Señores del Nobel, hagan un esfuerzo

En El País de hoy aparece un interesante artículo sobre el fallo del Premio Nobel de 1961, recién desvelado. En aquella edición se galardonó al escritor Ivo Andrić por "la fuerza épica con la que traza temas y representa destinos humanos dibujados a partir de la historia de su país". Tal como demuestran las deliberaciones del jurado, parece ser que el vencedor único se erige a costa de restar méritos a los demás candidatos, como si la decisión no contemplara la posibilidad a la diversidad en el criterio.

Entre los candidatos de la edición de 1961 se encontraban, además de J. R. R. Tolkien, dos autores a los que rindo pleitesía: Lawrence Durrell y E. M. Forster. De éste recomiendo a mis queridos beletristas Aspectos de la novela, tal como me lo recomendaron a mí hace tiempo, siempre de la mano de El cuento de nunca acabar de Carmen Martín Gaite; de Lawrence Durrell, la única obra que ha logrado mantenerme un mes alejado del papel, paralizado bajo los efectos de un repentino síndrome de Stendhal literario: El cuarteto de Alejandría.

De Durrell, el autor de El cuarteto de Alejandría, recelaron de su "dudoso gusto", debido a su "preocupación monomaniaca con complicaciones eróticas". 

Del novelista y ensayista inglés E. M. Foster, el jurado Österling aseveró que entonces era "una sombra de sí mismo, con la salud espiritual perdida hace mucho tiempo".
Confiemos que esa "sombra de sí mismo" no guardara relación con su cada vez más conocida homosexualidad. En fin, miembros del jurado del Premio Nobel, qué vergüenza que en esta sociedad sólo se alabe a los número uno. Hagan un esfuerzo, por favor.

Por cierto, ¿sabéis quién presenta los candidatos hispanoamericanos a la comisión sueca? Aquí, el artículo en cuestión.

Terminemos con asuntos más serios: unos cuantos consejos del maestro E. M. Forster.

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