Jiří Havelka, el teatro en todo su genio

Carlos Be.- (A público.) Un privilegio entrevistar a uno de los creadores teatrales más jóvenes y talentosos de la República Checa. Jiří Havelka, nacido en Jihlava en 1980, es director, autor y actor checo. A los 22 años se gradúa en la Academia de Artes Escénicas en Praga (DAMU) donde se especializa en dirección, teatro alternativo y títeres. Su estilo se basa en la improvisación colectiva y transita con voz propia entre la escena tradicional y la alternativa.

Jiří Havelka.- Bueno, no sé si poseo un estilo determinado. Seguramente haya características en común que unidas puedan considerarse como tal, pero sólo visto desde fuera; por ello no soy el más adecuado para hablar de esto. Nunca busco algo extraoriginal; hago teatro de la única manera que puedo, lo que significa que empleo el teatro como un medio para ayudarme a resolver ciertos conflictos, compartirlos con el público y comunicarme con otra gente.

C.B.- (A público.) Para Havelka, el público es “la base, la razón por la cual, el cómplice”.

J.H.- Intento tratar temas contemporáneos, relevantes y emocionantes que no dejen a la gente pasiva, simplemente aceptando lo que ven: que les obligue a tomar algún tipo de decisión al respecto, modificar su perspectiva, obligarles un poco a ser activos, ¡ponerles en movimiento! E intento encontrar la manera de que resulte interesante, incluso para mí, y atraiga a la gente al teatro. Hay que demostrar que el teatro es un medio singular capaz de competir con todos los otros medios virtuales mucho más sexys, cools y rápidos.

C.B.- ¿Cómo te planteas las obras?

J.H.- En la práctica, para mí lo primero es la obsesión. Necesito obsesionarme con algo: un tema, una imagen, un gesto, una frase, las noticias, lo que sea. El siguiente paso es obsesionar a todos mis colaboradores –actores, dramaturgos, escenógrafos, músicos, iluminadores...–. Tiene que ser como un virus contagioso que se propague por doquier, pero lo más importante es que creo que la obra se concibe única y exclusivamente en los ensayos. Puedes tener imágenes muy bonitas en tu cabeza, un tema perfectamente formulado o ideas originales antes de empezar a ensayar, pero no tienes nada si no ocurre nada en el espacio de ensayo, si no pruebas su valor durante el trabajo con los actores, si lo que tenías en la cabeza no nace de nuevo en el espacio y tiempo de ensayo. Me encanta la primera fase de ensayos, cuando estamos colectivamente perdidos y hablamos, buscamos, discutimos, intentamos esto y aquello, cuando el caos está lleno de accidentes y pausas y digresiones que orquestan el ensayo, cuando todo está permitido y nada es un error. En definitiva, cuando es una aventura permanente, una crisis permanente, y construir algo no es más que una remota posibilidad. Y entonces, en ese instante se alcanza lo que llamo el Punto Cero a partir del cual comenzamos a construir, a montar el espectáculo –si pudiera escoger lo que más me gusta del teatro, no escribiría ni dirigiría, tan solo ensayaría–. Este proceso es lo que damos por llamar la elaboración. El término está muy en boga últimamente en la República Checa. Mucha gente lo usa para resumir su estilo creativo, aunque exista una infinidad de elaboraciones diferentes. Antes de que la palabra se volviera tan popular, yo solía describir el proceso “basado en la improvisación” o “surgido de la improvisación colectiva controlada”. En el teatro no interpretado o de autor, esta tendencia se refiere a todo aquel montaje que se inicia sin texto dramático, en particular sin una obra teatral, lo cual no excluye otros tipos de textos, artículos u otros fragmentos literarios.

C.B.- En 2007 estrenas en el Teatro de Dejvice Černá díra (Agujero negro), espectáculo creado a partir de la repetición permutacional de una situación aparentemente muy sencilla.

