El teatro gourmet de Carlos Be

Es Madrid No Madriz, revista digital dedicada a Madrid y a la cultura, me entrevista en su último número de octubre.



Carlos Be, un beletrista
por Ramón Rivas

Carlos Be (Vilanova i la Geltrú, 1974) es autor, director de teatro y, sin lugar a dudas, uno de los más prolíficos y brillantes del panorama actual.

Sus impecables textos, la fantástica puesta en escena y las obras en las que no sólo cuenta una historia, sino que nos hace partícipes de ella, han sacudido el mundo de la escena de una forma brutal. En 2011 se instala en Madrid con su propia compañía The Zombie Company y obras como Exhumación, Peceras o Muere, Numancia, muere se convierten en todo un éxitos en lo que algunos denominan como teatro alternativo. Si bien es cierto que sus obras no están en el gran circuito comercial (todavía), la palabra correcta para definir sus trabajos sería teatro gourmet.

Su último proyecto es una serie llamada Llueven vacas, escrita por Carlos Be y adaptada y dirigida por Fran Arráez. Una serie que trata el tema de la violencia machista y que cuenta con un elenco de actores de lujo como Maribel Verdú, Asier Etxeandia y Eduardo Noriega, entre otros. Este proyecto audiovisual será probablemente uno de los más importantes de su carrera y será una buena oportunidad para que el gran público conozca el trabajo de Carlos Be.

Calidad y trabajo bien hecho es su tarjeta de presentación, por hemos hemos querido hablar con él en esta entrevista.

Es Madrid No Madriz.- Cuando se habla del oficio más viejo del mundo todos pensamos en el mismo pero ¿realmente es ese? La interpretación, el teatro, existe desde que el hombre es hombre, de ser así, el teatro ¿es un oficio o es un arma de supervivencia? ¿qué es el teatro?

Carlos Be.- Dicen que ese primer oficio es la prostitución, pero es cierto que el teatro no dista mucho de ella. Ambas profesiones se articulan en torno al deseo y, por antagonismo, también en torno a la aversión y los prejuicios. Tanto una como la otra ofrecen, entregan anhelos. Quizás la diferencia entre ellas radique en que, mientras la prostitución se centra en la sexualidad, el teatro busca la manera de comunicarse con el otro recurriendo a la magia que existe en esta vida o, al menos para mí, eso debería ser el teatro: un invocación en la realidad.

Normalmente se te cita como “dramaturgo” pero, según la Real Academia de la lengua, dramaturgo es el autor de obras dramáticas. Si bien es cierto que muchos de tus textos lo son, también eres autor de comedias. Si ahora mismo estuvieses sentado frente a una circunspecta funcionaria de aduanas y te preguntase por tu profesión ¿cómo te definirías?

De momento no he tenido ningún problema en las fronteras, aunque en Hacienda siempre tengo un poco de lío a la hora de dar con los epígrafes adecuados. Recuerdo una vez que la funcionaria quería inscribirme como rejoneador, no recuerdo cómo se resolvió el entuerto. Me considero un autor de ficción, un beletrista, tal como se llama en algunos países a este tipo de escritores, pues aparte de las obras teatrales también cuento con novelas y relatos escritos, aunque haya sido en el teatro donde los textos han logrado mayor difusión. Eso sí, la poesía apenas la he rozado, me impone demasiado. Me sobrecogen poetas como Jaime Gil de Biedma, Fernando Molano y Enzo Cormann –autor dramático que me permito elevar a la categoría de poeta–, que con sus líneas pueden hacer llorar a un lector sorprendido.

¿Ser director de teatro es un oficio de riesgo en España?

Ante todo debe ser una vocación, lo demás –el país, el riesgo, etcétera– queda supeditado a la vocación. En mi caso en particular, ser director de teatro supuso, además, la oportunidad para mostrar los textos en escena a un público más amplio, pero no dejo de considerarme, ante todo, un autor, un beletrista. En este país existen grandes directores de teatro consolidados, y muchas promesas muy interesantes, como Esther Ríos y Luis Luque por ejemplo, que, a mi entender, asumen el riesgo como parte implícita de su profesión. Sabemos que quien arriesga mucho, puede perderlo todo, pero también ganar más, y en esto del teatro, que es una profesión que implica mucha entrega, se recibe en la medida en que entregas.

En algunos de tus textos pones el dedo en la llaga, digamos que haces una denuncia social en la que no dictas sentencia sino que planteas una serie de preguntas en las que haces partícipe al público invitándoles a una reflexión. ¿Eres consciente de ello? ¿cómo lo experimenta el público?

