Las lejanías, 10

Patio de la Casa Sanz de Santamaría

Bogotá, 30 de septiembre de 2013

Esta tarde iniciamos los ensayos en la Casa Sanz de Santamaría, en la localidad bogotana de La Candelaria. Bogotá se divide en veinte localidades, o distritos para entendernos, y La Candelaria es el número diecisiete. Parte de las instalaciones de la Casa Sanz de Santamaría sirven de almacén para el vestuario de la Ópera de Colombia, propiedad de la Fundación Camarín del Carmen. En algunos de sus pasillos y recovecos se acumulan telarañas e imaginerías católicas. La estatua que preside el patio no tiene parangón... y me fascina.

Los once actores son muy jóvenes y poseen mucha energía. Aún no sé qué personajes interpretará cada uno, cuento con tres días de improvisaciones para conocerles y después decidiré. Desde el balcón volado de la sala de ensayos se ve el teatro donde estrenaremos en diciembre, el Teatro Camarín del Carmen, y, en el horizonte, hacia el este, los omnipresentes cerros de Bogotá. No sé por qué pero los cerros dan la impresión de que, tras ellos, acabe el mundo.

Bogotá, 5 de septiembre de 2013

Acudo al Teatro Varasanta con Arley Ospina Navas y Felipe Hernández. Arley es autor y director teatral y también mi anfitrión en la capital, y Felipe mi asistente de dirección en Muere, Numancia, muere. En el Teatro Varasanta representan Kilele o, mejor dicho, ritualizan Kilele, una propuesta interesantísima que gira en torno a la masacre de Bojayá en la cual murieron cerca de doscientos civiles. La obra es de Felipe Vergara y la ha dirigido Fernando Montes. Transcribo la sinopsis de la obra: “El 2 de mayo de 2002, en la capilla de Bellavista explotó un cilindro de gas lanzado desde un mortero artesanal por el bloque José María Córdoba de las FARC en medio de una confrontación abierta con el Bloque Élmer Cárdenas de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, cuyas tropas estaban utilizando a la población civil como escudo. El impacto y la explosión mataron a ciento diecinueve personas. A partir de entonces, toda la atención nacional e internacional que podía atraer la zona de Chocó, se concentró en la matanza y se logró ocultar las intenciones particulares que buscan desalojar el territorio chocoano para emprender enormes proyectos agroindustriales, madereros y mineros".

En este país la violencia y la corrupción están más que naturalizadas. Son oficiales.

Kilele - Fotografía del Teatro Varasanta


Bogotá, 6 de septiembre de 2013

¡Juan Caballero en Bogotá, qué alegría! Llega con la compañía Sudhum Teatro a presentar Silenciados en la Casa Ensamble. Vienen de México y Medellín y concluyen la gira en Bogotá, mañana regresarán a España. Comemos en Usaquén, localidad número uno de Bogotá. Nos acompañan la directora teatral colombiana Cecilia Isabel García, Gustavo del Río y mucha más gente. Hemos tardado en llegar más de una hora en taxi y tardamos otra hora en regresar. Bogotá no se acaba nunca.

Por la noche, Arley me regala una piedra de sal de la mina de Zipaquirá, donde ha pasado el domingo. En sus excavaciones, a más de ciento ochenta metros bajo tierra, se oculta una catedral subterránea hecha de sal.

Carlos Be y Juan Caballero se encuentran en Bogotá




Bogotá, 7 de octubre de 2013

De buena mañana, me toman por duplicado las huellas de los cinco dedos de ambas manos por duplicado y me fotografían sobre un fondo blanco. A continuación me dicen que suba al segundo piso y descubro que los segundos pisos en Colombia son, para un español, los primeros, pues los bajos aquí los cuentan como primeros. Aguardo en una nueva sala de espera. Una grieta atraviesa el suelo de baldosas y se cuela entre mis piernas. Enfrente, cuatro funcionarias de Migración manejan pasaportes de espaldas a un amplio ventanal colmado por el lienzo natural de los cerros. Todo ello para conseguir la cédula de extranjería.

De vuelta al centro, cojo mi primera buseta -un autobús colectivo- con el coreógrafo Juan Andrés Ríos. Conversamos sobre los habitantes de la calle en Bogotá, estatuas vivas en la ciudad de las injusticias. La virgen de Chiquinquirá, patrona de los conductores, nos vela durante el trayecto, o eso creemos hasta que sube un vendedor ambulante y nos deja bien claro que “no voy a agredirlos ni a ustedes ni a sus familiares”. Creo que todos los pasajeros tragamos saliva en ese momento. Vendía piruletas gigantes. A los cinco minutos sube un segundo vendedor que pretende “promover la lectura entre los bogotanos” y nos muestra unos bestsellers infumables al económico precio de 5.000 pesos (unos 2 euros). Concluye su discurso mostrando su alijo más preciado: libros sobre sexología y arcángeles, éstos a 10.000 pesos (4 euros) “porque de estos libros abonamos derechos a sus autores”. No sé si reírme o llorar. Bogotá es una ciudad de contrastes, es indiscutible.

Por la tarde, iniciamos la segunda semana de ensayos. Entramos, al fin, en el Teatro Camarín del Carmen. A veces uno siente que la vida le da más de lo esperado y es entonces cuando te das cuenta que algo estás haciendo bien.

Primer ensayo en el Teatro Camarín del Carmen - Fotografía de Felipe Hernández


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