Las lejanías, 9

Barcelona, 26 de septiembre de 2013

De repente, llega un momento en el que haces lo que sabes que tienes que hacer. Se siente como certeza. Y te sientes mayor.

Esta noche se estrena Goodbye Barcelona.

Barcelona, 27 de septiembre de 2013

Escribo en el reverso de un papel de regalo en el camerino de los chicos, sentado en la escalera que conduce al altillo donde se guarda el vestuario. Estoy solo, todos los actores se encuentran en escena. Pau y Carol cantan su primer dueto mientras sus compañeros les observan inmóviles desde bastidores. Sus siluetas, tan atentas, resultan fascinantes: en sus sombras sólo se distingue el brillo de los ojos.

Transcurre la segunda función. Existe una creencia que asegura que la segunda función siempre es peor que el estreno. Por el momento, los actores no se están dejando amilanar por ello. En la República Checa, mucho más supersticiosos en general, se ha llegado a cambiar el nombre de la segunda función con el fin de esquivar este mal agüero. Allí a la segunda función se le llama primera reposición. Así pues, pasan del estreno directamente a la primera reposición y prosiguen con la segunda reposición, que a efectos prácticos ya no es la segunda función, sino la tercera.

Al final de la función, Joan Vazquez canta el tema que da nombre a la obra y no puedo evitar sentir esa voz, salvando las distancias porque lo de Joan es un portento, como mía. Adiós, Barcelona. Mañana volaré por primera vez a América y será mi segunda primavera de este año, pero algo me dice que no va a ser menos intensa que la primera, sino todo lo contrario.

Barcelona, 28 de septiembre de 2013

Mientras espero a embarcar en el aeropuerto del Prat, releo la entrevista que me hizo Aída Pallarès en la platea del Teatro Tantarantana. La periodista expone sin tapujos la impresión que le causé y no deja de causarme admiración y sorpresa también, tan concentrado como estaba yo intentando responder con coherencia a sus preguntas. Sigo pensando que me balbuceo mucho cuando hablo pero si ella opina que no, tendré que creérmelo. Añadir que me encantan los periodistas que se apasionan con su trabajo. De ahí la admiración, por sus principios.

Bogotá, 29 de septiembre de 2013 

Enmarcada en la ventana, la iglesia de la Candelaria. En su fachada, un pintada: "Cloro al clero". En menos de cinco minutos ya estoy en la plaza de Bolívar, enfrente de la Alcaldía Mayor de Bogotá. La Candelaria es conocido como el barrio bohemio de la capital, al cual he ido a aterrizar de pleno. Veo por primera vez llamas, que acercan el hocico a sus amos en busca de una caricia.

Sólo hay luz de día durante doce horas, de 6 de la mañana a 6 de la tarde, y no puedo dejar de pensar en Praga. Bogotá es como Praga, pero henchida de color, y claro, la inspiración emerge a raudales. Sentado en una balaustrada de la catedral, escribo en el cuaderno rojo con la sensación de que podría pasarme días enteros sin parar de escribir todo lo que veo.

En la calle 7 se apuesta a ver en qué cazo se esconden unos atemorizados conejillos de indias, "una diversión", tal como anuncia el feriante, "totalmente sana, curiosa y numerosa". Puestos ambulantes de crispetas, paradas de pastillas de sandía y jugos de frutas que desconozco, cuerpos de habitantes de la calle -como se les tiene que llamar aquí- envueltos en bolsas de plástico al lado de militares de edades ridículas sorbiendo granizado de una pajita. Un lustrador cruza a toda prisa con su caja de herramientas bajo un brazo y la réplica de una carabela bajo el otro. En las jardineras tristes de la calle, aforismos para quedarse boquiabierto: "El ruido de las balas no deja escuchar las ideas", "Hojas dan todos; frutos, unos pocos", "Vacúnese contra la discri-'mi nación'", "El miedo al interior es temor a descubrir". Y el que más me gusta, del cual quiero apropiarme: "Juega siempre, nadie gana".


Por la noche, Wilson García nos invita a El autor intelectual de Jorge Hugo Marín en la calle 42. Asistimos a la función de La Maldita Vanidad desde el patio de luces de una finca privada. Qué actores (¡por cierto, en octubre están de gira por España!).

Después de la representación, ya entre copas de vino, escucho por primera vez en mi vida, para sorpresa de todos los presentes, una canción que desconozco. Es del compositor Aldemaro Romero y canta María Rivas, ambos de Venezuela. El videoclip tampoco tiene desperdicio. Espero vuestras opiniones.



*   *   *

Sigue leyendo: Las lejanías, 10Las lejanías, 8

¿Quieres compartirlo?

2 Comentarios