Es la intención, la reflexión. No entiendo que alguien pueda levantarse por la mañana sin sentir la necesidad de decir algo. Tenemos que aportar a la vida, porque en el momento en que la agites un poco, luce de forma inesperada. Por ello queremos ofrecer algo que conmueva y agite, activar la discusión, la polémica, romper la comodidad que no hace más que anestesiarnos frente al entorno. Con Peceras, nuestro montaje que apela más directamente a los espectadores, y en concreto a su pasividad, el público termina dividido: unos, excitados; otros, enojados. Los debates después son interesantísimos y la polémica está servida.

Eres un autor bastante prolífico y muy exitoso en lo que algunos etiquetan como teatro “independiente”. En ocasiones, el simple hecho de etiquetar a un autor, artista, etc acaba siendo un acto discriminatorio en el que la etiqueta pasa de ser un elemento informativo a un sambenito ¿Qué opinas sobre estas etiquetas en el mundo del teatro y la cultura en general?

Bueno, muchas gracias por lo de exitoso. Esas etiquetas existen porque existe una necesidad de limitar para comprender, pero yo intento escapar de todas ellas con mi trabajo: no hay una obra igual, y quizás sólo dos de ellas toquen temas parecidos. Eso causa mucha incertidumbre en algunos ámbitos, lo sé, pero para mí, la escritura de una obra tiene que resultar una nueva aventura, algo excitante, un reto. No sé si hago teatro independiente o no, no es competencia mía determinarlo, pero sin lugar a dudas me encanta lo que hago.

¿Cómo surgen las ideas para la creación de una obra, se necesita recurrir a las musas o pueden surgir hasta en un atestado vagón de metro a las ocho de la mañana?

En cualquier momento, la verdad, y es una obviedad decir que la principal fuente de inspiración es la propia vida, pero no todo sirve. Hay hechos que conviven en la realidad pero no pueden sostenerse en un mundo de ficción. Tampoco digo que tengamos que tener unas vidas súperagitadas, basta con reconocernos en lo que nos rodea: todo lo que nos regala el presente, lo que perdemos en el pasado, lo que soñamos en el futuro. La inspiración es un tipo de conciencia determinada, una llave que abre la puerta a otro plano donde el autor convive con la imaginación, una suerte de Palacio de la Memoria pero en materia de ficción.

En 2003 fundas junto a Fran Arráez The Zombie Company en Barcelona y posteriormente la compañía se instala en Madrid. ¿Por qué en Madrid?

En 2011 volvía de Praga, después del estreno absoluto de Origami, con un elenco de primer orden encabezado por Vilma Cibulková. El montaje obtuvo mucha repercusión nacional e internacional. A la vuelta, me trasladé directamente a Madrid en un momento en que estrenaban varias obras mías allí. La acogida fue fabulosa. La escena madrileña vive un momento de auge y creatividad envidiable con artistas a los que admiro profundamente como Miguel del Arco, Secun de la Rosa, la trepidante Casa de la Portera, y muchos más con los cuales es un placer compartir panorama teatral.

La crisis ha sido como una bomba de neutrones que ha dejado el paisaje pero se ha llevado por delante al paisanaje. Pese a los recortes y las absurdas y dañinas subidas de impuestos, la crisis no ha logrado acabar con la gente del teatro. ¿Cuál es la parte positiva de la crisis en el mundo del teatro?

La resistencia, el compañerismo y también ese valor que ha adquirido la escena independientemente del precio que pueda costar un espectáculo. Es decir, la crisis ha permitido que despunte la calidad sin necesidad de pasar por los números.

El teatro es como la vida, nada puede acabar con él pero sí le pueden hacer mucho daño ¿Qué es lo más dañino, además de la crisis, para el teatro en un país como España?

Estoy contigo, no creo que el teatro cuente con un enemigo capaz de hacerle sombra. Por poner un ejemplo, los nazis arrasaron con el teatro checo cuando entraron en el país y aquellos mismos movimientos que se creían extinguidos, como el del Teatro Libre de Praga, liderado por Jan Werich y Jiří Voskovec, están resurgiendo ahora con más fuerza gracias a creadores como Robert Wilson que han retomado sus principios e indagan en direcciones paralelas. La crisis actual en España no es para nada comparable al dramatismo de otras épocas y como opinan muchos artistas, ¿qué sería del arte si no viviera en un constante estado de crisis? Es cierto que se ha dado una criba terrible, fiera, entre los profesionales del teatro. Las consecuencias de esta crisis las hemos notado todos pero sólo los más flexibles sobrevivirán. En tiempos de cambio, hay que adaptarse. Si te apeas, quedarás atrás.

