Muere, Numancia, muere: Primeras críticas

Julio Castro de La República Cultural y Nico Grijalba de Que revienten los artistas nos dedican las primeras críticas de Muere, Numancia, muere. Aquí tenéis los extractos. Para leerlas completas, seguid los enlaces en cada artículo.

*       *       *

Muere Numancia, muere o la actualidad cervantina de Carlos Be: 
Un pueblo elige la libertad con pinceladas de humor entre la tragedia
por Julio Castro (La República Cultural)

Sociedades decadentes como la nuestra no tienen otro remedio que recrearse en el pasado, cual antiguos románticos o neoclásicos que han perdido todo referente de su tiempo y necesitan mirar hacia otro lado a fin de no ver las miserias que han creado y en las que nadan.

En tiempos como éste, la recuperación de objetivos es imprescindible y, muy acertadamente, Carlos Be recupera en la mirada hacia Cervantes el ejemplo del mítico autor, para traernos un juego similar al que aquél hiciera con su Numancia, pero trasladado a nuestra época. Si Cervantes se adentra en la España de Felipe II para señalar a la necesidad de libertad del ser humano, ya sea en el ejercicio de la misma o en la represión, nuestro contemporáneo autor quiere trasladar esa imagen a nuestra sociedad actual, añadiendo otros valores que pasan por nuestro tiempo y nuestros lugares cercanos. Así pues, se muestra a vencedores soberbios que encierran en frascos vacíos las supuestas victorias, fruto de la destrucción y la desdicha ajena, sin pretender ocultar las miserias de los vencidos; los cuales, a su vez, bajo el orgullo de su abnegación en la derrota, admiten escudarse en la paz, aunque nunca en la soberbia. De esta manera el pueblo numantino, recogido en los personajes de Caciro, Aunia, Buntalos, Babpo y Amaina, se refleja en unos seres mortales que sufren por su destino: capaces de acobardarse o traicionar incluso en los peores momentos, defendiendo su derecho a pelear como cualquiera por su vida y por su pueblo, y también de luchar por su entorno, por su dignidad y por su libertad frente al opresor despiadado.

Parece que autor y compañía tienen apego y facilidad por trasladar los clásicos a lo contemporáneo, pero en este caso es la misma idea original la que facilita su intención a partir, como decía, de La destruycion de Numancia de Cervantes.

Viendo la rápida evolución de The Zombie Company en poco tiempo, es fácil apreciar sus preferencias y analizar algunos paralelismos entre trabajos tan dispares como sus recientes ExhumaciónPeceras, que han estrenado en los últimos meses. [...] Pero no todo es tragedia en esta nueva puesta en escena, de manera que Carlos Be introduce claros rasgos de humor, en ocasiones a modo de reality show con el Africano Menor como conductor del espectáculo entre Aunia y Amaina, y en otras ocasiones como el déspota que se deleita en sus propios chascarrillos, que sólo los suyos jalearían y reirían. El personaje viene muy bien al juego de Fran Arráez, quien le da vida en la obra, porque magnifica ese deje cínico-irónico tras el que se trasluce el veneno del masacrador que quiere pintar de “necesidad histórica” sus tropelías o de “cuestión de carácter” inevitables en su vida. Y aquí me parece que se encuentra, precisamente, una gran referencia paralela a nuestros tiempos y los grandes déspotas de la edad contemporánea, que hoy día se suceden y perpetúan en las sombras de una invisible democracia y portan en sus brazos con levedad esa muerte y esta miseria[...] Lo mismo que el romano no evita dirigirse al público desde la presentación, tampoco hay una línea que separe a los personajes de aquel pasado frente a otros sucesos históricos, perfeccionando así la manera de transgredir momentos y hechos que aplicaran ya en Exhumación, pero también mezclando actores en escena con discurso al público, como hacen en Peceras. [...]

Una vez más encuentro la fuerza de Carmen Mayordomo en su discurso y en su presencia escénica, que ante una dirección y un texto adecuados a su carácter va creciendo en el tiempo. También vuelvo a ver esa doble faceta de Iván Ugalde, capaz de contraponer los momentos de un papel dramático firme a las secuencias de un personaje enloquecido y fuera de sí, que consigue reflejar tan sólo con su rostro y la tensión de su cuerpo.

Si Fran Arráez, como comentaba, se adapta perfectamente al papel de Scipio, parece que el propio personaje se haya recreado en exhibir todo su carácter actoral y Fran Arráez consigue aprovechar en cada instante sendos gestos y discursos.

No conocía a José Gamo en escena, y aquí asume un papel principal entre los masculinos, para mostrar un marcado personaje de peso entre su gente, pero también para despreciar hábilmente lo mundano que retiene al resto. Papel que contrasta con su personaje secundario, como soldado ayudante del general romano. Y es que dentro del simbolismo del guión, los personajes que la muerte arrebata en la parte numantina pasan a convertirse en soldados del enemigo, como si se tratase de una captura ajedrecística, convirtiendo la muerte ajena en piezas propias.

También me gusta el papel que cumple Mentxu Romero como Amaina. A ella tampoco la conocía dentro de escena, pero me parece que consigue superar un texto que es menor que el de algunos otros, convirtiendo su actuación en expresión física, incluso en imágenes estáticas o de progresión lenta, desde el centro o un lateral frontal de escena, que permite que discurra la obra sin dejar de señalar su posición. Entre tanto, en esta ocasión las intervenciones de Juan Caballero en el papel de Babpo se complementan con su apariciones en encapuchado interpretando a la muerte que acompaña a Scipio, por lo que su doble papel queda algo más oculto y en la sombra.

Como decía, nadie cambia el suceso de Numancia, pero tenemos su visión: “Alguien está esforzándose por borrarnos de la historia. Sin futuro, los visionarios somos los primeros en extinguirse”. Cada cual interprete su propia epopeya numantina en los tiempos que corren.

*       *       *


Muere, Numancia, muere
de Carlos Be - Fringe Madrid
por Nico Grijalba (Que revienten los artistas)

Sobre el Cerro de la Muela se situaba la desaparecida Numancia. Una jodida muela, como la del juicio, que dio verdaderos quebraderos de cabeza a Roma. De la necesidad de héroes, de aplastar numancias, de poblaciones pisoteadas por los publios-cornelios-escipiones de turno, habla Muere, Numancia, muere, la nueva obra de Carlos Be inspirada en la tragedia que en 1585 escribiera Cervantes sobre el tema. Los nuevos numantinos, perdidos, mutilados, expuestos a los (también) siervos de la gleba son las nuevas cobayas de los poderosos. La paz está henchida de metralletas, el gran hermano vigila desde torturadores helicópteros [...]. No hay más. Carlos Be, eso sí, altera los distintos planos de la dramaturgia lanzando los relojes al aire, para que estallen: los nuevos numantinos siguen pasando hambre, siguen llagándose, siguen pidiendo la última gota de amor. Se activan las luces del espectáculo y las risas enlatadas, el entretenimiento de la guerra y la violencia, la supuración del alma: ustedes sufran -parece decir este Escipión-, que aún rompemos taquilla.

¿Quieres compartirlo?

4 Comentarios