Las lejanías, 25

Alfonso Torregrosa es Henry en Dorian
- Fotografía de Una moneda para rodar

Madrid, 18 de febrero de 2014

Estreno. Dorian ha nacido bendecido. Con un elenco de semejante calibre no podía ser de otra manera. A Alfonso Torregrosa le conocí en una lectura dramatizada en el Teatro Lara que dirigí: Locuras cotidianas de Petr Zelenka. El entendimiento sobre las tablas fue mutuo. Cuando descubrí que actuaba en Montenegro (Comedias bárbaras) no me lo pensé dos veces y fui a verle. A David González le conocí en Iván-Off de José Martret y me fascinó; deseé trabajar con él en cuanto surgiera la ocasión propicia. Con Javier Prieto coincidimos en Scena Simulacro, él como actor de la compañía Teatro al punto, yo como jurado y director de la gala de entrega de premios; quisimos verle en el cásting que convocamos, cásting en el cual conocimos al resto del elenco. Jorge Cabrera nos dejó sin aliento con esa misma prueba: el monólogo se deslizaba entre sus dedos como agua. Francisco Dávila nos encandiló con su energía y desparpajo en menos que canta un gallo. Y Carlos López... En cuanto salió por la puerta lo supimos: habíamos dado con Dorian. 

Durante la segunda función de Dorian de este mismo día de estreno, permanezco en el vestíbulo de La Pensión de las Pulgas al lado de Pablo Bravo, futuro nombre artístico de un director de escena que dará mucho que hablar pero que de momento se conforma con firmar la ayudantía de dirección como Pablo Martínez Bravo. Desde el vestíbulo contemplamos embelesados el desfile de personajes, once en total para seis actores, que se recortan en el quicio de la puerta al final del pasillo y avanzan a oscuras hacia los cuartos habitados por el público. ¿Y Wilde? ¿Por dónde andará? El vello de la nuca se me eriza, recuerdo su tumba en París, el carmín rojo en la piedra. José Luis Romo escribirá en su twitter esa misma noche: “Wilde estaría satisfecho”. Creo que Wilde nos ha besado en la frente y, desde la oscuridad de ese pasillo que conduce al camerino, nos observa en silencio, sonriendo. Los autores mueren pero pueden seguir sonriendo.

Madrid, 19 de febrero de 2014

Por fin con tiempo para leer y escribir, pero escribir de aquí a unos días, de aquí a unas semanas. Quiero pasarme un mes leyendo, leer son vacaciones para mí.

Por la noche vamos a ver El cojo de Innishmaan. Un gran reparto encabezado por Marisa Paredes, Terele Pávez y Ferran Vilajosana. El texto no es la mejor obra de Martin McDonagh, aunque posee sentencias poéticas muy lucidas. Tras la ruta de las mejores croquetas de Chueca, terminamos la noche en el Museo Chicote conversando de teatro, proyectos y pasadizos secretos que cruzan la manzana hasta el antiguo burdel que antaño era el Cock.

Madrid, 20 de febrero de 2014

Joan Vázquez me ha regalado el cedé de Goodbye Barcelona. Viajó a Madrid con ocasión del estreno de Dorian y la última función de Autostop, que coincidieron el mismo día. Mucha más gente se ha congregado estos días a nuestro alrededor. Qué bonito el calor y la amistad en estas fechas tan intensas. Forman parte de la ceremonia teatral tan colmada de nervios, emociones, abrazos e ilusiones.

Carlos Be con Txubio Fernández
Pamplona, 23 de febrero de 2014

A Pamplona por dos días. Coincidimos por casualidad con Txubio Fernández y Jasón Guerra, actúan en la Escuela Navarra con Kolectivo Mostrenko. Llegamos a la hora del desmontaje, qué lástima, pero el abrazo no nos lo quita nadie.

Madrid, 25 de febrero de 2014

Tercera función de Dorian y un obsequio inesperado del público: La hermana pequeña de Carmen Martín Gaite. La primera obra que vi en Madrid, en el Teatro Fernando Fernán Gómez. No me acuerdo de la fecha, Google me revela que fue en 1999. La dedicatoria del libro exhibe un deseo galán. No sé por qué pero me viene a la cabeza la imagen de Carmiña en moto, de paquete, con los ojos muy abiertos, iluminados por el frío y las luces nocturnas de Madrid.

*   *   *

Sigue leyendo: Las lejanías, 26Las lejanías, 24

¿Quieres compartirlo?

0 Comentarios