Las lejanías, 21

Bogotá, 30 de diciembre de 2013

Un camarero gira el libro que he dejado en la barra y lo hojea, parece interesarle. Me sirve un botellín de Águila y me pregunta si el autor está vivo. Le digo que no, hace mucho que murió. Qué extraño cuando se mezcla la ternura con el desconocimiento, cuánto me atrae. El retrato de Dorian Gray.

Por la tarde, en el interior del teatro de la Fundación Alzate, Ariel arroja esta pregunta a dos desplazadas que han subido al escenario al ser invocadas por sus nombres y apellidos reales: "¿Usted perdonaría?" La primera desplazada responde que si el perdón llegara precedido por la verdad y la justicia, perdonaría. La segunda cuenta su desoladora experiencia como campesina ("En el campo yo no sabía que tenía derechos") y opina como su compañera, aunque añade: “Perdonar causa tanto dolor”.

El Teatro Varasanta vuelve a impactarme, en esta ocasión con una versión libérrima de La Tempestad de William Shakespeare, La Tempestad más emotiva que he visto jamás.

Isabel Gaona como Ariel en La Tempestad - Fotografía del Teatro Varasanta

Bogotá, 1 de diciembre de 2013

Últimas compras de producción para el estreno de pasado mañana. En San Victorino puedes encontrar de todo. Incluso nosotros tenemos precio para los mercaderes ambulantes.

A la salida de la última obra de La Maldita Vanidad, conversamos acerca de Bogotá y termina bautizada como La Ciudad Dura, una Ciudad Dura que a pesar de su angosta densidad contiene almas luminosas como peces de colores capaces de sonreír en un charco de alquitrán.

Bogotá, 2 de diciembre de 2013

Nueva tarde de teatro: Ulcus de Proyecto 2046. Cecilia García me deja sin habla con su imaginación y su buen hacer. Tengo que escribir una crítica sobre este espectáculo que aborda tan bien los miedos y las pasiones de la mujer en todas sus etapas.

Bogotá, 8 de diciembre de 2013

La anécdota del estreno: al abrir las puertas de la sala Pocho y Pequitas, personajes encarnados por Camila Vanegas y Gloria Helena Corredor Alfonso, una pareja que espera entre el vestíbulo del teatro se amedrenta y decide no entrar a ver la función. Se había ido gente de obras mías pero nunca nada más darles entrada a la sala.

El segundo día de función, estalla la bombilla de un seguidor, entre otras complicaciones típicas de los segundos días de función. Afortunadamente, los actores salvan los obstáculos con soltura. Nunca me han gustado los segundos días de función.

A la salida del tercer día, unos padres le preguntan a su hijo de diez años qué le ha parecido la obra: "Muy triste", responde el niño.

Del cuarto día:


Mi última fotografía de esta tierra es la sonrisa de Cecilia
en la cabina del teatro antes de comenzar la función



El quinto día, mis actores inventan nuevos rituales teatrales y acabamos besándonos todos antes y después de la función, la última. Me siento orgulloso de ellos, han dado mucho.

Barcelona, 9 de diciembre de 2013

El avión aterriza a mediodía en el aeropuerto de El Prat y es entonces cuando siento por primera vez que atrás queda una etapa de mi vida. ¿Moraleja de ésta mi primera estancia en Colombia? Sí, la hay: En Bogotá he envejecido -en el buen sentido de la palabra, si es que lo tiene-. No sé si he vuelto más sabio, pero sí más envejecido.


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