Las lejanías, 3

Jos Baker en 32 rue Vandenbranden

Hace días que han reabierto el Puente de Carlos y los turistas se hacinan en él. A este puente no lo hundirá el agua, lo hundirán los turistas.

Esta vez, es la imagen de Francisco de Borja la que no está. Este español oriundo de Gandía fue condecorado santo un siglo después de su muerte, ese cargo que dispensa el Estado de la Ciudad del Vaticano a quienes merecen un puesto superior al de su presidente pero llevan suficiente tiempo muertos como para no tocar las pelotas a nadie. Pone en un cartel en su pedestal que lo están restaurando. No entiendo qué sentido tiene restaurar una réplica. Las estatuas originales del Puente de Carlos se encuentran a buen recaudo en el Lapidarium, junto con muchas otras de la ciudad capitalina. Recuerdo que en uno de mis paseos con Petr Gojda, me contó que un profesor de DAMU, la academia de artes escénicas de Praga, pidió a sus alumnos que acudieran al puente y se fijaran en las expresiones de las estatuas para, a continuación, dirigirse al Lapidarium y contemplar las expresiones originales. El objetivo del ejercicio era ver si notaban la diferencia entre unas y otras, una diferencia muy real, la conocida “mano del artista”. Cualquier academia que promueva la sensibilidad entre su alumnado se merece el cielo, dejemos que en el Vaticano crean que tienen la potestad sobre lo incógnito, qué equivocados están los que no hacen más que trabajar sobre el miedo y la muerte (y sí, soy más ateo que la propia muerte, quien no cree en nadie más que en sí misma, y razones le sobran).

Escribo desde el piano bar del Teatro Karlín –el pianista aporrea el teclado con una energía inusitada a estas horas de la tarde–, donde voy a ver como público 32 rue Vandenbranden. Vengo del escenario nevado de esta producción de Peeping Tom, que ya lleva cuatro años de gira por cuatro continentes, nos ha contado Jos Baker, uno de sus intérpretes. Tiene algo de sacrílego entrar por primera vez en un teatro por el escenario. Sacrílego y terriblemente amoral, como un desafío artístico. La sala principal del teatro es una maravilla. El edificio, de arquitectura nouveau baroque, se construyó en 1881 para acoger espectáculos circenses. En la actualidad, los musicales de toda la vida como Aída o Jesucristo Superstar constituyen el grueso de su programación habitual.

Por cierto, hoy he soñado que viajaba al sur, tan al sur que superaba el ecuador y franqueaba el hemisferio sur, donde nunca he estado, y he amanecido con muchas ganas de viajar al sur y, como en el sueño, contemplar el sol poniéndose por el este.

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