Carlos Be: 'El público no debe limitarse a creer, debe crear con su imaginación, participar como un asambleísta más' (actualizado)

Julio Castro, director de La República Cultural, me entrevistó la semana pasada. Aquí tenéis la entrevista, espero que os guste. Y muchísimas gracias, querido Julio.

Carlos Be: “El público no debe limitarse a creer, debe crear con su imaginación, 
participar como un asambleísta más”
por Julio Castro

Carlos Be - Fotografía de Jan Písařík
Hay teatros que se salen del teatro porque no tienen cabida en él y otros que lo hacen porque rebasan las expectativas y proponen avanzar en el desarrollo artístico y en el fundamento cultural de las propuestas. Esto ocurre muy de tanto en tanto, pero no está sujeto a casos aislados, porque eso conduciría únicamente al olvido y el abandono durante décadas.

En el teatro actual se venían echando de menos las nuevas formas, propuestas e ideas, pero también el compendio de todo, unido al desarrollo de la escritura dramática y, aunque llevo tiempo anunciando que esto está ocurriendo y que se plasma en propuestas, personas y compañías, en el personaje que es Carlos Be y el conjunto de The Zombie Company (entre otr@s, y en Madrid, Fran Arráez, Carmen Mayordomo, Iván Ugalde, Mentxu Romero, Juan Caballero, José Gamo, Sara Luesma, Jan Písařík, Alberto Puraenvidia…) me parece que se plasma un momento arrollador en cuanto a la manera de irrumpir en el panorama madrileño (del que más puedo hablar) en los últimos dos años. La creación de sus textos, la construcción de sus montajes y el impacto resultante no son el producto de un aupado desde el dinero o desde los intereses ocultos, sino que responde al trabajo bien hecho, a la intensidad de sus textos y a la compenetración y tesón de la compañía que le acompaña desde su llegada en 2011 a nuestra ciudad.

Iván Ugalde, Carmen Mayordomo y Fran Arráez en Peceras
- Fotografía de Tristán Pérez Martín
Carlos Be, además de un gran escritor y una mente preclara en sus propuestas, tiene mucho de iluminado (en el mejor de los sentidos), una gran capacidad de adaptación, un enorme inconformismo (incluso con su trabajo), un ansia de aprendizaje sin fondo (todo lo observa y sabes que todo lo anota), además de un punto algo enrevesado en sus propuestas. Todo ello metido en una coctelera ha venido traduciendo en textos de calidad que despuntaron en Madrid con el estreno de Exhumación (aún hasta la fecha en cartel), Muere, Numancia, muere (que pasó inicialmente por el Fringe 2012), Peceras, que sigue rodando por España, y la reciente Elepé, con lleno total cada vez que se hacen funciones (y hoy día ya, producto casi propio de un espacio escénico como La Casa de la Portera). Del teatro de texto más trágico a un sentido peculiar de la comedia, sólo media el esfuerzo y la intención de su autor, pero también del equipo que colabora con él a la hora de la puesta en escena. Tampoco están tan lejos sus primeros textos destacados y premios (Noel Road 25, con el Premio Caja España el año 2001), pero es difícil saber realmente cuántos obran a día de hoy en sus manos, porque el fondo creador del escritor parece inagotable. He conocido siete de sus propuestas (ya sea como textos o puestas en pie), y afirmo que, además de su calidad literaria y teatral, detrás se amaga un ser inconformista, sin pelos en la lengua y que lucha con una denuncia activa de lo que vivimos: sin sermones, sin adoctrinamientos, con el deformado espejo de la realidad edulcorada por las televisiones o por los falsos mensajes oficiales. Y si ahora ha decidido hacerlo en nuevos formatos, nada merma un ápice de fuerza a textos como el de La caja Pilcik (con un personaje real, psicópata asesino de Bohemia hace décadas) o La extraordinaria muerte de Ulrike M. (recreación de la controvertida muerte/asesinato de Ulrike Meinhof). Pero sea ahora o antes, siempre hay una necesidad de gritar por la libertad o, más precisamente, de gritar “¡luchemos por liberarnos!”. No es un autor liviano, pero no es un autor inaccesible, y si se empieza por lo más actual, será fácil comprenderle hasta sus orígenes. Lo complejo es aguardar y mirar como simple espectador de qué manera rompen la escena contemporánea aquí, en Praga, en Colombia o en donde pise con su trabajo. En muchos países lo han comprendido, pero aquí, apenas deja para vivir, así que tendremos más cerebros en fuga, y nuestra escena comprará treinta años más tarde aquello que hoy era una parte de su fundamento.

