Peceras: "Nadando entre tiburones dentro de sus Peceras"

Julio Castro publica en La República Cultural una nueva crítica de Peceras y, una vez más, ¡genial! ¡Atención, contiene spoiler!

Nadando entre tiburones dentro de sus Peceras
Teatro frente a la institucionalización de los niveles de violencia social
de Julio Castro

No sé si las cosas tienen que tener un límite, creo que las maneras de mostrar la crudeza de una realidad no tienen por qué tenerlo, al menos cuando se denuncian cuestiones que cada día sufren miles de personas, miles de mujeres, en sus propias carnes. Cuestiones que a diario nos hemos acostumbrado a contabilizar en los informativos, en los diarios, en la calle, sin que nada logre detener una aberración como la violencia a modo de respuesta gratuita a la convivencia.

De este trabajo de Carlos Be que ha venido poniendo en escena The Zombie Company en el espacio de La Casa de la Portera, lugar donde se estrenó en Madrid, he visto salir a gente indignada, cabreada, con ganas de comentar todo, sorprendida… y cualquier otra cosa, menos indiferente. No creo que pueda ser de otra manera, porque el espacio y la manera de ejecutar el trabajo, no permiten permanecer ajen@s a lo que hemos visto durante la función.

Pensábamos que esto sería una obra de teatro, pero resulta que es una fiesta, a la que hemos sido invitados, para beber algo, charlar y…, sorpresa, encontrarnos con una nueva oferta de ocio en la que alguien ha comprado los derechos de ejercer la violencia sobre una mujer. Todo ello bajo estrictas normas, legalizado y permitido. ¿Cómo no entrar al juego? ¡Seguro que todos están de acuerdo! ¿O no? Eso está por averiguar.

No es fácil hablar de esta propuesta sin excederse en la información que se proporciona en el artículo, porque nada describiría la realidad de lo que nos vamos a encontrar. Dice la compañía que Peceras refleja un futuro “demasiado cercano” y yo también lo veo así, por desgracia, pero también dejan claro que se trata de una “crítica contundente contra quienes se escudan tras las normas abusivas con el único objetivo de beneficiarse del prójimo”.

Aquí se juega con los personajes a la hora de dejar al público que dilucide quién tiene el control real de la situación. De hecho se convierte en uno de los debates que nos asaltan a la salida del lugar, ya saben, con las cañas. Opino que la realidad es que nadie tiene el control, que cuando se legisla cómo se puede ejercer la violencia es porque el control ya no existe o, de lo contrario, se legislaría meramente contra la violencia. Aquí parece que una sociedad encuentra la manera de dar salida a la espita que le está haciendo reventar la convivencia desde dentro. Obviamente es irreal, de ahí la crítica contundente que nos decían, porque creer que esa es la vía, no nos conduce más que hacia otro límite traspasado en la vejación y el sufrimiento de algunas personas.

Realmente no tendremos consciencia de lo que se nos presenta en la obra hasta bien avanzado el desarrollo, porque en el espacio en el que se desarrolla estamos completamente dentro. Podría integrarse más, montar una recepción auténtica, pero saldría un poco caro. Para suplir esa situación innecesaria, los dos actores, Fran Arráez e Iván Ugalde, despliegan su labor inicial, para luego dejar que se introduzca Carmen Mayordomo como la bomba de la fiesta y, una vez allí, el público ya está atrapado en las fauces del autor y director. A partir de ese momento toca creerse todo hasta que salgamos por la puerta de la calle. Es cierto que el entorno ayuda bastante, pero tampoco es imprescindible y, de hecho, a la salida también comentábamos otros posibles escenarios y disposiciones de salas y público.

No quiero ir más allá en el detalle, aclarar que no hablamos de una obra futurista ni de ciencia ficción, sino de pura ficción narrativa argumentada en nuestro entorno presente, lo que la hace perfectamente creíble. Sí me gustaría pensar que nadie acabará por creer que se trata de hacer una apología de la violencia, porque no cabe en absoluto en el argumento, aunque entiendo perfectamente que la reacción actúe así sobre el público en el momento de salir y descargar.

Creo que no es fácil montarse este cuadro en la cabeza sin tener claras las cosas y también me parece que no es sencillo llevar a escena un trabajo como éste sin tener el equipo adecuado. Tengamos en cuenta que al mismo tiempo han puesto en escena Exhumación, que escénicamente parece más complejo, pero que lleva más peso en el texto que en la propia acción y que juega más con la sutileza, aunque ambos trabajos coinciden en el toque surrealista de su Carlos Be y en la dinámica interpretativa de la compañía.

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¡Muchas gracias, estimado Julio!

El viernes que viene, ¡nuestra última Pecera! Reserva en el teléfono 649 397 571.

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