regresamos de nuevo a la capital con (10) el Primavera de Praga, el mayor festival de música clásica del país; (11) el Fringe Festival; (12) el Festival de Integración Sol para gente con discapacidades que abre esta edición con el espectáculo Veselá abeceda (Abecedario feliz) de la directora Zoja Mikotová, en el que me gustaría detenerme un par de líneas, pues en Veselá abeceda los niños asistentes juegan a interpretar el abecedario libremente, guiados por alumnos de primer curso de interpretación del departamento de JAMU especializado en artistas escénicos con sordera. Y finalmente, (13) el festival Mezi ploty de Bohnice, emplazado en las dependencias del hospital psiquiátrico más importante del país y, en un alarde de humor típicamente checo, con una programación que incluye Psicosis 4.48 de Sarah Kane, la intervención de la compañía Dragg Addicts o César a Drana de Isabelle Doré, monólogo interpretado por una de las actrices más vitales de la escena nacional: la legendaria ya en vida Luba Skořepová, nacida el 21 de septiembre de 1923, ochenta y siete años, sí, que encarna sobre el escenario a Drana, una gitana que conversa con un estoico César: su caballo muerto. En definitiva, un mayo con ofertas para todos los públicos. Porque en este país todos tienen su teatro.

Aparte de los más de cien festivales, la capital cuenta con trescientos tres teatros y compañías regladas. La cifra, en un caldo de cultivo tan rico, trasciende fácilmente su valor numérico y no cuesta nada imaginar que estamos hablando de trescientos tres focos generadores continuos de arte y espectáculos. Además, los repertorios de cada teatro en particular y las líneas temáticas que establecen sus dramaturgos facilitan al público definirse en sus tendencias y localizar sus escenas preferidas. Existe fidelización del público. Cada temporada, los dramaturgos proponen nuevas líneas y a veces de forma abierta, como la interesante propuesta para autores checos que acaba de publicar en su tablón de anuncios Švandovo Divadlo: el teatro ha decidido emprender una línea de indagación dramatúrgica denominada Teď přichází Zákon!, “¡Llegó la ley!”, en torno a personajes bíblicos del Antiguo Testamento, y solicita textos originales para un máximo de cuatro actores en torno a Caín y Abel, Moisés y Job. Švandovo Divadlo es un teatro que, aparte de contar con su compañía de actores residentes, acoge otras compañías externas durante una temporada o más, y esto no voy a rematarlo con un “sin que sirva de precedente”.

Sherlock Holmes: Pes

Centrémonos en el público. En los teatros es corriente contar con una platea heterogénea en cuestiones de sexo, edad y clase social. El precio de la entrada, en contra de lo que sucede en otros países, no coarta el acceso a la cultura. Sin ningún ánimo de extenderme al respecto, me limito a exponer una rápida comparativa económica. Los teatros praguenses subvencionados por el estado, como pueden ser los punteros Dejvické Divadlo y Divadlo Na zábradlí, ofrecen la localidad en platea a unas 290 coronas checas y 350 respectivamente (al cambio, aproximadamente 11,60 y 14 euros). Hace nada asistí al que está considerado el segundo mejor espectáculo de esta temporada, Věc Makropulos (El caso Makropulos) de Karel Čapek dirigido por Robert Wilson, en el Teatro Estatal de Praga, emblemático edificio público perteneciente al complejo de salas nacionales donde Wolfgang Amadeus Mozart estrenó su Don Giovanni en 1787). La entrada más cara de Věc Makropulos cuesta 390 coronas (15,60 euros), la mitad, por ejemplo, a fecha de hoy, que en el Teatro Nacional de Catalunya (33 euros). Las producciones de ópera es cierto que disparan los precios y el mismo Teatro Nacional checo vende las mejores entradas a cerca de 40 euros. El Liceu de la Rambla, a 194 euros. Otro factor que incide positivamente en la cultura teatral checa y en que la afluencia de público sea constante y posea un criterio propio.

Recuerdo que me sorprendió a la salida de un espectáculo anodino que no citaré –a pesar de que Praga reciba el sobrenombre de la Meca del Teatro, tampoco es oro todo lo que reluce, no pequemos de ingenuos–, me sorprendió, decía, el comentario de uno de mis acompañantes, muy enojado por lo que había presenciado: “Cómo se va a educar a la gente a venir al teatro con obras como ésta”. Sus palabras manifestaban un enfado muy tangible. El público checo no acostumbra a sentirse utilizado por los teatros, porque entre los teatreros y el público prima el mensaje, la comunicación: todos saben que el teatro se hace para el público, referencia primordial que parece haberse extraviado en otros países. Cabe apuntar que también es un público que arriesga, que está muy abierto a nuevas sensaciones, lo cual le confiere una determinada pátina naif que no debe interpretarse como laxitud sino como una respetuosa bienvenida a la reflexión, pero ojo con decepcionar sus expectativas. Por otra parte, es indudable que el teatro de entretenimiento comienza a instalarse en la capital, pero se ha ubicado en un hueco concreto de este mayúsculo cuerpo teatral como una opción más, por qué no.

Mañana prosigue el festival Zlom Vaz con una versión eslovaca de Bodas de sangre. A ver qué tal. Como decía al principio, el teatro tiene la fortuna de ser un arte internacional. Aprendamos de sus virtudes y estemos atentos a otras realidades. Ahora que las fronteras están abiertas, busquemos nuevos objetivos en el horizonte, referencias para el desarrollo que nos permitan emprender, crear, indagar y mejorar el mundo de las artes escénicas. Dejemos atrás este sistema que agrava la competitividad, que prioriza el beneficio en taquilla a costa de la satisfacción del público y estigmatiza la libertad.

Carlos Be, Artez 170/2011

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