Teatro en Bogotá (I): Francisco Rebollo y el Teatro Varasanta

Entrevista publicada en el número 194 de la revista española de artes escénicas Artez

Fragmentos de Libertad - Fotografía del Teatro Varasanta

Francisco Rebollo nos deja dos invitaciones –cortesías, como las llaman en Colombia– para Kilele, la primera obra que veré del Teatro Varasanta y a la que le seguirá, pocos días después, Fragmentos de libertad. Me acompaña mi cicerone en la capital, Arley Ospina Navas, director y autor teatral premiado con quien tendremos el honor de conversar en un futuro próximo, pero ahora volvamos al presente: la sede del Teatro Varasanta se sitúa en el distrito bogotano de Teusaquillo, una casa blanca de dos pisos, con jardín y techo arqueado, de la cual, tal como comprobaré en breve, se sale distinto a como se ha entrado, pues en su interior late el teatro, el teatro del bueno, el gran teatro, el que te hace crecer.

Kilele es una obra escrita por Felipe Vergara y dirigida por Fernando Montes que gira en torno a la masacre de Bojayá. En el año 2002, los habitantes de Bellavista se refugiaron en una iglesia para huir del enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y los paramilitares de los Autodefensas Unidad de Colombia (AUC) por el control de esta zona del Chocó. Bombardearon la iglesia con pipetas –cilindros de gas repletos con metralla y explosivos– y uno de los proyectiles atravesó el techo del recinto e impactó contra el altar, matando a ciento diecinueve civiles e hiriendo a un centenar más. En el escenario del teatro, la vida y la muerte se debaten entre el olvido y el recuerdo de la mano de los actores Liliana Montaña, Isabel Gaona, Elizabeth Ramírez, Magda Niño, Catalina Medina, Beto Villada, Nelson Camayo, Eduardo Guevara y nuestro estimado Francisco Rebollo, quien también actúa en Fragmentos de libertad, otro ritual elegíaco contra la belicosidad que, desde la irrupción de los españoles en 1492 hasta la actualidad, asola las tierras colombianas como si la llegada de Colón hubiera condenado a los colombianos a convertirse en un pueblo muerto en vida, sepultado bajo un destino plagado de cruces. Eso sí, al final de ambos espectáculos el Teatro Varasanta emite un hálito de esperanza, porque su objetivo principal es diáfano: lograr un mundo mejor.



Para Francisco Rebollo, el teatro es algo más que un oficio: es su elección y su forma de vida. Además de actor del Teatro Varasanta, ejerce la docencia en centros como la Academia Superior de las Artes de Bogotá de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, la Institución Universitaria Politécnico Grancolombiano y la Universidad El Bosque en las maestrías de Movimiento, Combate escénico y Expresión corporal y vocal. Pregunto a Francisco sobre el estado actual del panorama teatral nacional. “Considero que, por lo menos a nivel de Bogotá –repone–, está en un proceso de fortalecimiento. Hay grupos estables trabajando desde hace varios años de manera constante y rigurosa y, a su vez, contamos con la aparición de nuevos grupos, conformados en gran medida por egresados de los diferentes programas en teatro que están desarrollándose a nivel técnico y universitario. Tenemos además la fortuna de contar con varios festivales de teatro que, de una u otra manera, brindan la posibilidad de ver y analizar las tendencias, las exploraciones, las investigaciones en cuanto al hecho escénico y un espacio de intercambio de experiencias, que indudablemente ayudan al fortalecimiento de ese panorama teatral. Sin embargo, pese al aumento de oferta y la continuidad en la programación de las salas con espectáculos durante la mayor parte del año, desafortunadamente también existe un desbalance con la demanda y el público es esquivo a la hora de asistir a los espectáculos, a menos que sean de entrada libre, ¡en cuyo caso sí podemos hablar de asistencias masivas! Dentro de este panorama, el Teatro Varasanta y sus obras juegan un papel importante, pues es un grupo que se ha mantenido trabajando y creando por más de dieciocho años ininterrumpidos. Cuenta también con la fortuna de ser una sala concertada, de modo que tiene un espacio en dónde reunirse, ensayar, entrenar y crear sus obras, y a su vez abrirle las puertas a muchos otros grupos para que muestren su trabajo.”