De todas las obras que has representado en los últimos años ¿cuál es la que más alegrías te ha dado y de cual te sientes más orgulloso?

Todas las obras estrenadas nos han aportado muchas alegrías, pero si tengo que destacar alguna en particular destacaría dos. La primera fue Achicorias, que nos proporcionó una respuesta muy emotiva por parte del público, algo que no esperábamos y que agradeceremos siempre. Yo aún guardo una rosa del desierto que me regalaron casi a escondidas después de una función, muchas frases de una belleza y una entrega máximas, muchas miradas y también muchos “gracias” que nos dejaron sin aliento.

La otra obra sería Origami. Con Origami entendí que el teatro no sabe de fronteras. La respuesta del público fue la pretendida: muy polémica. Sin lugar a dudas, Origami es la obra que salvaría si sólo pudiera quedarme con uno de todos mis textos. Después de escribirla, tarde dos años en volver a escribir una línea. Me dejó seco.

Existe otra obra, un monólogo aún inédito, que creo que también va a dar mucho que hablar. Aún no se ha estrenado y debo mantener su título en secreto, pero ya está traduciéndose, a fecha de hoy, a cinco idiomas más.

Ahora te has embarcado en un nuevo proyecto, esta vez audiovisual llamado Llueven vacas en el que cuentas con un elenco de lujo, con artistazos como Asier Etxeandia, Maribel Verdú y Eduardo Noriega entre otros. ¿Cómo ha sido el salto a este nuevo formato? ¿Es el inicio de una nueva etapa, esta vez en el mundo del cine?

Llueven vacas es otra de las obras que intuyo que van a pegar fuerte. Rodarla fue una propuesta de Fran que ha conseguido llevar a cabo gracias al tremendo esfuerzo de casi medio centenar de profesionales que le han apoyado. Un lujo, vamos. La obra contiene un mensaje contundente y muy actual y Fran quería que llegara al máximo de gente posible, por ello la idea inicial de saltar al audiovisual. La experiencia en los platós ha sido insuperable y nos ha permitido conocer a unos profesionales de órdago. Por el momento es el primer y único proyecto de la Zombie Company en el terreno audiovisual, pero no estamos cerrados a nada.

¿De qué va este nuevo trabajo y cuándo podremos verlo?

Llueven vacas aborda la violencia doméstica desde un punto singular: desde el humor y el sarcasmo. La obra presenta una relación de pareja desde antes de que llegue el primer golpe hasta el final. Se trata de una historia tan cercana como terrible. Parafraseando a Margarita, la protagonista femenina, existen muchas formas de amor, pero, como muchos sabemos, no todas son buenas. Ahora mismo el material rodado, que he podido visionar y debo decir que es impresionante, se encuentra en fase de montaje y muy pronto sabremos en qué plataforma se emitirá.

¿Qué proyectos tienes para un futuro inmediato, aparte de Llueven vacas?

Este otoño lo pasaré en Sudamérica, dirigiendo un laboratorio-montaje con alumnos de último curso de interpretación de la Facultad de Artes Escénicas de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas de Bogotá. La obra a montar es Muere, Numancia, muere, basada libremente en El cerco de Numancia de Miguel de Cervantes –que ya presentamos con The Zombie Company en la primera edición del Fringe Madrid–, y su estreno tendrá lugar la primera semana de diciembre en el Teatro Camarín del Carmen. Y en enero se estrenará Autostop en el Teatro Lara, con dirección de Fran e interpretada por los actores zombies Juan Caballero y Mentxu Romero.

Aparte, me gustaría contar con más tiempo para escribir teatro y, en concreto, comedias, género que ya se impone en los últimos textos, especialmente en Elepé, sin que ello comporte, como es el caso de esta obra, renunciar a la innovación dramatúrgica. En definitiva, quiero escribir y ser feliz, o viceversa: el orden de los factores no altera el resultado.

Carlos, nos despedimos de ti dándote las gracias por concedernos un poco de tu tiempo y te deseamos mucho éxito en tus nuevos proyectos que esperamos ansiosos poder disfrutar.
María Barranco y Asier Etxeandia en Llueven vacas - Fotografía de Charo Guerrero



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¡Muchas gracias a vosotros, Ramón! Aquí tenéis la revista de este mes, ¡muy interesante!:

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