Elepé: 'Carlos Be es un maestro del descenso a disciplinas estrictas'

Tal como os contaba en las últimas lejaníaslos chicos de Tragycom acudieron a la representación de Elepé del pasado domingo.

Hoy nos deleitan con estas palabras. ¡Muchísimas gracias!

Elepé
por Tragycom

Iván Ugalde, Carmen Mayordomo y Fran Arráez encarnan a Ángel, Lucía y la Toñi en Elepé - Fotografía de Gabriel Cuenca


Resulta curioso cómo en estos últimos tiempos estamos siendo testigos del talento de esa generación de niños y adolescentes que por edad no estuvieron en primera línea de los culturalmente convulsos años ochenta, pero se empaparon de todo ese espíritu a través de hermanos, vecinos del barrio, la televisión, el cine... Ellos han sabido capturar la esencia de la época para regalarnos unos textos engalanados de frescura y originalidad sin resultar manidos, pero con todo el sabor de aquella década. Tres claros ejemplos ahora mismo en la cartelera madrileña son Juan Mairena con Cerda, Juanma F. Pina con Lavar, marcar y enterrar y Carlos Be con la obra que hoy nos ocupa en esta crónica, Elepé.

Siempre nos ha gustado la arqueología reciente, especialmente si trata de adolescencias reconocibles, de lo que ya es nuestro pasado. Somos adictos a la melancolía, a la tristeza, a ese fugaz paso de la vida a nuestro lado. Éste es el sabor que nos deja Elepé, éste es el aroma con el que Carlos Be perfuma todo lo que toca. Tras una carrera loca de experimentación y titubeos, tras ser pisoteados por los años ochenta, reconocemos esos personajes tan necesitados de amor, tan dependientes de espejismos intangibles, tan esencialmente solos. El toque “tutto Almodovar” de la Toñi (Fran Arráez borda un personaje repleto de matices que sabe cómo arrancar nuestras risas), la realidad de Lucía (Carmen Mayordomo nos atraviesa el alma con voz y presencia) y la inocencia truncada de Ángel (Iván Ugalde, con la autenticidad y ternura que necesita el personaje). Son sólo tres, pero suficientes para representar perfectamente el espíritu de aquellos años.

El texto, de aparente frivolidad, no pretende ocultar la potencia vital de las historias cruzadas. El deseo es el motor que agita tanto vacío; deseo de encontrar, deseo de ser, deseo de vivir… En un personalísimo recorrido musical por la España sentimental de nuestro pasado, las melodías aligeran tanta palabra inútil, tanto silencio disfrazado; la música miente, pero no engaña. Nos presenta cómo fuimos, cómo ya no seremos.

Carlos Be es un maestro del descenso a disciplinas estrictas; es, bajo guante de terciopelo, una mano de acero. Cuando se espera una caricia te devuelve dolor; su universo es de una belleza tan perfecta que resulta hipnótico, contradictorio, destructivo, como ya se pudo ver en Dorian. Nos gusta todo lo que hace: su lenguaje, su sinceridad, su batuta firme pero amable, el humor de inteligencia espontánea, esa estética excesiva pero veraz, sus tics reconocibles y apetitosos, ese niño tímido escondido bajo una piel de oso, esa sensualidad natural, hermosa y terrible... Carlos Be es un buen arqueólogo que bucea en nuestro pasado para, con un abrazo cálido y cómplice, rescatarnos de nuestros fantasmas.

Si ya en Dorian consiguió ponernos "morcillona" la inteligencia a base de deseo y oratoria, aquí directamente nos lubrica nuestras costuras sentimentales al percatarnos de que siempre llevaremos prendido en la memoria nuestro propio Elepé: un lugar en el que nos gusta perdernos en ocasiones "mientras jugamos con nuestras manos haciendo sombras chinas en la pared".



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Teléfono de reservas: 649 397 571 (de 11 a 14 y de 17 a 20 h - también atienden SMS y WhatsApps)
Entradas: 15 euros

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