Francisco Rebollo, abajo, y Fernando Montes, arriba,
en Fragmentos de Libertad - Fotografía del Teatro Varasanta

Le inquiero sobre el proceso de ensayos de Kilele y Fragmentos de libertad. “Depende de la forma como estemos montando la obra. La gran mayoría de los trabajos son producto de dramaturgia de actor, que es una forma de creación colectiva en donde cada actor propone una o varias acciones sobre el tema planteado, solucionando todos los elementos de la puesta en escena de su acción y presentándola a los demás como una pequeña obra. Posteriormente se analiza el material, se ven las perspectivas, las posibilidades y la forma como se podría ir desarrollando y articulando el material con las otras propuestas, para finalmente ir armando la obra. Después vienen los ensayos de ensamble y las pasadas para terminar de pulir y construir. Paralelo a esto, está el proceso final de concepción y construcción de escenografía, utilería, vestuario e iluminación, ya que en gran medida depende de lo que vaya surgiendo en las propuestas. Otro tipo de proceso es cuando partimos de un texto escrito. Antes que nada está la selección del texto, que tiene que ver con nuestros intereses artísticos y personales, expuestos ante el grupo y conversados para encontrar puntos en común que nos lleven a la propuesta más indicada. Después vienen las fases de lectura y análisis del texto, de las circunstancias, de los personajes, etcétera, para posteriormente empezar a trabajar por escenas hasta tener una estructura. El paso siguiente: la repetición y con ella la búsqueda de justificaciones, de sentido, de propósitos para llenar la estructura y las acciones. Cualquiera que sea la metodología de montaje, siempre tenemos en cuenta que nuestro encuentro debe ser de calidad y efectivo. Para ello es vital encontrarnos, movernos juntos, entrenar, cantar juntos, sintonizarnos en lo que estamos haciendo y en lo que buscamos entre todos, sin olvidar ni obviar el mundo interior de cada uno, con sus necesidades y sus búsquedas.”

No dudo en compartir con Francisco mis inquietudes sobre la utilidad del teatro. ¿Para qué sirve, si es que sirve para algo? “Es una pregunta en la que me debato a mí mismo frente a la respuesta. En ocasiones pienso que no sirve para nada porque ni siquiera está llegando al público que quisiéramos que llegara, pero en otros momentos o incluso simultáneamente me encuentro creyendo firmemente que sí tiene utilidad y que, depende de la forma como se use, puede llegar a ser una herramienta muy poderosa y efectiva para hacer pensar, para recordar ser, para recordar sentir, para propiciar sensaciones, para movilizar. Es, por supuesto, una posición muy personal, pero con el teatro me pasa algo muy similar a lo que me ocurre con la docencia. Puede que yo llegue a un salón de clases y dé lo mejor de mí, y puede que no le llegue a nadie, que no logre transformarle la vida a nadie o, incluso, que no logre cambiarle ni siquiera por un instante la cotidianidad a nadie, pero siempre existe la posibilidad de que sí lo haga, y con una sola persona en la que haga eco algo de lo que yo haga o diga, ya valió la pena. Son luchas individuales, en apariencia infructuosas muchas veces, pero que van de la mano con una ética frente al oficio que escogí y que no sabría hacerlo de otra manera.”

¿Qué consejo le darías a un joven actor que iniciara su carrera? “Que sea consecuente con su decisión, que sepa la responsabilidad del oficio que está emprendiendo y que sepa que los buenos resultados son los que vienen del trabajo. Que sepa que el talento y la inspiración se agotan si no se nutren a diario con investigación y trabajo. Que no fundamente su formación actoral en la noción de la mentira. Que busque la sinceridad y la organicidad para todo lo que haga, y que no repita formulas ni marcaciones de manera automática, sino que se entrene en permanecer y reaccionar en el estado presente. Que actuar no es sinónimo de movimiento, ni de sudor, ni de estallidos e histerias emocionales sin control. Que desde la quietud se pueden mover también muchas cosas si hay movilidad interior. Y tomando las palabras de Ryzsard Cieslack en su última entrevista sobre el legado de Grotowski, 'actuamos tanto en la vida que para hacer teatro bastaría dejar de actuar'.”

Estimado Francisco, muchas gracias por tus palabras y tu sabiduría. En el próximo número* seguiremos con más figuras relevantes de la escena colombiana.

Francisco Rebollo en Arimbato, el camino del árbol - Fotografía de Teatro Varasanta

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