Por la profusión de textos que publicas y/o estrenas en teatro, se diría que eres un pozo sin fondo. ¿Qué tratas de hacer con tu teatro?

Como autor, no quiero encasillarme en ningún género, me gusta indagar en temáticas variadas. Es cierto que hasta hace bien poco me había movido siempre en la tragedia y que mi irrupción en la comedia es bastante reciente, un cambio que, por otra parte, está dando muy buenos resultados. Creo que las personas somos muy polifacéticas y para conocerse hay que atreverse a asomarse a nuestras vertientes, las propias y las de los demás. Eso es lo que hace mi teatro: girar en torno a las personas para retratarlas desde todos sus ángulos.

Anne-Françoise Josephová y Johanná Schimdtmaherová en ¡Feliz cumpleaños, Phoebe Zeitgeist! - Fotografía de David Goliáš
En realidad, la cuestión podría referirse más a la necesidad de escribir o, teniendo en cuenta tu trayectoria, a la necesidad de transformar y dar vida a los textos que escribes.

Resulta que un texto teatral publicado no se divulga tanto como su montaje, de ahí que en su momento surgiera la necesidad de montar mis propias obras, aunque también lo han hecho muchos otros directores, y he tenido la fortuna de que la mayoría de estos montajes me han gustado mucho. Entre los más recientes se encuentran ¡Feliz cumpleaños, Phoebe Zeitgeist! y Valentýn (el primer monólogo de Achicorias), presentados en Praga por Apolena Vanišová, y no puedo dejar de recordar La caja Pilcik y Noel Road 25 de Esther Ríos con su compañía Mosaico Mercurio. Fue ella quien me comentó hace muchos años, me acuerdo como si fuera hoy, que mis obras poseen la virtud de compenetrarse con el escenario, algo que en último término permite que se compenetren con el público. Por otra parte, confieso que, en su momento, con limitarme a escribir habría sido feliz, pero ya he probado el veneno de la escena.

Trabajas en tus textos temas contemporáneos y temas clásicos, y siempre se escucha detrás una cierta denuncia o una preocupación en torno a lo social y político. ¿Es así o solamente es que vivimos un medio en el que es necesario?

A las dos preguntas te respondo afirmativamente: existe esa denuncia y es muy necesaria. De todas formas, al escribir pretendo trasladar esa denuncia en forma de preguntas, nunca intento (es más, lo evito) dar opiniones personales. Las respuestas, en el caso de haberlas, deben correr siempre a cargo del público. Nos hallamos en un ámbito teatral, no personal. Como amigo mío, creerás a pies juntillas lo que te cuente, pero ese no es el lenguaje del teatro: en el teatro el público no debe limitarse a creer, también debe crear con su imaginación o, parafraseando a Enzo Cormann, participar como un asambleísta más. Si pretendiera lo contrario, escribiría mítines políticos. Las obras teatrales, sean trágicas o cómicas, deben espolear al espectador y promover el pensamiento activo: que opinen, que se las lleven a casa.

Fran Arráez, Iván Ugalde, Carmen Mayordom y Carlos Be en Elepé
- Fotografía de Nacho del Río
Lo cierto es que habitualmente tienes llenas las funciones. ¿Conoces el secreto del éxito?

Bueno (se ríe), La Casa de la Portera es un sitio muy pequeño, pero entramos con muy buen pie con Peceras. Al principio teníamos miedo de que la gente se asustara, algo que realmente sucede, pero ya no nos preocupa porque la propuesta asusta, sí, pero también interesa por igual. Es un montaje que ya lleva más de un año girando y sigue, de hecho en septiembre vuelve a Barcelona. Y con Elepé, la última obra que estrenamos en La Casa, hay serias dificultades para conseguir entradas, ¡y espero que dure!

En el poco tiempo que llevo en Madrid, desde agosto de 2011, hemos estrenado cuatro obras y el boca oreja funciona muy bien con nuestros espectáculos. Lo bueno es que el público que nos sigue queda satisfecho con todo lo que ve, aun tratando temas tan diferentes como tratamos en las obra. Existe un sello Zombie Company y gusta.

Acabas de estrenar dos textos y estás preparando nuevos estrenos.

