Las lejanías, 20

Bogotá, 18 de noviembre de 2013

Cecilia aparece en casa con un tubérculo desconocido. El yacón procede de la Cordillera de los Andes y se utiliza como tratamiento natural contra la diabetes. Parafraseando a Antoni Gaudí, ¿qué hay que no salga del gran libro de la naturaleza?

Bogotá, 19 de noviembre de 2013

La Academia Superior de Artes de Bogotá queda en la carrera trece, más allá de la décima. En cuanto llegas a la décima, el aire se corta con cuchillo. La décima es una coronaria necrosada en el corazón de Bogotá. Un cuerpo indefinido de delincuencia opera indiscriminadamente en medio del bullicio: hombres y mujeres que practican el chalequeo, una técnica de robo al aire libre cuyo primer paso es el filo de navaja en tu cuello. Acto seguido surgen de la nada tres, cuatro o más personas. Se apiñan contra ti y el navajero: rebuscan en bolsillos; abren chaquetas; rasgan camisas; arrancan collares, anillos y bolsos, y desaparecen en cuestión de segundos entre la multitud.

El chalequeo sucede a pleno día en la décima. Durante la noche, nunca lo sabremos ni ganas, pero dicen que esa calle, junto con el resto de la ciudad, se repliega sobre sí misma para morir y al día siguiente renace para volver a morir por la noche en un bucle sin fin.

Bogotá, 20 de noviembre de 2013

De nuevo a Migración, ochenta y nueve cuadras que cruzar en buseta. Las busetas se paran por la calle a brazo alzado, da igual en qué carril se encuentren: el conductor te ve, frena de golpe y entre cláxones enloquecidos sorteas el tráfico hasta la buseta. Si aún no me han atropellado en esta ciudad, dudo que lo consigan en cualquier otra. En Colombia el comercio ambulante no está regulado, al menos oficialmente, y se vende de todo o, como dicen aquí, se vende todo. Cuentos versificados en el interior de las busetas, canciones a la guitarra y ramilletes de aves del paraíso en los semáforos,  radios de coche y relojes de pulsera en los pulgueros de la calle 22, esmeraldas relucientes en el interior de pañuelos blancos de hilo.

Las actrices Gloria Helena Corredor Alfonso y Camela Vanegas Arias como Pequitas y Pocho durante la sesión fotográfica para cartelería y promoción de Muere, Numancia, muere - Fotografía de Gustavo Serrato Navas




Bogotá, 28 de noviembre de 2013

Da comienzo la cuenta atrás. Diez días y regreso a España. El próximo martes estrenamos Muere, Numancia, muere, el montaje que me ha traído hasta Bogotá. El domingo de esa misma semana, tras la quinta y última función de la obra, hacia el aeropuerto y once horas de vuelo.

Da comienzo la cuenta atrás y sé que voy a conservar imágenes atroces de esta ciudad para el resto de la vida: los mendigos durmiendo con las cabezas cubiertas por bolsas de plástico en la sillería donde trabajan los lustradores durante el día enfrente del edificio de El Tiempo; el joven de rostro deforme que cruzó una noche frente a mí a toda prisa; los perros y las ratas; el mendigo con tres manos que pide y gira sobre sí mismo en la calle séptima; aquella sombra en un parque que caminaba de rodillas.

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