El Diario Montañés: Genealogía de una tragedia


En El Diario Montañés de hoy, el crítico teatral Fernando Llorente nos dedica estas palabras tras nuestro paso por la VII edición del Indifestival en la Sala Miriñaque de Santander. Estimado Fernando, muchas gracias.

(Atención, contiene spoilers.)


Genealogía de una tragedia
Fernando Llorente

Que una obra clásica de teatro es un filón inagotable para los artistas en general y para quienes se dedican a las artes de la escena en particular es una afirmación fácilmente contrastable. Si la obra clásica es Hamlet, la más representada de las de Shakespeare, uno de los yacimientos de los que se extraen vagones de pasiones, nobles y menos nobles, que anidan y se agitan en el corazón humano, entonces la tentación de excavar la veta se hace irresistible. Y a Hamlet ha acudido el grupo madrileño The Zombie Company para montar su último espectáculo, Exhumación, que ha representado el pasado fin de semana dentro de la programación del VII Indifestival, que en la Sala Miriñaque ha llegado y traspasado su ecuador.


Escrito y dirigido por Carlos Be, Exhumación se adentra en la galería de Hamlet con la intención de llegar hasta el fondo de la mina y encontrar la piedra original y con más brillo sin la que tanta riqueza pasional no hubiera sido posible. Tres investigadores universitarios se adentran en las páginas de Hamlet para dar con las personas y los hechos históricos que Shakespeare transustanció en literatura dramática. Parten de la hipótesis de que el teatro convierte a las personas en personajes y de que para esclarecer la verdad hay que invertir el proceso en un ejercicio genealógico que se remonte al origen. Llegan a la conclusión de que la persona en la que Shakespeare vio a Hamlet fue el astrónomo Tycho Brahe, que descubrió una supernova en la constelación de Casiopea, descubrimiento que refundó el universo y también el teatro, pues la historia misma le transformó en personaje, que trajo de cabeza a la monarquía danesa y gustó de los excesos hasta morir de una indigestión. Carlos Be sospecha que envenenado, como Hamlet.

Con este material y estos presupuestos, los de The Zombie Company han compuesto una función de equilibrada estructura en la que la sencillez, hasta la austeridad formal, se aviene con intensidad dramática, con toda la carga trágica shakespeariana. Una mesa de departamento universitario sirve para alternar y simultanear el pasado y el presente, la realidad y la ficción. En torno a la mesa, los profesores discuten y llegan a sus conclusiones. Pero la mesa es también escenario sobre el escenario en la que son personajes de la ficción, en el que representan las conclusiones a las que les lleva la exhumación del cráneo de Tycho Brahe, desde el convencimiento de que la inmersión en la ficción es el camino más seguro al fondo de la verdad. La “verdad” de Hamlet se pone sobre la mesa “al desnudo”.


También es equilibrado el trabajo actoral. Los actores representan personajes actuales, portadores, para bien y para mal, de la ambición, los celos, la traición, la venganza, pasiones, entre otras, que habitan el alma de los seres humanos de todos los tiempos. Pero son personajes de ficción que también representan a otros personajes de ficción. Iván Ugalde y Gabriel Moreno, unas veces brillan más en torno a la mesa, y otras sobre ella, pero siempre brillan. En Carmen Mayordomo no se mitiga su luz interpretativa en ningún momento. Pasa de la reivindicación femenina que no se priva, alrededor de la mesa de trabajo, de ocultaciones y traiciones, en pos de sus conveniencias personales y, sobre todo, académicas, a la expresión, encima de la mesa, de una fuerza cósmica, capaz del crimen y la venganza para satisfacer sus ambiciones: las del personaje “real”, Carmen, en la universidad; en el reino de Dinamarca, las de Sophie.

La austeridad escénica se ve ampliamente compensada, además de por la bondad del texto y la excelencia interpretativa, por el protagonismo que adquiere la iluminación, con la que Jesús Antón esculpe algunas escenas, sobre todo las de la ficción de la ficción. Lo mismo que el corto papel sin texto que juega el cortinón rojo del fondo, que viste espectacularmente a la reina de Dinamarca.

No sólo en las cortes reales que diseccionó Shakespeare las pasiones desatadas producen estragos. También en espacios más plebeyos, las pasiones, más contenidas, los provocan. En un departamento de historia de una universidad cualquiera, por ejemplo, y sirva de metáfora. Eso es lo que nos vienen a decir Carlos Be, al frente de The Zombie Company. Una vez más.

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