Peceras: "Mundos dentro de otros mundos"

Nuestras Peceras siguen imparables cosechando grande críticas. Tras las visitas de Carlos Gil y Adolfo Simón, es Miguel Gabaldón, de Notodo, quien nos prodiga elogios tan fabulosos como "sorpresa", "inesperada", "magnífica" y "potente".

Peceras
por Miguel Gabaldón

Peceras. Mundos dentro de otros mundos. Fantasías construidas. Paredes de cristal a través de las cuales espiar la intimidad. Que La Casa de la Portera era un espacio especial ya lo sabíamos. Sólo tenéis que leer la reseña del espectáculo Iván-Off que publicamos hace poco. Pero Peceras da un paso más allá en este terreno. Según palabras de José Martret (fundador de este espacio junto con Alberto Puraenvidia), es el espectáculo más arriesgado que tienen ahora mismo. Ya el programa advierte: "El contenido de la Pecera puede herir su sensibilidad. Si abandona su interior no podrá volver a entrar. Siéntase cómodo y disfrute. Se encuentra bajo nuestro control".

 Es muy difícil hablar de Peceras, porque el efecto sorpresa es parte del propio espíritu de la función. Con lo cual no desvelaré nada del argumento, a riesgo de resultar críptico. Peceras es, efectivamente, un experimento arriesgado que, comenzando de forma amable (aunque insospechada), se desarrolla por caminos inesperados, duros e incómodos. Una incomodidad que se palpa en el ambiente. En las caras de los asistentes. La cercanía de los espectadores con respecto a la acción resulta un revulsivo. Y es que la involucración que los actores consiguen para con el público (siempre respetando los límites) hace de ésta una auténtica experiencia teatral, sin duda singular. Porque, y sin quererlo, el espectador se transforma en cómplice involuntario de los hechos que ante sus ojos se presentan. Hechos que hacen replantearse la moral y la ética (la suya y la de la sociedad) ante determinados temas socialmente sensibles. Peceras es un espectáculo en juego permanente, con el fin de provocar diferentes sensaciones. Pero también es una función profundamente intelectual, que plantea temas sociales candentes, desde una óptica muy particular. Acerca los hechos como con un microscopio de aumento. Pero a la vez mantiene un desarrollo conceptualmente frío que invita a la reflexión más profunda.

 Ya desde el comienzo se dejan entrever de forma clara las intenciones de la obra, de forma muy sencilla pero increíblemente efectiva. En pocos minutos se experimentan una serie de sensaciones que serán la base para el resto de la función: la incertidumbre, la incomodidad, el miedo… Carlos Be, su director, y los actores nos convierten en integrantes de un mundo bizarro, pero inquietantemente próximo. La estructura: por cuadros, que potencia el carácter de estudio de este espectáculo, como si de una tesis sociológica se tratara. Los escenarios: las dos habitaciones del bajo de La Casa de la portera. Y los actores: dos hombres y una mujer que consiguen transmitir al público un complicado juego de emociones. Fran Arráez e Iván Ugalde realizan retratos muy efectivos de dos tipos humanos francamente inquietantes. Y Carmen Mayordomo realiza una labor magnífica como la única mujer de este experimento teatral que nos sumerge de lleno en esta pecera de irrespirable ambiente. Por lo visto algún espectador se ha ido en medio de la función debido a la dureza de lo que transcurre a escasos centímetros (aunque tal vez resulte algo exagerada la reacción). De cualquier manera avisados estáis. Porque Peceras es una experiencia. Si no para todos los gustos, sin duda muy interesante y de potente contenido y reflexión. Dejaos introducir en este hábitat asfixiante y salid si podéis.

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¡Muchas gracias, Miguel Gabaldón!

Sólo quedan dos funciones de Peceras. ¿Os animáis? Ya lo sabéis, miércoles 20 y 27 de junio a las 21 h en La Casa de la Portera. Reservas en el teléfono 649 397 571 (de 11 a 14 h y de 17 a 20 h).

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