Carlos López en la recta final del Mejor Actor Revelación por Dorian

Carlos López - Fotografía de Miguel García-Gallo
El lunes 9 de marzo se entregará el galardón al Mejor Actor Revelación 2014 de la Unión de Actores y Actrices en el Teatro La Latina.

Carlos López, protagonista de Dorian, está nominado por su interpretación en La Pensión de las Pulgas. También Jorge Cabrera, quien encarnaba el personaje de Basil en el mismo espectáculo, ha recibido una nominación aunque en su caso por una obra distinta, Paquito. Lágrimas, mocos y sangre.

Por mi parte, tan sólo decir lo orgulloso que me siento por haber podido trabajar y dirigir tanto talento.

Aquí os dejo con la entrevista que les han hecho para AISGE con motivo de las nominaciones:

Este oficio es muy espartano. Nos acostumbramos a vivir con muy poco
por Francisco Pastor

Pasada la resaca de los Goya, la montaña rusa de los galardones recala ahora en la Unión de Actores y Actrices. Los intérpretes nominados en la categoría revelación pendulan entre vivir o no de su oficio

Por motivos de calendario, pero también de osadía, la Unión de Actores y Actrices está acostumbrada a desdecir el veredicto de los Goya. Es algo que quizá tengan presente los aspirantes a recoger alguno de los premios del sindicato, que se entregan este próximo lunes 9 de marzo. Pero los candidatos a mejor intérprete revelación cuentan con otras preocupaciones adicionales: conseguir vivir de su trabajo y alcanzar esa visibilidad que haría que sonara el teléfono.

Pilar Gil, Carlos López, Jorge Cabrera y Héctor Melgares - Fotografía de Miguel García-Gallo

Quienes imaginen a jovencísimos artistas aciertan solo en uno de los casos, el de Carlos López, nacido hace 23 años en la valenciana Alcira. Ha obtenido la nominación por dar vida a Dorian. Junto a él en aquel reparto, y también en la candidatura, contrastan las 47 primaveras del barcelonés Jorge Cabrera. Este opta a la estatuilla gracias a Paquito. Lágrimas, mocos y sangre, producida por cuenta propia. Con ellos, y al mismo tiempo contra ellos, compite el madrileño Héctor Melgares. Cumplió los 31 el día después de saberse nominado por ese Calígula que llevó al Teatro Fernán Gómez, precisamente donde Pilar Gil protagonizó durante meses El zoo de cristal, de Tennessee Williams.

Esta última, con 37 años y más de tres lustros sobre las tablas, se disputa el galardón contra Clara Lago y Carmen Flores Sandoval. Experimentada también como cómica para la pequeña pantalla o a las órdenes de Borja Cobeaga en el largometraje Pagafantas, la vitoriana coincide con sus compañeros en que la mención concreta a la que aspiran poco tiene que ver con la trayectoria. Y es que a ella el sindicato ya la ha nominado en otras dos ocasiones como actriz de reparto: “Estamos en la categoría revelación, pero llevamos con nosotros grandes recorridos. Si algo tenemos en común es que nos lo hemos trabajado y nos lo seguimos trabajando. Mucho”.

No es lo único que les une. Los seis aspiran al trofeo de mano de textos dramáticos, cuando lo habitual es que al menos alguno destaque por una pieza audiovisual. Según Cabrera, “el teatro nos deja manejarnos mejor. Sube el telón y nos toca. El cine es diferente”. Esa ilusión por que sean las tablas las que les hayan concedido el reconocimiento crece, sobre todo, al llegar hasta el benjamín del grupo.

López encarnó al vanidoso personaje de Oscar Wilde a escasos pasos de su público, ya que así es la naturaleza de La Pensión de las Pulgas, la sala donde se representó el montaje. “Realmente impone”, cuenta el actor, “sobre todo las primeras veces. Estaba tan cerca de la gente que temía que vieran el truco, que asomara el cartón. Sin embargo, al ser un lugar pequeño, no hay que alzar la voz, y eso lo vuelve todo más natural”. Ríe al pensar en la sorpresa que le produjo la nominación: tal logro significaba que, al contrario de lo que él pensaba, sí había un relevante grupo de espectadores que le había visto en escena.

