Las lejanías, 32

Chomutov, 3 de septiembre de 2014

Viajar de noche siempre me ha llevado a la infancia, a aquellas largas horas de carretera de una punta a otra del país, con el cuerpo adormecido por el cansancio y la mirada apagada contra las ventanillas oscuras. Y también, de alguna manera, viajar de noche me ensimisma, me devuelve a mi infancia silenciosa, y esta noche, una vez más, vuelvo a ser de nuevo el pasajero más callado del vehículo.

Chomutov se encuentra a unos cien kilómetros al noroeste de la capital checa. Viajamos hasta allí en furgoneta, llevamos detrás la obra pictórica de Jan Písařík. Mañana inaugura su última exposición en la Galería Špejchar de su ciudad natal.

Reconozco que me despierta mucha curiosidad visitar la ciudad natal de las personas que conozco. Siempre que puedo, les pido que me muestren la casa o el hospital en el que nacieron. Sé que puede parecer extraño pero parte de este interés se debe a que es algo que yo nunca podré hacer. El lugar donde nací ya no existe y sólo recuerdo sé, por indicaciones de mi madre, que quedaba muy cerca de la cabeza de la Rambla de Vilanova i la Geltrú, a la derecha de la Iglesia de San Antonio Abad. La comadrona que asistió a mi madre decidió que yo era el último niño que traía a este mundo y se retiró tras ayudar a mi madre a darme a luz, pero eso es otra historia.

Llegamos a Chomutov a las dos de la mañana. Como no puede ser de otra manera en este país que es la República Checa, también conocido como Absurdistán, en cuanto acicateas un poco lo extraordinario todo se recubre de surrealismo y cerveza. Esa noche visitamos Pepe López, restaurante mexicano situado en el centro de la ciudad y de los últimos locales en cerrar un miércoles, descubrimos una jukebox única en el mundo y terminamos la jornada en el interior de un centro de fitness exclusivo para mujeres.

Chomutov, 4 de septiembre de 2014

La Galería Špejchar ofrece un marco incomparable para la exposición de Jan. Una imagen vale más que mil palabras. Aquí van mínimo tres mil palabras en imágenes:




Durante el discurso de la comisaria, cruza el umbral de la sala un anciano de barba blanca y ojos azules despiertos como el mar. Se detiene frente a mí y me tiende la mano. Se la estrecho. Es el señor Rampach, quien nos invita al día siguiente a visitar su galería privada.

Chomutov, 5 de septiembre de 2014

Chomutov posee tres rascacielos inspirados en la Cité Radieuse de Charles-Edouard Jeanneret, más conocido como Le Corbusier. Estas moles bautizadas como Experiment se construyeron para albergar en su interior una ciudad entera. Sus inquilinos nunca tendrían que abandonar el complejo de hormigón, en él encontrarían la respuesta a todas sus necesidades: supermercados, escuelas y demás. Algunos de los pisos son dúplex y hay incluso tríplex. Por desgracia, su construcción planteó muchas dificultades, no todas ellas resueltas, como la ubicación en la colina más alta de la ciudad que los dejó a la intemperie de los factores climatológicos adversos, en especial del viento.

En la actualidad, Karel Lipman, el propietario del complejo, pretende rehabilitar Experiment. Con él visitamos la azotea de uno de los tres rascacielos. La vista desde el punto más alto de la ciudad es impresionante. Karel Lipman, el propietario del complejo, nos muestra las instalaciones, azotea incluida, el punto más alto de la ciudad. Las vistas son impresionantes.

Por la tarde visitamos al señor Rampach en Hradečná, un pueblo que está siendo rehabitado lentamente tras su abandono por la expulsión de los alemanes de los sudetes. De hecho, el pueblo era conocido anteriormente como Sperbersdorf.

La galería del señor Rampach es espectacular. Se considera un pintor clásico aunque la forma de presentar su obra no puede ser más original: paisajes y bodegones al óleo dispuestos entre juguetes antiguos, cestas de huevos y morcillas colgando de las vigas. Pasamos la tarde en su jardín, al lado de un pequeño fuego donde cocinamos un copioso refrigerio a base de encurtidos, embutidos y vino balcánico.

Madrid, 17 de septiembre de 2014

Después de tantos días con los preparativos, por fin nos reunimos para emprender nuestro nuevo proyecto teatral: Locuras cotidianas de Petr Zelenka.

Del elenco sólo falta Pepa Rus, que sigue en Estados Unidos, ¡pero qué ganas teníamos de empezar los ensayos! Tampoco han podido estar con nosotros Pier Paolo Álvaro y la unidad de Barcelona, pero esperamos reunirnos muy pronto con ellos.

Por el momento iniciamos el trabajo con los seis actores que tenemos: repetimos en la compañía con Fran Arráez, David González, Carmen Mayordomo y Alfonso Torregrosa, y se incorporan, además de Pepa, una encomiable Esperanza Elipe y un José Ángel Trigo rebosante de energía.



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