Peceras: 'Una obra que habría que declarar de obligado visionado de todo hombre y mujer adultos'

PECERAS O CÓMO UNA FIESTA PUEDE LLEGAR A CONGELARTE LA SONRISA Y PROVOCARTE LA NÁUSEA Y EL VÓMITO por José Miguel Vila - Diario Crítico (3 de noviembre de 2016)

Un bravo sin paliativos, primero a Carlos Be, y luego a los actores y a todo el equipo artístico y técnico de Peceras, una obra que habría que declarar de obligado visionado de todo hombre y mujer adultos


La línea que separa la vida y el teatro es tan difusa que, a veces, se pierde. Ahí es donde se funden de verdad, la una y el otro, la realidad y la ficción. En Peceras, con lúcido texto y atrevida dirección de Carlos Be, y con la primero divertida y sensual y luego estremecedora interpretación de Carmen Mayordomo en el papel de Livia, secundada por dos implacables Fran Arráez (Gus) e Iván Ugalde (Rober) que adoptan el papel de dos maltratadores, verdaderos hijos de puta, que ¡ríete tú de Alex (Malcolm McDowell) en La naranja mecánica de Stanley Kubrick, o de cualquiera de los sórdidos personajes de Tarantino!

Y todo eso, además, con el añadido de que sucede a tres palmos de tus narices, en un espacio mínimo, sobre una alfombra de unos tres por tres metros, totalmente rodeada de público en los cuatro lados. La representación -o la vida, no sé muy bien- en la Sala Lola Membrives, del Teatro Lara, durante los próximos lunes de noviembre y diciembre poco después de las diez de la noche, muestra a dos hombres que surgen del público, que incluso parecen dos espectadores más, creando un momento de confusión, de jolgorio, de fiesta, invitando a los espectadores próximos a un vasito de sangría. Pero esos mismos hombres, en breve, se van a convertir en dos implacables, fríos y despiadados maltratadores de una mujer a la que esperan, y con la que parecen haber llegado a algún acuerdo previo. Las risas y sonrisas iniciales se congelan en la cara de todo el público, cuyo rostro muestra en diversos grados toda la irritación, inquietud, desasosiego, náusea y hasta temor crecientes de que alguno de esos golpes fingidos sobre Livia en el escenario no acaben convirtiéndose en reales y verdaderos. Pero esos otros están a diario, en la vida, en cualquier informativo, en cualquier calle de nuestros pueblos y ciudades, y nosotros estamos también ahí, como voyeurs necesarios, próximos, fríos, impasibles, callados, quietos, e inertes. Espejos como Peceras son necesarios para que todos reaccionemos en grupo contra el maltrato y los maltratadores. De la mujer, de los ancianos, de los menores, o del sursum corda.

La fuerza de cuanto sucede en escena es tal que no me extrañaría nada que cualquier día surja -si es que aún no lo ha hecho en las múltiples representaciones que la compañía ha dado en los cuatro años que llevan en pie estas Peceras-, algún espectador para aplicar a los dos actores, allí maltratadores, la misma medicina que ellos aplican a sus frustraciones y a sus maldades intrínsecas. En la representación a la que asistí, desde luego, más de uno estuvo a punto de saltar sobre ellos, de consolar a la maltratada, o de salir corriendo a hacer una llamada al 091 para denunciar lo que se estaba cociendo allí, delante de todos, y sin que nadie reaccionase.

Aquello de ‘no apto para menores de 18 años’ es aquí más que una fórmula o una advertencia, y, además, con estricta aplicación de la ley. Esa misma ley que permite en nuestra sociedad que situaciones como las que se viven en ese maldito cuadrilátero-pecera, se dé en la vida con la misma frecuencia, intensidad y violencia. Y, lo peor de todo, sin que luego pase nada…

Un bravo sin paliativos, primero a Carlos Be, y luego a los actores y a todo el equipo artístico y técnico de Peceras, una obra que habría que declarar de obligado visionado de todo hombre y mujer adultos.

Lo primero es tomar conciencia para, inmediatamente después, no ser actor o cómplice, por acción o por omisión, de tamañas crueldades, hoy tan desgraciadamente frecuentes en nuestra sociedad.

Peceras en el Teatro Lara, los lunes a las 22.15 h
Con Fran Arráez / David González, Carmen Mayordomo e Iván Ugalde / Manuel Moya
Más información y reservas: aquí

¿Quieres compartirlo?

0 Comentarios