El llamado teatro off, independiente pero más precario, provoca sentimientos encontrados entre los intérpretes. Sobre todo a raíz de la reciente noticia de que, a modo de protesta, Carlos Olalla dejará las tablas hasta que bajen los impuestos indirectos y la situación mejore. Los finalistas admiran dicha decisión, aunque no saben muy bien si su paciencia, como la del veterano, podría llegar a apagarse tanto algún día. “Le entiendo perfectamente. Es un golpe de valentía y reivindicación. Que él diga que no se sube a un escenario da que pensar, pensar en lo que ya sabíamos”, anota Melgares.

“Agradezco la eclosión de creatividad que está habiendo, pero nos habituamos a unas condiciones de trabajo que no son las adecuadas. Y es eso o quedarnos en casa. Vivimos en esa dicotomía siempre”, recuerda Cabrera, que ve en el montaje de Gil un oasis en la dura vida del actor. ¿Por qué? Porque ella viajará durante meses poniendo cara a la silenciosa protagonista de El zoo de cristal, cuya puesta en marcha requirió el esfuerzo conjunto de al menos ocho productoras diferentes. Además, al tener en cuenta que está nominada por un texto que los artistas suelen conocer e interpretar en la escuela, la actriz no puede ocultar su alegría.

La inquietud de quienes todavía luchan por encontrar su sitio ayuda a que afloren cortometrajes y una gran variedad de proyectos. Melgares lleva meses de rodaje en rodaje, culminados en la breve La película mágica, que escribe y dirige junto al actor Antonio Esquinas. En su currículum reciente destaca la labor de ayudante de dirección para su madre, Amparo Climent, tan polifacética como reconocida. “Escribo guiones, aunque también estudié dirección y producción. Eso sí, toda creatividad parte de la vena actoral. Es una manera de estar vivo”, admite. Mientras, Cabrera y López degustan las mieles de los filmes low cost, el segundo con especial intensidad. Además de actuar, dirige Héroe, la película que rueda en los veranos con cargo a su bolsillo. “No es verdad que en mi generación podamos hacer películas sin un duro”, anota.

Al evocar aquellas ficciones en las que no falta el dinero, Melgares no tiene tan claro que los recientes hitos del cine español sean motivo de celebración: “Ha habido cuatro o cinco títulos punteros, es cierto, pero hay muchos otros que ni siquiera han llegado a las salas por falta de distribución. Salvo en casos muy concretos, hablar del triunfo de nuestra ficción no es más que una frase hecha”. Cabrera, que pasó por Gente en sitios (Juan Cavestany) como si se tratase de un juego y luego supo que aquello devendría en película, sí espera que esas grandes victorias acaben reinvirtiéndose parcialmente en el cine independiente.

De acuerdo con lo que suele contarle su madre, Melgares sostiene que las penurias acompañan al oficio desde siempre: “Antes los intérpretes eran muy pocos, mientras que hoy hay muchísima competitividad. ¡Cada año se licencian miles! Eso es nuevo. Pero los altibajos, el estar dos años sin comer, no”. Y Cabrera agrega: “Actores somos cuando trabajamos. Esto es muy espartano. Nos acostumbramos a vivir con muy poco. Entre los premios y el trabajo, prefiero el trabajo”.

Gil, aunque afortunada desde hace un tiempo, se reconoce en esa vida por rachas de la que hablan sus compañeros. “Con la que está cayendo, tenemos que unirnos y luchar. Hasta que no bajen los impuestos a la cultura, las compañías pequeñas están condenadas a la extinción”, reflexiona. Y sabe bien de lo que habla: la formación teatral que fundó a medias con otra socia desapareció tras el reiterado impago de diferentes ayuntamientos. Cabrera y Melgares aluden a la labor fundamental de la Unión de Actores, aunque este último entiende que la cohesión y las reivindicaciones a menudo se diluyen en cuanto los artistas salen por la puerta del sindicato. A juicio de López, que apenas está dando sus primeros pasos, “la unidad hace la fuerza, pero es uno mismo el que se mueve, el que llama, el que va a las pruebas. Es uno mismo el que decide y trabaja”. Y solo tres de cada 10 intérpretes llenan la nevera con su profesión.

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Aquí os dejo con el vídeo que grabamos en el backstage de una de las tantas funciones de Dorian, con una maravillosa edición de Gabriel Cuenca y la música de Algora:

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