Entrevista a Carlos Be: 'Sin crisis no hay compromiso y sin compromiso no hay mensaje'


Tras el estreno de Muere, Numancia, muere en la primera edición del festival Fringe Madrid, Adolfo Simón entrevista a Carlos Be para Que revienten los artistas:

¿Cuál es el balance de tu experiencia en Madrid con los últimos trabajos? 

A finales de agosto se cumplirá un año de mi llegada a Madrid. En este año hemos estrenado con la Zombie Company tres espectáculos, ExhumaciónPeceras y Muere, Numancia, muere, lo cual nos ha permitido consolidarnos en el panorama teatral de la capital como compañía independiente con estilo propio y reconocible tanto por la crítica como por el público.

También ha sido un año muy prolífico como autor y docente: he concluido un texto nuevo, ¡Feliz cumpleaños, Phoebe Zeit-geist!, que se estrenará la próxima temporada en Praga, directamente en checo y con un elenco de doce actores, y he impartido dos cursos de escritura teatral en ese enclave cultural y de encuentro de artistas que es, de siempre, el Café del Cosaco.

El balance es más que positivo: es enardecedor, y lo digo a sabiendas de la situación actual, y es que algunos de nosotros, ante las dificultades, nos crecemos y nos salen alas en la espalda y no de ángel, sino de águila.

¿Cómo ves la profesión teatral de Madrid en estos momentos? 

El teatro refleja el estado de la sociedad y, como en ésta, actualmente, existe una brecha que rotura, divide y separa la estructura que mantenía a los extremos en equilibrio relativo. Así pues, el teatro regido por el stablishment se atrincherará en su corpulencia y el teatro independiente, aquél que permanece atento a los tiempos que corren y quiere influir en ellos, alardeará como nunca de inventiva. El Talmud nos diría que ha llegado el momento de ser flexible como un junco.

Por otra parte, cada vez se vislumbra con mayor claridad la aparición de un papel propio del artista cuasi insólito en la sociedad española, el de líder moral. En la República Checa, donde el teatro ocupa el lugar que le corresponde en la sociedad, encontramos el caso más irrefutable en la figura de Václav Havel, dramaturgo y presidente de gobierno tras la Revolución del Terciopelo. Václav Havel falleció el año pasado, pero existen muchos otros sabios e intelectuales, como la cantante Marta Kubišová, a los que en España se les ningunearía sin ninguna consideración, lo cual dice mucho de nuestro gobierno, en concreto de su escasez de valores.

¿Cómo has trabajado dramatúrgicamente el material de Numancia para tu nuevo texto? 

Empecé a escribir la obra en primavera del año pasado. Me encontraba en Praga y de repente empezaron a llegar noticias sorprendentes desde España. En Puerta del Sol, veintidós siglos después de su destrucción, estaba conjurándose una nueva Numancia. Nacía el movimiento 15-M. En el momento de la escritura, aún no sabía si esos nuevos numantinos se saldrían con la suya o se extinguirían como los antiguos, lo que sí tenía claro era que su mensaje debía perdurar. De eso trata Muere, Numancia, muere: de lo que nos merecemos y no podemos olvidar. El texto contiene más claves de los manifiestos del 15-M que de la obra de Miguel de Cervantes, del que sólo recuerdo rescatar al personaje del Hombre Muerto y poco más. Me importaba más la traslación de un hecho histórico devastador de nuestro pasado a los hechos actuales vividos en Puerta del Sol.


Háblanos del proceso de la puesta en escena de Numancia.

Presentamos el proyecto a la primera edición del festival Fringe. El 22 de junio nos comunicaron que lo habían aceptado y nos dieron como fecha de estreno el 23 de julio. A partir de ahí, nos sentimos como Los locos de Cannonball. Contábamos con un mes para, en definitiva, todo. Hubo que buscar un actor nuevo y logramos al maravilloso Juan Caballero; Sara Luesma, la ayudante de dirección, fue un regalo del cielo. La Sala Triángulo no dudó en aliarse con nosotros. El proyecto crecía al borde del precipicio coreado de ángeles. Como no podía ser de otra manera, llegamos más que airosos al estreno con un espectáculo con un lenguaje poético muy singular que bebe, salvando las distancias, de muchas referencias escénicas entre las que destacaría al belga Jan Fabre y los checos Vladimír Morávek y Jiří Havelka. Por el momento, tengo entendido que nos hemos convertido en la compañía teatral con mejor taquilla del festival, algo que nos llena de satisfacción y que dice mucho de la necesidad del público por un teatro de compromiso. Valió mucho la pena ese tránsito al borde del precipicio.

Además, en el festival hemos tenido la suerte de encontrar un equipo humano muy cercano, atento a todas nuestras necesidades, y en un entorno técnico muy favorable. ¡Con ganas de repetir!

¿Cuál ha sido tu última experiencia teatral en Praga? ¿Cómo se ve España a nivel cultural desde Praga?

Estuve esta primavera pasada en Praga con ocasión del estreno de un texto mío, Valentýn, por parte de la compañía Antena. Sus artífices, la directora Apolena Vanišová y el actor Petr Krušelnický, son dos grandes valores de la nueva escena checa. En Praga, el riesgo difícilmente se desentiende de la calidad. Por desgracia, el teatro y el resto de la cultura que España importa a través de los agentes institucionales se excede en lo folclórico. Muchos artistas españoles y latinoamericanos residentes en Praga no nos vemos reflejados en esa imagen oficial estereotipada.

¿Qué opinión te merecen las últimas medidas políticas que van a afectar tanto a la cultura de este país?

No me merecen ningún respeto. Sin resquemor, simplemente correspondo al trato recibido con la ley del Talión.

Se nos obliga a seguir unas medidas anticonstitucionales en nombre de una constitución que ellos mismos no respetan. Ya lo decía Leo Tolstoi: “El gobierno es esa asociación de hombres que ejerce la violencia sobre el resto”. De todas formas, más que preocuparme por tales medidas, me estimula y espero que me lleven, en cuestión de tiempo, a enorgullecerme de mis decisiones y, en extensión, de mí mismo como ciudadano y como artista.

Alguna propuesta para seguir creando en estos tiempos de crisis.

Un artista siempre debe estar en continuo estado de crisis. Sin crisis no hay compromiso y sin compromiso no hay mensaje: nada que decir. Si nada te conmueve ni te irrita, dedícate a otra cosa. Yo pongo a trabajar la imaginación del público para que la obra de teatro la creemos entre todos. Ahórrate aborrecer al público con tu adocenamiento. Odiaría que alguien me tratara con semejante condescendencia.

¿Estás escribiendo algún texto nuevo? ¿De qué va?

Estoy a punto. Es una sensación que hacía tiempo que no recuperaba, con tanto montaje enlazado uno tras otro. De repente, la cabeza se convierte en una maraca preñada de semillas. Sólo hay que escoger una y mantener las otras en hibernación. Crece sola en tu mano.

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