Muchas gracias, Pepe Henríquez

Conocí a Pepe Henríquez en la isla de Menorca, en la entrega del Premio Borne de Teatro. Noviembre de 2006, qué poco tiempo ha pasado, apenas nueve años, y todo lo que Pepe llevaba ya luchado y vivido. Él se encontraba allí para recibir el homenaje del Cercle Artístic de Ciutadella a la revista Primer Acto, de la cual era redactor jefe. Su discurso se basó sobre cuatro ejes: vocación, trabajo, arte y complicidad. Aquel discurso podía ser su propia vida.

Mi viaje a Menorca resultó revelador. Pepe sería mi primer señor del teatro. De la isla me iría con dos señores del teatro, aunque yo aún no lo supiera. El tiempo o, mejor dicho, el tiempo y Madrid, se han encargado de enseñármelo, porque de los señores del teatro se aprende y mucho. Volvería a coincidir con Pepe en abril del año siguiente en Santiago de Compostela con motivo de la presentación del número 50 de la Revista Galega de Teatro. Siempre le recordaré subiendo las escaleras del Mercado de Abastos, aventándose con su inseparable sombrero, bajo un sol de justicia que esclarecía con su luz todo el paisaje.

Le leíamos en Primer Acto, en la Guía del Ocio, en el periódico Diagonal y La República Cultural, y seguro que en muchos otros medios que no recuerdo. Buscábamos ávidos sus palabras, tan llenas de sabiduría: encontrarle en la puerta de un teatro era siempre motivo de alegría. Te recomendaba este o aquel montaje, se interesaba por los nuevos proyectos, te animaba con una sonrisa silenciosa (sé que la fotografía que acompaña este escrito no es buena, pero su gesto, ese gesto espontáneo al poco de conocernos, creo que es lo que mejor le define como persona y como profesional). Su interés por la dramaturgia contemporánea era infinito y luchó, todos los que le conocimos sabemos cuánto luchaba, por promover el arte del teatro en los siglos XX y XXI.

En su día escribió el prólogo de La caja Pilcik. Cuando me lo envío, recuerdo sorprenderme, ¿tanto sabía de mi obra? Y hoy, en estos precisos instantes, los primeros ejemplares de Muere, Numancia, muere atraviesan el Atlántico en dirección a Madrid. Su nuevo prólogo, titulado Resistencia, nunca llegará a sus manos. Qué sensación de vacío, esa cita pendiente en la cual iba a entregarle el libro nunca llegará, y decirle, una vez más, que me llena de honra saber que sus palabras acompañarán siempre a las mías, siempre, porque, tal como él mismo declaró en una entrevista, "el teatro está vivo".

Muchas gracias, Pepe Henríquez. Sigues con todos nosotros porque tú eres teatro.

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