Ahora mismo estoy escribiendo el texto de un nuevo montaje para The Zombie Company, sí. Planeamos que se estrene durante el transcurso de este año. Se titula Autostop y lo dirigirá Fran Arráez con Juan Caballero y Mentxu Romero como actores. Por el momento sólo puedo adelantar que es un viaje muy obsceno al interior de cada uno de nosotros, en el que se busca que cada persona se identifique con lo que va a presenciar en escena.

Vilma Cibulková y Pavel Batěk en Origami
- Fotografía de Veronika Patková
Estás ahora un poco al límite de tu actual estancia en España. Perece que es necesario el exilio de la gente de la cultura para que sobreviva.

Habrá nuevos proyectos en Madrid para 2014, pero ahora toca de nuevo ampliar las miras fuera de España. Hace tiempo que los checos me hacen notar que los tengo un poco abandonados, así que ahí vamos. Y la aventura con Origami en Praga fue genial, así que me muero de ganas por repetir. En la actualidad allí están representándose un par de obras mías, lo cual me alegra mucho porque significa que mis textos son capaces de desmarcarse de escenas locales y de las trampas que, ajenas a lo artístico, las urden. Y en otoño La Academia Superior de Artes de Bogotá me ha invitado a dirigir una obra con alumnos de último curso de interpretación de la universidad.

¿Es más fácil escribir y hacer teatro fuera?

Yo el teatro te lo escribo en cualquier parte (ríe). Para montarlo, pues depende, aquí entramos en temas más complejos como son la producción, la comercialización, etcétera. Mis inicios fueron un poco atípicos en el mundo del teatro, pues era uno de esos autores con más obra publicada que estrenada. Creo que cada autor debe encontrar su camino y todo espectáculo, toda compañía o todo autor, tienen su público, sólo hay que dar con éste. A mí en Madrid me ha ido muy bien, es más, estoy encantado, tal como estoy encantado con Praga, y como autor y director de una compañía de la escena off o alternativa o independiente de Madrid, como quieras llamarla, nos hemos desenvuelto muy bien y hemos tenido muchísima repercusión y aceptación.

¿Dependes o quieres depender de prebendas de las administraciones públicas para sobrevivir?

Hasta ahora, The Zombie Company no ha recibido ninguna, y pretendemos seguir trabajando, con o sin ellas. ¿Hasta qué punto es necesario?, no lo sé. Con ayuda nos propondríamos el trabajo de una manera más estable, pero ¿cómo repercutiría en la libertad creativa y artística? Son cuestiones a plantearse.

En tu opinión, ¿cuál debe ser el papel de lo público? Porque la cultura genera unos bienes tanto económicos como no económicos, y está claro que, ahora mismo, no está teniendo un retorno, así que, ¿lo público solamente está para recaudar?

En el sistema capitalista en el que vivimos, lo público se ha convertido (tal como se demuestra a diario en la prensa, que no deja de ser tan solo la punta de un terrible iceberg color billete), en la mayor empresa privada o, en cualquier caso, en un artefacto al servicio de las empresas privadas. Parte de la paradoja en la que vivimos hace que nos olvidemos que lo público también lo pagamos y, en el caso del teatro, por partida doble: con nuestros impuestos y con nuestras entradas. Con ello estoy diciendo que el teatro público, tal como la sanidad o la educación, debería ser gratuita, sí, y lo digo sin ningún ápice de ingenuidad. Ingenuo es creer que nos lo vayan a permitir. Nadie nos da nada gratis y además existen leyes para que eso no ocurra, como se demuestra con el más abyecto de los casos, la ley de extranjería.

Afirmas que en tus textos planteas preguntas, para que el público se responda, pero ya el hecho de plantear sin responder es un posicionamiento. ¿Crees que hay alguna manera de mover al público se cuestione las cosas?

Lo más importante es que el público sienta esa necesidad por moverse. El año pasado, durante una entrevista por teléfono, el periodista me comentó off the record: “La gente ya no se cree a los políticos en sus tarimas. Ahora sólo nos queda creer en las tarimas de los teatros, en sus escenarios”. Cuando la gente se siente decepcionada, busca en otro lado. En nuestro caso, el teatro tiene un papel primordial y es, ante todo, el que los espectadores le den o, dicho de otra manera, el que busca, encuentra. Por eso nos sentimos muy afortunados con nuestro público. Es crítico, exigente y nos da mucho.

¿Con tus obras sientes que esa comunicación existe, que la gente recibe lo que pretendes que reciba?

