Las lejanías, 7

Praga, 27 de julio de 2013

Mentxu Romero me avisa a través de Facebook de que se ha topado conmigo en la portada de Babelia. Pregunto a un par de amigos españoles que viven en Praga dónde puedo comprar el periódico y me envían a los quioscos del centro. Al llegar al pie de la estatua de San Venceslao, me asomo al interior del primer quiosco que encuentro y le pregunto en checo a la mujer:

-¿Tiene prensa española?
-¿Cuál? -pregunta ella amablemente.
-El País.
-¡Dos años hace ya que no recibimos nada de España! ¡Dos años, entérese bien!

Podría haber empezado por ahí, señora, me entran ganas de decirle, pero la dejo mascullando sola y no tardo en perderla de vista entre la multitud de turistas que andan y tropiezan por Václavák. Bajo por la plaza y no tardo en encontrar a otro quiosquero mucho más amable, enfrente del mercado al aire libre de la calle Havel, que me cuenta que algo pasó entre España y Chequia hace dos años para que dejara de llegar la prensa española, aunque no sabe precisarme qué.

De vuelta a casa, me esperan más felicitaciones de amigos y compañeros de profesión. Es un gran reportaje y agradezco de corazón a quien él ya sabe el haberme dado la oportunidad de aparecer en Babelia. A mediodía partimos hacia Lipnice nad Sázavou a visitar la casa natal de Jaroslav Hašek, el autor de El buen soldado Švejk. En la terraza de una taberna cercana a la casa, un grupo de hombres beben, y algunos ya duermen la borrachera estirados en los bancos, vestidos de soldados austrohúngaros. La tanqueta con la que recorren el país está aparcada enfrente de la terraza.

Švejk Jaroslav Hašek Carlos Be
La inevitable fotografía con el soldado Švejk en Lipnice nad Sázavou - Fotografía de Jan Písařík


Praga, 1 de agosto de 2013

En Praga todo tiene una historia. Para un escritor, es vivir un sueño. A veces hay que acostarse habiendo renunciado a cinco, diez o más historias. En la pantalla de ordenador centellea la primera versión de Autostop. Me ayuda a concentrarme mantener despejado el escritorio, ahora mismo sólo provisto del ordenador, una lámpara Ikea, un enigmático escorpión en ámbar, regalo de Fernando Bellver, y la imprescindible palmatoria. Quienes han asistido a mis cursos de dramaturgia saben que me gusta escribir con una palmatoria encendida, algo que adopté del maestro Yves Lebeau. El escritorio en sí también tiene su historia. Se trata de un escritorio Lexington, adquirido en una subasta organizada por la embajada estadounidense en Praga. A pesar de que ya esté acostumbrado al ordenador, no hay nada mejor para escribir que el contacto de la piel con la madera y el papel.

Praga, 5 de agosto de 2013

Acaban de encargarme desde Bogotá un relato breve en torno al sacrilegio en el arte. Citando a Oscar Wilde, “no hay libros morales ni libros amorales. No hay más que libros bien escritos o mal escritos. Eso es todo”.

De Madrid llegan noticias del entusiasmo y la emoción con que se ha iniciado la segunda y última parte del rodaje de Llueven vacas. Qué lástima no estar allí con ese equipazo de más de treinta personas, pero no se puede estar en misa y repicando, aunque no se diga que un día lo intente y lo consiga.

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