Elepé y La Casa de la Portera son noticia en Ecuador

Desde Ecuador, el periódico El Comercio se hace eco de la relevancia de Elepé, el último espectáculo de The Zombie Company, y La Casa de la Portera en la escena teatral madrileña.

Su corresponsal en la capital española Roxana Cazco abre la noticia con estas palabras:

Teatro a pocos pasos de la habitación
por Roxana Cazco

Fran Arráez en Elepé - Fotografía de Nacho del Río
Una casa, un timbre y una puerta que se abre. Dentro una sala como cualquier otra. Con sillones, lámparas y veinticinco sillas pegadas unas con otras bordeando el lugar. Son pequeñas y resulta difícil no chocar los codos con el vecino. De repente entra de forma alborotada un ser orondo y gritón. Es el protagonista de Elepé, una de las primeras obras de teatro habilitadas en una casa de Madrid. La experiencia es única. La cercanía, el roce con la intimidad ajena y la amplificación de los detalles han hecho de esta nueva forma de ver teatro un descubrimiento para los amantes de las tablas.

La Casa de la Portera es un hogar hecho escenario. Tiene dos estancias por las que se mueven actores y público en un ritual de sincronía y complicidad. Carlos Be, director de Elepé, logra adecuar una obra completa en espacios reducidos apoyándose en la magnífica interpretación de Carmen Mayordomo, Iván Ugalde y Fran Arráez. De este último sobre todo, quien hace de diva de locales nocturnos en plena Movida madrileña, el movimiento cultural que revolucionó España durante la transición.

La Casa de la Portera nació por la necesidad de trabajar. Así lo explica su fundador José Martret, quien estaba harto de recorrer teatros y productoras obteniendo siempre un no por respuesta. "Decidimos darnos la oportunidad a nosotros mismos y que nadie más decidiera si podemos trabajar o no".

Su socio Alberto Puraenvidia conocía la vivienda de antes, pues había grabado un cortometraje allí. Cuando Martret la vio supo que allí funcionaría su teatro. La alquilaron y montaron Iván-Off, de Chéjov, el sueño que otros no aceptaron. Se convirtió en referente y acudió a verla hasta Vargas Llosa.

"Lo definimos como teatro íntimo", dice Martret sobre la Casa de La Portera, cuyo nombre responde a la leyenda de que allí vivió muchos años una portera. "El espectador está tan cerquita del actor que vive casi una experiencia subcutánea, forma parte de lo que les sucede a los protagonistas de la obra".

Las puestas en escena son singulares, en Elepé el público debe seguir a los actores de una estancia a otra en los cambios de escena. No hay interactividad en el sentido amplio, pero es inevitable no formar parte del montaje, por ejemplo cuando uno de los intérpretes muestra un álbum de fotos que recorre las manos de los asistentes.

*   *   *

Para leer la noticia completa en El Comercio, clicad aquí.

Y recordad que en septiembre podréis disfrutar de Elepé, Peceras y Exhumación en Barcelona. Aquí encontraréis toda la información al respecto.

¿Quieres compartirlo?

0 Comentarios