Las lejanías, 14

Bogotá, 22 de octubre de 2013

Esta tarde hay función en el Teatro Camarín del Carmen y doña Margarita, la mujer rubia que ve en la oscuridad, nos pide que ensayemos en el Teatro La Candelaria, a pocas cuadras de allí. El Teatro La Candelaria es la sede de la compañía del autor y director Santiago García, eminencia colombiana reconocida internacionalmente y el embajador mundial del teatro designado por la Unesco el año pasado.

Llego el primero al Teatro La Candelaria y la mujer que trabaja en la cafetería me indica la entrada a la sala. El espacio cuenta con una gradería móvil y un escenario a ras de suelo, ocupado únicamente por tres mesas abandonadas. Dejo la bolsa sobre una de ellas en el preciso instante en el que un anciano aparece de no sé dónde cruzando el escenario en diagonal y me pregunta mientras se acerca:

-¿Ha visto una plantilla de zapato?

Sólo acierto a responderle:

-¿Perdone?

-Una plantilla de zapato, he perdido una plantilla y se me cae el zapato -repone sin detenerse.

-Si la encuentro, se la entrego -me apresuro a responder.

-¿Cómo dice? -pregunta pasando a mi lado.

-¡Si la encuentro, se la entrego!

-¡Gracias! -y desaparece por la salida del teatro en dirección a la cafetería.

Los actores llegan enseguida y me comentan:

-¡Conociste a Santiago García!

Pues sí. Lo que son las primeras impresiones.

Bogotá, 24 de octubre de 2013

El Banco de la República posee un complejo museístico en el centro de la capital constituido por el Museo Botero, la Casa de la Moneda y la Colección de Arte del Banco de la República.

En la Colección de Arte me sorprende toparme con piezas de artistas españoles que nunca he visto en vivo, como Hombre sentado con pipa (1969) de Pablo Picasso o el esperpéntico Busto retrospectivo de mujer (1933) de Salvador Dalí. Por otra parte, padezco una atracción inefable hacia Giorgio de Chirico, tal como compruebo de nuevo ante su Naturaleza muerta evangélica (1956), una afección únicamente superada por Max Ernst y mi venerado Hieronymus Bosch. Con ambos, me siento incapaz de salir de sus cuadros, algo que no me sucede, sin embargo, en el caso de la escultura de Ernst, que no conocía y debo confesar que me ha decepcionado bastante. La visión de su Explosión en una catedral (1960) me electriza y tardo en proseguir con la visita, sin ánimo de menoscabar las obras de Bacon, Chagall, Giacometti, Klimt, Kokoschka, Matisse, MonetToulouse-Lautrec y muchos más que allí esperan.

Cabeza y hombros de mujer (1990) de Lucian Freud




Conversación (1925) de George Grosz


Fernando Botero muestra sus esculturas con más éxito que Ernst. En la sala número 9 dedicada a su figura, puede admirarse su faceta más crítica como pintor en las obras Carrobomba (1990), Masacre de Mejor Esquina (1997) o Manuel Marulanda "Tiro fijo" (1999).

En la planta dedicada al arte contemporáneo colombiano, es inevitable no destacar la obra de Luis Caballero, todo un descubrimiento bello, intenso y sobrecogedor. Os dejo con una entrevista publicada el año 1993 en Semana, tres años antes de su muerte, cuando su condición de seropositivo ya era conocida públicamente.

Sin título (1989) de Luis Caballero



Noche oscura de San Juan de la Cruz (1977) de Luis Caballero

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