Teatro en Bogotá (II): Arley Ospina Navas, la autoría descarnada

Arley Ospina Navas - Fotografía de Cecilia García
Entrevista publicada en el número 195 de la revista española de artes escénicas Artez

Durante mi estancia en Bogotá tuve el honor de conocer a Arley Ospina Navas. Autor y director teatral, además de fundador de la compañía teatral Dogmateatro, combina la actividad creativa con la docencia en las universidades de El Bosque y la Distrital Francisco José de Caldas. Su obra teatral Dios no juega a los dados ha sido galardonada con el primer premio del Concurso Distrital de Dramaturgia 2010 y Relativity o La velada de los anatomistas con la Beca Nacional de Dramaturgia del Ministerio de Cultura 2013. Ambos textos pertenecen a la vanguardia de una escritura teatral equiparable en calidad y riesgo a la de los dramaturgos europeos contemporáneos más osados.

Carlos Be.- ¿Cómo está de salud la autoría teatral en Colombia?
Arley Ospina Navas.- Ha tenido un fuerte desarrollo y transformación en los últimos años, existe una serie de dramaturgos que han oxigenado la escena dramatúrgica colombiana y eso es alentador. El único problema que veo es que algunos de ellos se vuelven como el traje de moda y es ahí donde no “comulgo” con esto.

¿Qué tres consejos darías a alguien que quisiera dedicarse al mundo teatral en Colombia? Primero: que lo piense mucho antes de hacerlo. (Risas.) Segundo: si lo hace, no lo piense mucho. Tercero: hágalo como se le venga en gana evitando complacer a la academia. (Risas.)

¿Cómo llegas al mundo del teatro, Arley? Bueno, como casi todos hemos llegado al mundo del teatro: empecé a hacer teatro en el colegio en el que estudiaba, pequeñas obras que se realizaban para conmemoraciones de fechas especiales. Luego sentí la necesidad de “profundizar” en él y terminé conformando el grupo de teatro del instituto de cultura del municipio en que crecí; allí conocí a Jairo Guerra y Jorge Iván Lozada quienes fueron decisivos en mi intención de continuar practicándolo. En especial Jairo Guerra quien me llevó a su grupo de teatro Escena Libre junto con mi hermano y en donde aprendí muchas de las cosas que hoy hacen parte de mi universo teatral. En una época estuve distanciado de la vida escénica mientras estudiaba ingeniería electrónica, pero inevitablemente algo me hizo volver a ella y decidí estudiar artes escénicas en la Academia Superior de Artes de Bogotá abandonando la ingeniería. Luego realicé una maestría en escrituras creativas con énfasis en dramaturgia en la Universidad Nacional de Colombia y pues aquí estoy.

¿Por qué escribes? La escritura es para mí una necesidad mucho más fuerte que el mismo hecho teatral, quiero decir que en la escritura logro crear universos más complejos y contradictorios que los que podría realizar en una puesta en escena. La escritura teatral se convierte en un hecho literario más que en un hecho teatral, escribo con un afán ficcional de la palabra y de las situaciones en las que viven los/mis personajes. Por ahora no me interesa ni reflexiono en el devenir escénico de mis palabras, ya vendrá quien se preocupe por ello.

¿En torno a qué temáticas giran tus obras? No podría hablar de temáticas definidas, me instalo en unas situaciones y a partir de ellas se desarrollan las temáticas, quiero decir, pensar en escribir a partir de una temática anula en mí el ejercicio mismo de la escritura, no tiene sentido pensar en escribir sobre la soledad por ejemplo, si la situación en que se hallan los personajes los lleva a esto, eso ya es problema de ellos, no mío. Mis personajes son hombres que se enfrentan a las vicisitudes de la vida y ya está, de allí saldrán las temáticas. Claro está, a veces parto de preguntas concretas: ¿Qué sucede si un día cualquiera esperas la llegada de alguien y no sucede jamás? Esta es la pregunta que generó la escritura de mi última obra: Relativity o La velada de los anatomistas en la cual los personajes se ven envueltos en situaciones de pérdidas, de ausencias, de carencias. Los temas en mis obras devienen a partir de las situaciones, no al revés.

¿Qué persiguen tus personajes o qué les persigue? Les persigue la mirada siniestra y escrutadora de un escritor. (Risas.) Me refiero a que los personajes en mis obras están en mis manos, no me acomodo a sus caprichos, los enfrento a situaciones desestabilizadoras constantemente.

¿Qué obra te gustaría escribir de aquí a treinta años? (Risas.) Bueno, soy muy escéptico frente al futuro. El futuro es una mentira que nos han inculcado con obstinación. No, el futuro es este: la pérdida del presente, en este sentido me instalo en el presente con satisfacción, es lo único que cuenta. Prefiero hablar del presente inmediato y en este caso pienso en escribir una obra que surja a partir de la pregunta: ¿Qué obra te gustaría escribir de aquí a treinta años? (Risas.)

¿Cuál es la mayor sorpresa que has recibido por la acogida de una obra tuya? Si te soy sincero no me dejo sorprender tan fácilmente. (Risas.) Lo que me ha inquietado bastante es ver que las dos obras escritas han recibido los premios más importantes de dramaturgia en Colombia: el Premio Distrital de Dramaturgia de Bogotá y la Beca Nacional de Dramaturgia del Ministerio de Cultura. Y me ha inquietado porque son obras que rompen con los esquemas tradicionales de la dramaturgia en Colombia y eso es bárbaro, destruir paradigmas sobre las técnicas dramatúrgicas no es fácil en un país tan apegado a la tradición judeo-cristiana-apostólica-romana-católica-aristotélica-newton-hegeliana. (Risas.) La sorpresa para mí sería encontrar a alguien que se meta en la tarea de montar mis obras.

¿Con qué autor o director fallecido te gustaría compartir un encuentro y qué le preguntarías? Pienso en dos grandes en este momento: Samuel Beckett y Tadeus Kantor. Al primero le preguntaría por qué tuvo la osadía de escribir ese monstruo de obra como es Esperando a Godot, martirio de todos los directores; a Kantor más que preguntarle algo lo embriagaría hasta convertirlo en uno de sus maravillosos maniquíes.

¿Qué te permite la dirección que no te permite la autoría? Pensaría en revertir la pregunta: ¿Qué te permite la autoría que no te permite la dirección? Cuando escribes tus personajes están dispuestos en todo momento, no te hacen esperar… No quiere decir esto que no te saquen canas. (Risas.) Te enfrentas a la hoja en blanco sabiendo que ellos te ayudarán a mancharla. En la dirección sucede algo muy triste y abrumador, si no cuentas con un equipo de trabajo constante y propositivo puede que tus expectativas queden simplemente irrealizadas. Es muy difícil dirigir en Colombia, esa es la gran realidad, sino estás en medio de producciones comerciales de —por qué no decirlo— baja calidad y grandes beneficios económicos se hace casi imposible. Existen grupos de teatro que escapan a esto y eso me gratifica enormemente: el Teatro Varasanta, Polymnia Teatro, Teatro La Candelaria, etcétera.

Para terminar, ¿crees el teatro puede cambiar el mundo? Arde Roma, instantes antes dormía nuestro albacea...

¡Muchas gracias por tu escritura, Arley Ospina Navas!

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