J.H.- Describir el proceso de Černá díra es imposible. Fue un milagro. Propuse un tema y comenzamos a improvisar. Fue bien hasta el momento en que intentamos juntarlo todo. No había manera. Todo estaba correcto pero no funcionaba. Y el estreno era en diez días. Justo me acababa de licenciar y aquello se convirtió en una gran presión, quería dejar el trabajo para siempre. Miroslav Krobot, el director artístico del Teatro de Dejvice, me dijo: “Okey, no pasa nada, posponemos el estreno y tú pruebas lo que quieras”. Y fue así como sucedió. Teníamos espacio de ensayo. Tiempo. Siete actores. Escenógrafo, dramaturgo y muchas ganas de crear algo. En el otro extremo, nada. Punto: Cero. Estado mental: “No sé”. Apertura total a todo. Y la depresión más pura se trocó en la euforia más pura. Ocurrió el big bang. No hay universo sin big bang.

C.B.- (A público.) Ese mismo año Havelka recibiría el galardón de Mejor Talento del Año en los prestigiosos Premios Alfréd Radok. En Černá díra se pone de manifiesto su interés por explorar en la creación de ilusiones escénicas y las posibilidades del tiempo y el espacio en el teatro.

J.H.- Al principio escenificaba temas muy personales, pero con el tiempo me he concentrado más en la ciudad o el estado donde vivo con sus tradiciones, la historia, etcétera. Es un proceso natural; realmente nunca busco un tema, simplemente acude. Pasé una larga temporada que parecía poseído por la física y por los físicos que habían logrado cambiar radicalmente nuestro punto de vista de la realidad, por lo que hice un montón de espectáculos basados en cómo poner en escena las leyes de la física o qué tipo de paralelismos se establecen entre la física y el teatro. Después empecé a interesarme mucho por los héroes, en los hechos heroicos que jalonan la historia de nuestra república.

C.B.- ¿Qué prefieres escenificar, comedias o tragedias?

J.H.- No creo que exista tal categoría, sólo buenas o malas experiencias. El ser humano es una criatura muy compleja y así debieran ser las obras de teatro.

C.B.- ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

J.H.- Actualmente la escuela me ocupa mucho tiempo.

C.B.- (A público.) Havelka es uno de los jefes del departamento de teatro alternativo y títeres de DAMU.

J.H.- Estamos intentando realizar bastantes cambios importantes en nuestro departamento con la intención de abrirnos aún más a lo que realmente sucede en el ámbito del teatro alternativo a nivel mundial. Estos cambios conllevan, por supuesto, nuevas preguntas que replantean la razón de la existencia de nuestro departamento como qué significa en realidad la palabra “alternativo” hoy en día, alternativo a qué y para quién y por qué ser alternativo, qué quiero expresar cuando recurro a esta palabra en términos teatrales. De hecho, estas preguntas me ayudan personalmente a definir la razón por la cual me dedico al teatro. Así que el trabajo en la escuela infiere en mi trabajo en los teatros y viceversa. Pero, sea como fuere, concluí en febrero una obra para HaDivadlo de Brno. Se llama El mundo en peligro y está sutilmente conectada con otra que presenté hace cuatro años, El indio en peligro. Ésta trataba sobre el desafío de percibir el mundo a través de la teoría de la relatividad de Einstein y la nueva trata sobre las abejas: las abejas están muriendo lenta, deliberadamente con el fin de transmitir a los hombres un mensaje muy importante. Aparte, también tengo muchos proyectos pensados para el futuro, pero siempre están modificándose debido a los cambios constantes en nuestra república, Europa o el mundo. Llevo un tiempo dándole muchas vueltas a La espuma de los días de Boris Vian en términos teatrales de tal forma que todo lo que se encuentre en escena –escenografía, utillaje, luces y sonido– sea más vívido y esté más vivo que los propios personajes. También tengo en mente, por citar algunos temas, 1984 de Orwell, Georges Méliès y muchos otros relacionados con la política y la sociedad.

C.B.- ¿Cuándo sentiste la atracción por el teatro?

J.H.- En la escuela secundaria en Jihlava. Nuestro profesor de checo y literatura creó un grupo de teatro escolar y lo primero que montamos fue El hobbit de J.R.R.Tolkien. Yo interpreté a Bilbo Bolsón. Fue bastante exitoso, la gente se rió muchísimo y fue la primera vez que sentí esa atracción, el poder que tiene el público.

C.B.- ¿Cuentas con autores de cabecera?

J.H.- Como he dicho, no suelo montar textos dramáticos preconcebidos. Contemplo la literatura como una fuente más del teatro que suma, pero no es indispensable. Como sabemos, para hacer teatro necesitamos actor, espacio y espectador. Es todo –si cuento la luz sobre en el espacio–, pero claro que cuento con mis “héroes” que me inspiran: Jarry, Beckett, Stoppard.

