Las lejanías, 19

Bogotá, 11 de noviembre de 2013

Primer encuentro con la cocaína. Apostado tras un biombo de madera que separa la entrada a los baños de la pista de la discoteca, un tipo de edad indeterminada, escuchimizado y vestido con ropa juvenil invita a todo aquel que pase a una dosis en su cucharilla de esnifar. Los hombres y mujeres que esperan en la cola frente a mí reciben la eucaristía en polvo y luego bailan frenéticos en la pista de baile al son de Shakira, Jennifer López o Gusttavo Lima. Al llegar mi turno, el tipo ladea la cabeza y me mira con los ojos entornados y una boca sin mueca. Dudo siquiera que me haya visto. Paso a su lado y orino. Soy el único en los baños.

Bogotá, 13 de noviembre de 2013

Apagón en la localidad de La Candelaria. El Teatro Camarín del Carmen se queda a oscuras a principio del ensayo. Abrimos los ventanales que dan a la calle 9 y seguimos con el calentamiento. Hoy contamos con el talento de Juan Andrés Ríos, nuestro coreógrafo, para perfeccionar el movimiento de los personajes de la obra, tan distintos entre sí. Al anochecer, doña Margarita aparece con una linterna y nos pide que salgamos del teatro antes de que sea noche cerrada. Nos demoramos más de la cuenta en recoger nuestros enseres y a la salida nos encontramos con la negrura más espesa.

Atravesamos las calles a oscuras. Aunque no las veamos, notamos que nos rodea mucha otra gente. Caminan apresuradamente y, de vez en cuando, un vehículo a la carrera les ilumina y congela la imagen de decenas de personas errando a ciegas, sorprendidas por el arquetípico miedo a la oscuridad.

Al cabo de una hora, el ejército toma el centro. Los militares se apuestan en cada esquina con sus fusiles de asalto. Esas armas tienen una cadencia de tiro de hasta setecientos disparos por minuto.

Universidad Nacional de Bogotá
Universidad Nacional de Bogotá

Bogotá, 14 de noviembre de 2013

Seguimos de apagón.

A las ocho de la mañana empieza en la Universidad Nacional el II Encuentro de Estudios Teatrales desde los Estudios Literarios organizado por el Grupo de Investigación de Estética e Historia del Teatro Colombiano. Allí que vamos Arley y yo. El encuentro empieza cuarenta minutos tarde, no olvidemos que estamos en Colombia, con las interesantes ponencias de Víctor Viviescas, autor y director teatral, y Monique Martínez, catedrática de la Universidad de Toulouse-Le Mirail. Me planteo, a efectos prácticos, qué interés tiene este encuentro para la ficción. ¿Debemos los autores, los beletristas, estudiar a quienes nos estudian? No lo sé. Como beletrista, mi objeto de estudio es la realidad, mientras que el de ellos es la beletría, es decir, la ficción.

Universidad Nacional de Bogotá
Universidad Nacional de Bogotá

Volvemos en buseta -un autobús colectivo- a La Candelaria. En la mediana de la carretera y en las lomas de los arcenes se suceden los cuerpos inertes. Hoy cuento hasta tres. Supongo que en algún momento uno deja de preguntarse si están vivos o muertos. Yo aún me lo pregunto.

Después de otro ensayo a la luz natural de la tarde -ya llevamos más de veinticuatro horas de apagón-, me acerco al restaurante Mi Favorito. Tienen corriente eléctrica, deduzco que a través de un generador propio, y les pido si me dejan cargar el ordenador portátil y el teléfono, sin batería desde anoche. Son muy amables. El restaurante está vacío, no sabía que iban a cerrar enseguida. Echan la reja y me dicen que no me preocupe, que esté todo el tiempo que quiera mientras ellos terminan de limpiar, hacer los baños, etcétera. Que tienen cosas que hacer y que no les molesto. En la maleta llevo tres naranjas. Me las ha regalado una de mis actrices, Rocío Trujillo. Al llegar a casa pruebo la primera. Está deliciosa. Hay cosas que pasan por primera vez en la vida y hay cosas que pasan una única vez. Unas y obras saben de la belleza de lo excepcional.

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