Sí, llegar, llega. Si no llegara, no estaríamos haciendo teatro. Y además generamos muchas discusiones muy interesantes. La gente se queda después de las funciones, comparte su opinión con nosotros e incluso, al cabo de muchos días, nos sorprenden por la calle con que siguen dándole vueltas a la obra, incluso han soñado o tenido pesadillas, dependiendo de qué obra hayan visto, claro está.

Petr Krušelnický en Valentýn - Fotografía de Alena Hrbková
Dices que no pretendes estar encasillado en tu trabajo. ¿Hay un encasillamiento habitual en las dramaturgias?

Es nuestra tendencia natural, necesitamos limitarlo todo para entenderlo. A veces me han comentado que soy un autor muy raro y simplemente es porque creían que me encontrarían en un cajoncito y me encuentran en otro, tres filas más arriba y a la derecha. La extrañeza depende en gran parte de lo limitada que sea la visión del que mira. Por mi parte, no me interesan estos esquemas, supondría que me repito en mi obra y no le veo ningún fundamento, no encuentro ningún tipo de crecimiento en ello, no me interesa.

Sin embargo, sí que habrá esquemas propios en los que te sientas más cómodo, porque no es igual el planteamiento de un trabajo para ocho actores que un monólogo. Te sentirás más cómodo en algún tipo de formato.

Al primero que no hay que ponérselo fácil es a mí mismo. Cuanto más fácil me lo ponga, más mediocre será el resultado. La escritura no es sólo ficcionar, también es un proceso de aprendizaje, de desarrollo y de investigación, y el público agradece que no se lo des todo masticado. Yo nunca he escrito una obra de teatro que no quisiera escribir, es algo que me provocaría un aborrecimiento extremo que, sin duda, trasladaría al público pues los textos, para bien o para mal, se impregnan durante la escritura con algo más allá de las palabras. Es algo inexplicable y hermoso.

¿Dónde comienza tu proceso creativo, en la idea, en los personajes o en la pura necesidad de escribir?

En mi caso en la idea, en una idea en equilibrio sobre un cable, o a la intemperie, aunque esa idea pueda aparecer de la forma más ecléctica. A veces llega con una imagen, como en Origami, que parte de la imagen de una persona postrada, muy similar a la de una rana, y de ahí me surgió la necesidad de averiguar cómo convive un ser humano con la humillación. Exhumación trata de alcanzar con la ficción aquello que no está al alcance de la realidad, éste es el núcleo sobre el que se gira toda la obra. Achicorias surge de un sueño, del que no recuerdo nada aparte de despertarme con una palabra en la boca: achicoria, y Noel Road 25 de la necesidad de reivindicar y dar voz a un personaje que nunca la tuvo en vida, Kenneth Halliwell, pareja de Joe Orton.

Flanqueando a Carlos Be, los fundadores de La Casa de la Portera
José Martret y Alberto Puraenvidia, también escenógrafo de The
Zombie Company, junto con Fran Arráez, Carmen Mayordomo
e Iván Ugalde - Fotografía de Ibrahim Bray
¿Hay formatos que tienes planteados que quieres hacer o en cada momento surge la idea de cómo desarrollar la comunicación en cada obra?

Como autor no suelo planteármelo, aunque sí es indispensable a la hora de encarar una dirección. Por ejemplo, ahora mismo una misma obra, Llueven vacas, está rodándose como serie audiovisual en España bajo la dirección de Fran Arráez y, al mismo tiempo, en la República Checa, Apolena Vanišová va a convertirla en una instalación artística que se inaugurará el próximo mes de octubre en uno de los pabellones del hospital psiquiátrico más importante de Praga.* Aparte, su estreno teatral también está previsto para un futuro cercano.

¿Eres consciente de que estáis rompiendo la escena en Madrid? Y me refiero a ti y a la compañía.

Pues la verdad es que no, no tenemos tiempo para analizarlo. Nosotros nos dedicamos a hacer un teatro que no nos implica renuncia, es decir, el que queremos hacer, y para colmo contamos con un nuestro público que sí, que va en aumento, así que vamos a seguir así. Si rompemos o no la escena madrileña es una valoración que no nos corresponde hacer. Además, somos los menos objetivos para pronunciarnos al respecto, así que luego me cuentas…

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* Actualización (3 de junio de 2013): La instalación artística de Llueven vacas se inaugurará finalmente en Trafačka el mes de septiembre.

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