C.B.- ¿Qué cambiarías de tu panorama teatral más cercano?

J.H.- Me gustaría que se abriera más a otros tipos, géneros y ramificaciones del teatro contemporáneo. Y me gustaría que el público fuera capaz de disfrutar más obras en la frontera o el filo con otros ámbitos artísticos. Me gustaría que estuviera más en contacto con el teatro europeo y en lo posible de la escena mundial. De todas formas, no me preocupa el estado del teatro: a pesar del descenso en picado de las ayudas, las finanzas y el interés, el teatro sobrevivirá. Mientras exista el ser humano en el mundo, habrá teatro.

C.B.- Una de las preguntas que formulo siempre a mis entrevistados: ¿qué es el arte para ti?

J.H.- ¡Dímelo tú! Algo sin lo cual la humanidad puede sobrevivir pero no vivir. Eso sí, lo que sólo se da en el teatro y no en otras artes es que el teatro nunca es una cuestión estética, siempre es una situación social.

C.B.- ¿Es útil?

J.H.- ¡De nuevo! ¡Díme tú! El teatro debe arriesgar e indagar en nuevos caminos constantemente para ser útil. Cada día, cada segundo. Cada ensayo. Cada vez que entro en un ensayo sé que habrá nuevo lío, una gran discusión, una lucha. Sin obstáculo no hay desafío. Debe haber choque para que algo nazca y el teatro te da todo lo que le pides pero nunca es suficiente –de otra forma, lo hubiera dejado–. La satisfacción total significa la muerte. Pero si algo me gusta es que siempre quiero jugar y es lo que hago. El teatro es el Juego de la Vida, aunque esta confrontación no debe darse en términos de utilidad, no es práctico como estímulo que te ayude a lograr o facilitar algo. Sí que es útil cuando avanza en aras de convertirse en una gran alternativa a los otros medios, los pasivos: el realismo televisivo, la cultura de palomitas y la virtualidad ubicua. El teatro puede ser útil para fortalecer nuestra imaginación, estimular la capacidad creativa, despertad los sentidos drogados. No creo que el teatro pueda cambiar el mundo, no a gran escala, pero me gustaría creer que puede cambiar el punto de vista de la gente, la manera de pensar o la percepción de la realidad y a partir de ahí, cambiar la realidad. Lo cual significa, a fin de cuentas, que sí, que puede cambiar el mundo.

C.B.- Permíteme que prosiga con otra de las preguntas habituales: Si pudieras suprimir algo de la historia más reciente, ¿qué eliminarías?

J.H.- Me gusta el “si” porque la palabra “si” abre el juego. En los últimos cien años han pasado demasiadas cosas terribles para que se puedan enumerar aquí. Y sin embargo, han sucedido. El secreto está en qué está pasando. Es complicado resumir brevemente lo qué está sucediendo ahora en Europa. Primero: no hay mucha gente que se muera de hambre. Segundo: creo que la crisis es un estado mental. Una vez lo aceptas, estás en crisis. Tercero: ¿Qué sabemos realmente de esa enorme crisis? ¿Quién nos informa? Los medios. ¿Confiamos en los medios? Creo que aun hay una crisis mayor sobrevolando todo esto y es una crisis de autenticidad. ¿Qué es lo natural hoy en día? ¿Dónde está la frontera entre la máscara y el rostro? ¿Entre la verdad y la pretendida verdad? ¿Entre la realidad y la falsedad? Y no es una cuestión filosófica. Hablo sobre temas cotidianos como las series de televisión, los reality shows, los discursos políticos, las fotos en los periódicos, las noticias en internet, las charlas entre amigos por internet en vez de en persona. A veces me siento perdido en un escenario omnipresente, todo a mi alrededor es como un escenario. Sólo creo en cosas tangibles, necesito estar en contacto con la realidad a través de mis sentidos –ojos, orejas, manos...–. Ese es el poder del teatro contemporáneo.

C.B.- Para terminar, si pudieras cenar con tu autor clásico favorito, ¿quién sería y qué le preguntarías?

J.H.- Václav Havel. ¿Por qué permitió que Václav Klaus le reemplazara?

C.B.- Estimado Jiří, muchísimas gracias. 

(Artículo publicado en Artez)

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